las cosas de Lola y su mamá
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Lecturas otoñales

Cada día cuando vol­ve­mos a casa des­pués de la tour­née de reco­gida de Lola y Leo atra­ve­sa­mos varias zonas que están en pleno esplen­dor oto­ñal. Ama­ri­llos, dora­dos, marro­nes y hasta algún rojo, los colo­res del otoño son espec­ta­cu­la­res. Pero este año den­tro de casa esta­mos toda­vía muy vagos. No hay guir­nal­das, ni mesa de esta­ción, ni nada de nada. Recogemos hojas y se nos olvida pren­sar­las, y al día siguiente las encon­tra­mos todas secas y retorcidas.

Pero pro­meto que de esta semana no pasa. Tengo alguna idea en la cabeza y seguro que Lola muchas más. Si con­se­gui­mos poner un poco de orden en nues­tra des­or­de­nada casa quizá con­si­ga­mos por fin col­gar algún motivo oto­ñal. Nos tene­mos que dar prisa que las Navi­da­des nos ace­chan ya peligrosamente.

Los libros sobre el otoño, eso sí, no nos fal­tan. Los de siem­pre: Otoño de Gerda Muller y El Libro del Otoño de Rotraut Susanne Berner.

En verano os hablé de las dos colec­cio­nes, no me voy a repe­tir. Merece la pena tener­los, son una autén­tica deli­cia. Leo los está des­cu­briendo emo­cio­nado y Lola que los conoce desde que tenía un año toda­vía los sigue disfrutando.

Y dos nue­vos que hemos incor­po­rado este año.

El favo­rito de Lola Hoo­ray for Fall de Kazuo Iwa­mura. La his­to­ria de tres peque­ñas ardi­llas que bien abri­ga­das con los jer­seys rojos que les ha tejido su mamá des­cu­bren como todo su alre­de­dor tam­bién se tiñe de rojo al lle­gar el otoño. Una his­to­ria muy sen­ci­lla que nos mues­tra todas esas seña­les que acom­pa­ñan esta esta­ción: los colo­res de las hojas, los pája­ros que emi­gran, los ani­ma­les que se pre­pa­ran para hibernar…

Las ilus­tra­cio­nes son mara­vi­llo­sas. Abrir las pági­nas de este cuento es como aden­trarse en un bos­que en otoño, cubierto de tona­li­da­des ama­ri­llas y dora­das. Y a mi me encanta esa mamá que teje y teje toda la noche para tener pre­pa­ra­dos los tres jer­seys. No está tra­du­cido al espa­ñol pero el texto es breve y sen­ci­llo. Del mismo autor tene­mos tam­bién “La Man­zana”, una deli­cia de cuento tierno tierno que con sus dibu­jos y su estruc­tura repe­ti­tiva encanta tanto a Lola como a Leo.

Tam­bién esta­mos dis­fru­tando de “Autumn Story” de Jill Barklem.

Lo com­pra­mos en inglés sin saber que la colec­ción de El Seto de las Zar­zas, con sus cua­tro esta­cio­nes, están tra­du­ci­dos al espa­ñol, y en este caso la tra­duc­ción sí se agra­dece mucho. La his­to­ria no es nada del otro mundo, una raton­cita y su papá salen al campo a reco­ger moras para el invierno. La raton­cita se pierde, pri­mero dis­fruta de sus aven­tu­ras explo­rando el bos­que, pero acaba pasando mucho miedo justo antes de ser encon­trada por una expe­di­ción que ha salido en su busca. Si la his­to­ria es un poco sim­plona, las ilus­tra­cio­nes son otra cosa, abso­lu­ta­mente mara­vi­llo­sas. Un mundo de cuento se oculta en el seto de las zar­zas: mágico, lleno de colo­res, acti­vi­dad y mil deta­lles que refle­jan el mara­vi­lloso mundo de la naturaleza.

Me encanta esta ilus­tra­ción pla­gada de bayas rojas,

y esta des­pensa ati­bo­rrada hasta los topes para hacer frente al duro invierno.

Los cua­tro cuen­tos fue­ron adap­ta­dos en una serie de ani­ma­ción. Esta es la pri­mera parte del otoño:


¿Y voso­tros tenéis algún cuento favo­rito para esta esta­ción?, ¿nos reco­men­dáis alguna otra lectura?

November 26, 2012   No Comments

La primera vez que nací

Últi­ma­mente allá donde voy estoy rodeada de emba­ra­za­das. Así que me he acor­dado de un librito muy espe­cial que es un regalo pre­cioso para una recién estre­nada mamá. Se trata de “La pri­mera vez que nací”, un texto de Vin­cent Cuve­llier,  ilus­trado por Char­les Duter­tre y edi­tado en España por SM. La his­to­ria nos lleva de la mano de Car­lota reco­rriendo su vida a tra­vés del relato de sus pri­me­ras veces, desde que nace, pasando por su niñez y ado­les­cen­cia, hasta que se con­vierte en mujer adulta y final­mente mamá.

Es per­fecto para leer con los niños, seguro que les hace reir, pero tam­bién para dis­fru­tarlo las mamás solas. Con fra­ses cor­tas y sen­ci­llas, es fácil verse refle­jada en muchos de esos pri­me­ros des­cu­bri­mien­tos. “La pri­mera vez que nací” está lleno de emo­ción y ter­nura, de pala­bras dul­ces y tam­bién diver­ti­das, te arranca son­ri­sas, risas y, si eres como yo, de lágrima fácil, hasta alguna lagrimilla.

El libro empieza así:

La pri­mera vez que abrí los ojos, los cerré rápi­da­mente. Lloré. Levanté mis manos al cielo y las posé entre dos mon­ta­ñas de leche. Dejé de llo­rar. Abrí los ojos por segunda vez en mi vida. Vi la luz más suave del mundo: eran los ojos de mamá.

Y siguen muchas pri­me­ras veces, donde los recuer­dos se van hilando uno tras otro y a veces se entre­cru­zan y jue­gan entre sí. Es difí­cil ele­gir, estas son solo una mues­tras. Las hay divertidas:

La pri­mera vez que hice pipí, fue encima de papá.

La pri­mera vez que subí a un auto­bús, piqué el billete tres veces. Para estar segura. Luego me subí en las rodi­llas de papá y le besé tres veces. Para estar segura.

La pri­mera vez que me dis­fracé, fue de prin­cesa. La segunda vez que me dis­fracé, fue de prin­cesa. La ter­cera vez que me dis­fracé, fue de prin­cesa. Por lo tanto, soy una princesa.

La pri­mera vez que me monté en bici­cleta sin rue­di­nes, lo hice con los ojos cerra­dos, sin manos y sin papá.

y muchas emocionantes:

La pri­mera vez que mi abuelo murió, mamá me abrazó para con­so­larme. Pero, en reali­dad fuí yo quien la abrazó para consolarla.

La pri­mera vez que su mano tocó la mía, sentí el viento soplar sobre mis pár­pa­dos cerrados.

La pri­mera vez que te moviste den­tro de mi vien­tre, cerré los ojos y escu­ché el sonid0  del mar.

La pri­mera vez que te vi, fuiste tú quien cerró los ojos y esta vez el mar era yo.

El final del libro es ese cie­rre per­fecto con el que defi­ni­ti­va­mente el autor da en la diana del cora­zón de una madre:

La pri­mera vez que naciste, fue la segunda vez que yo nací.
Un final tan mágico, tan cierto, tan maravilloso.

October 14, 2012   11 Comments

De pinturas y costuras

Lle­ga­ron las vaca­cio­nes y como cada año pre­pa­ra­mos un deta­lle espe­cial para las “pro­fes” de Lola. Este final de curso ade­más era muy espe­cial por­que des­pués de tres años Lola decía adiós a su casita de madres de día y en Sep­tiem­bre empe­zará el cole.

El año pasado yo cosí unas bol­sas rever­si­bles a par­tir de una tela pin­tada por Lola. Este año tam­bién recu­rri­mos a la tela pin­tada y a la cos­tura para hacer unos estu­ches con cre­ma­llera. Rega­lar algo hecho por noso­tras nos gusta, habla­mos de lo que vamos a hacer y pone­mos nues­tro cariño en todo el pro­ceso, una expe­rien­cia fan­tás­tica para las dos.

Para pin­tar la tela usa­mos una téc­nica de batik casero, fácil para niños, que uti­liza pega­mento en lugar de cera para apli­carlo en las zonas de la tela que no se quie­ren teñir. Una idea de que saca­mos de That Artist Woman. En el blog de Heat­her Smith Jones podéis ver tam­bién las crea­cio­nes de sus alum­nos con la misma técnica.

That Artist Woman” usa un pega­mento en gel azul lava­ble de la marca Elmer, muy popu­lar en Esta­dos Uni­dos. No se si en España se vende algo pare­cido, noso­tros usa­mos cola blanca esco­lar y fun­cionó, aun­que el pro­ceso de qui­tar el pega­mento fue laborioso. Como tela uti­li­za­mos un retor blanco.

Lo pri­mero fue repar­tir el pega­mento por encima. Lola dis­frutó mucho este paso, ver­tiendo direc­ta­mente del bote. Lo mejor es que en el resul­tado final se obser­van todos los deta­lles, desde las líneas finas que casi van gotita a gotita hasta los gran­des pego­tes. Los dibu­jos que hizo eran abs­trac­tos e irre­gu­la­res pero se podrían hacer moti­vos figu­ra­ti­vos o como en Swa­llow­field repe­tir patro­nes geo­mé­tri­cos, como un motivo de círcu­los, con un resul­tado precioso.

La tela la deja­mos secar muy bien y al día siguiente, la pin­ta­mos con acrí­lico diluído en agua. Lola empezó muy ani­mada, eli­giendo los colo­res, cam­biando de pin­cel para cada color… pero lo de cubrir la tela entera la acabó can­sando y al final tuve que ter­mi­nar de cubrir los hue­cos que había dejado. Hubiera pre­fe­rido que la pin­tura la hubiera hecho ella sola y yo la cos­tura, pero tenía claro que no que­ría ter­mi­nar y al fin y al cabo está­ba­mos tra­ba­jando en equipo. Tengo que admi­tir que en este punto no tenía nin­guna fe en que el batik fuera a fun­cio­nar por­que pare­cía que la pin­tura había pene­trado por debajo del pegamento.

Una vez pin­tada la tela, la deja­mos secar bien.

Des­pués lo lava­mos con agua caliente para que el pega­mento se ablan­dara y se pudiera des­pren­der de la tela. En nues­tro caso, hubo que ir ras­pando con la uña por todo el pega­mento para que saliera. Fue labo­rioso y un poco pesado, pero se des­pegó entero. Los colo­res del acrí­lico per­die­ron un poco de fuerza con el lavado pero resis­tie­ron muy bien, ¡yo ya no vuelvo a com­prar pin­tura de tela!

Y con la tela lista y el tiempo justo, mamá se puso manos a la obra. Para ser la pri­mera vez que cosía una cre­ma­llera y hacía un estu­che, quedé muy satis­fe­cha del resul­tado y Lola, que me dejó coser sin decir ni una pala­bra, me dijo que eran pre­cio­sos, ¡qué más se puede pedir!

Para hacer el estu­che encon­tré un mon­tón de tuto­ria­les por inter­net y me quedé con estos dos: un vídeo de Nai­ram­kitty Crafts, y un tuto­rial de Design Sponge. Fue fácil fácil, y una vez per­dido el miedo me veo haciendo estu­ches de todos los tama­ños. Los pró­xi­mos con forro de tela plas­ti­fi­cada para que sean impermeables.

El regalo lo acom­pa­ña­mos de un libro para cada una de sus madres de días. Dos elec­cio­nes de la misma autora que para mi son muy espe­cia­les. The Crea­tive Family y The Rhythm of Family: Dis­co­ve­ring a Sense of Won­der Through the Sea­sons. Libros que res­pi­ran amor por la infan­cia, la fami­lia, la natu­ra­leza, las cosas boni­tas y des­pier­tan las ganas de sen­tir, com­par­tir y crear. Su autora es Amanda Soule, autora de Sou­le­Mama, uno de los pri­me­ros blogs que me engan­cha­ron hace ya muchos años.

No me pude resis­tir a ador­nar los rega­los con unos moti­vos rea­li­za­dos con alam­bre y lana, que colo­ca­mos en el campo unos minu­tos antes de entregarlos.

Ale y Mari­bel, GRACIAS de cora­zón, os queremos.

July 9, 2012   10 Comments

Nueve lecturas para recibir el verano

El verano ya está aquí. Estas son nues­tras lec­tu­ras para sen­tir la brisa del mar en la piel. Nueve pro­pues­tas que nos hablan de vaca­cio­nes, sol, cha­pu­zo­nes en la pis­cina, cas­ti­llos de arena y helados.

Pri­mero las cua­tro que están en nues­tra biblio­teca. Las que tene­mos y hemos dis­fru­tado, las que nos sabe­mos ya de memoria:

La Ola: una belleza de Suzy Lee, sin pala­bras… no le hacen falta, las ilus­tra­cio­nes tie­nen vida. Ya hablé de ella en su día y segui­mos igual de enamo­ra­dos de esa niña y su juego con las olas.

El libro del Verano: Creo que nunca he hablado de esta colec­ción de Rotraut Susanne Ber­ner antes y es raro por­que están entre los libros favo­ri­tos de Lola. Tene­mos la colec­ción com­pleta, un libro dedi­cado a cada esta­ción, y la lle­va­mos dis­fru­tando ya más de dos años. Libros ilus­tra­dos, sin pala­bras, con esce­na­rios — la casa, el campo, la ciu­dad…- que se repi­ten exac­ta­mente de esta­ción en esta­ción pero que van cam­biando mes a mes. La infi­ni­dad de deta­lles, y las his­to­rias de per­so­na­jes y ani­ma­les que se entre­la­zan dan para mil y una lec­tu­ras. Cada libro por sí solo es una mara­vi­lla, pero seguirle el juego a las his­to­rias a tra­vés de las esta­cio­nes es genial. En verano, el par­que se llena de gente, los árbo­les están lle­nos de ricas fru­tas, el carrito de hela­dos se pasea por todos lados y hasta cae un cha­pa­rrón, aun­que ense­guida sale el sol.

Verano de Gerda Müller: Tam­bién forma parte de una colec­ción dedi­cada a las cua­tro esta­cio­nes, con un aire sen­ci­llo, fami­liar y tierno. Cada libro nos conecta rápi­da­mente con la natu­ra­leza en cada época del año.  De este libro en con­creto escribí hace mucho, cuando Lola casi no hablaba y estaba pren­dada de las imá­ge­nes pla­ye­ras del cuento del Verano. Hoy le siguen gus­tando y siem­pre los tene­mos a mano.

1000 Pega­ti­nas para las vaca­cio­nes: No tiene el encanto de los ante­rio­res, pero lo incluyo por­que Lola lo dis­frutó muchí­simo el año pasado. A noso­tros nos salvó en momen­tos difí­ci­les cuando mi madre se puso mala y Lola tuvo que cam­biar tar­des de pis­cina por espe­ras en casa o en el hos­pi­tal. Por su tamaño pequeño y sus 1000 pega­ti­nas que nunca se aca­ban, es per­fecto para lle­varlo de viaje, en res­tau­ran­tes… Para Lola lo de menos es pegar las pega­ti­nas en los esce­na­rios que se pro­po­nen, que tam­bién, lo que de ver­dad le gusta es inven­tar his­to­rias con las pega­ti­nas, mien­tras monta su tea­tro con ellas en lo pri­mero que pilla, como el sofá.

Y luego las cinco que nos gus­ta­ría tener:

The Flower’s Fes­ti­val de Elsa Bes­kow: La his­to­ria de una niña que es invi­tada por las hadas de las flo­res al fes­ti­val de verano. Como en todos los cuen­tos de Elsa Bes­kow la natu­ra­leza es un mundo fan­tás­tico lleno de seres mági­cos que encan­di­lan a los niños. Estoy segura que a Lola le va a gus­tar y yo, que tengo debi­li­dad por las hadas y las flo­res, este me lo pido.

Praia Mar y Un día en la playa: dos pro­pues­tas de Ber­nardo Car­valho en torno a la playa, ambas de la mara­vi­llosa edi­to­rial Pla­neta Tan­ge­rina. Libros de imá­ge­nes, sin pala­bras pero con ilus­tra­cio­nes muy grá­fi­cas, sen­ci­llas y donde impera el uso del color. Dos, tres colo­res son sufi­cien­tes para situar­nos en la ori­lla mirando el mar. Del pri­mero dicen que es un libro para atra­ve­sar con pies des­cal­zos y con­tem­plar sin pri­sas. En el segundo un día de playa acaba de una forma total­mente inesperada.

La playa de Ger­mano Zullo. Otro álbum de gran for­mato sin pala­bras con una playa ates­tada de gente para mirar, remi­rar y no parar de comentar.

Manu en la playa: un for­mato de cómic para los más peque­ños. Tengo curio­si­dad por echarle un vis­tazo, me gusta su esté­tica y parece muy diver­tido: hacerse amigo de un mamut en la playa no pasa todos los días.

¿Tenéis algún título más para ampliar la lista?

June 24, 2012   6 Comments

Peluche

Pelu­che”, o “Dog­ger”, título ori­gi­nal en inglés, es todo un clá­sico de la lite­ra­tura infan­til bri­tá­nica. Escrito e ilus­trado por Shir­ley Hughes en 1977, fue edi­tado hace dos años en España por la edi­to­rial Flam­bo­yant.

Noso­tros lo des­cu­bri­mos en la sec­ción de nove­da­des de nues­tra biblio­teca y ahora lo tene­mos en casa. Es de esos cuen­tos que ya desde la pri­mera lec­tura sabes que han con­quis­tado a Lola. Aten­día con­cen­trada y ensi­mis­mada, con sus ojos cla­va­dos en los dibu­jos. Y claro, como todas las bue­nas lec­tu­ras, cada vez la dis­fruta más.

Texto e ilus­tra­cio­nes se com­ple­men­tan a la per­fec­ción en este libro ilustrado. Peluche nos cuenta la his­to­ria de un objeto per­dido y encon­trado. David y su pelu­che son inse­pa­ra­bles. Jue­gan durante el día y sue­ñan jun­tos por la noche. Pero un día Pelu­che des­a­pa­rece y David lo echa de menos, está triste y no puede dor­mir. David encon­trará a Pelu­che pero no le será fácil recu­pe­rarlo. Menos mal que su her­mana mayor está allí para ayudarle.

Una his­to­ria anclada en el día a día de los niños, con la que se iden­ti­fi­can rápi­da­mente. Noso­tros toda­vía nos acor­da­mos de un pequeño Pino­cho que se quedó a vivir en Ber­lín… A lo largo de “Pelu­che” cono­ce­re­mos a los her­ma­nos de David, bus­ca­re­mos a este perrito por todas par­tes, pasa­re­mos un día en la feria y vere­mos cómo los her­ma­nos se quie­ren y se ayudan.

Las ilus­tra­cio­nes, en tinta, colo­rea­das en goua­che y pas­te­les al óleo, enri­que­cen la his­to­ria con su viveza, ter­nura y mil deta­lles, con­si­guiendo que los niños se sien­tan den­tro de la his­to­ria. Los tra­zos corren suel­tos por el papel y cap­tan a la per­fec­ción las expre­sio­nes de los niños, su movi­miento y sus emociones.

Esta autora es prác­ti­ca­mente des­co­no­cida en España, pero en Ingla­te­rra es una figura cono­ci­dí­sima en el mundo de la lite­ra­tura infan­til. Con este libro ganó la meda­lla Kate Gree­na­way, que más tarde vol­vió a ganar por “Ella’s Big Chance” en 2003 . Y en el 2007, con motivo del 70 aniver­sa­rio de los pre­mios Kate Gree­na­way y Car­ne­gio, “Dog­ger fue votado como el favo­rito de todos los tiem­pos. En 1999 la reina Isa­bel II le con­ce­dió el título hono­ra­rio de la Orden del Impe­rio Británico.

Ha escrito e ilus­trado setenta libros e ilus­trado muchos más. Sus his­to­rias, como en “Pelu­che”, están ancla­das en la vida dia­ria y domés­tica, girando alre­de­dor de esas peque­ñas o gran­des cosas que mar­can la vida de los peque­ños, como un cum­plea­ños, unas botas nue­vas, jugar con los her­ma­nos, ir al par­que… Es muy cono­cida su serie de “Alfie”, un niño que sos­pe­cho debe ser la ver­sión bri­tá­nica de nues­tro popu­lar Teo.

Si os interesa, en este vídeo podéis escu­charla hablar sobre Alfie, su ins­pi­ra­ción y su forma de ilus­trar y narrar.

April 21, 2012   6 Comments

Semana Santa

Esta Semana Santa nos hemos esca­pado a Astu­rias para ver a los abue­los. Aun­que sólo han sido cua­tro días y el tiempo no ha acom­pa­ñado dema­siado, nos ha sen­tado feno­me­nal. Hemos res­pi­rado un poquito de aire puro, nos hemos acer­cado a la playa aun­que fuera llo­viendo, Lola ha jugado con sus abue­los y ha corre­teado y com­par­tido alguna tra­ve­sura con su primo, Leo nos ha hecho reír a todos con sus pedorre­tas y su deleite comiendo cual­quier cosa… ¡si hasta ha dado tiempo a bus­car hue­vos de cho­co­late en el jar­dín de la abuela!.


Y aun­que un poco tarde, estos son los hue­vos que pin­ta­mos en casa justo antes de irnos. No nos dio tiempo ni a col­gar­los, lo hemos hecho a la vuelta para que nos acom­pa­ñen estos días de primavera.

Gra­cias a Steph­modo, hemos des­cu­bierto un cuento lin­dí­simo para estos días fes­ti­vos, “The Coun­try Bunny and the Little Gold Shoes”. La his­to­ria de una linda cone­jita de campo que quiere con­ver­tirse en conejo de Pas­cua. Cuando se con­vierte en mamá de vein­tiún cone­ji­tos parece que su sueño nunca se va a cum­plir pero esta cone­jita no se rinde. Un libro escrito en 1939 por Du Bose Hay­ward con tier­nas ilus­tra­cio­nes de Mar­jo­rie Flack. Lola se queda hip­no­ti­zada cada vez que lo lee­mos. Una reco­men­da­ción un poco tar­día pero que si os gusta podéis ano­tar para el año que viene. Lo com­pra­mos en Ama­zon España.

April 12, 2012   7 Comments

Gyo Fujikawa y un día muy divertido

Uno de los libros favo­ri­tos de Lola es el libro de los bebés, como ella lo llama. Su título real es “Oh, What a Busy Day”, escrito e ilus­trado por Gyo Fuji­kawa (1908–1998) en el año 1976. Lo des­cu­brí nave­gando por Ama­zon hace un año y me quedé pren­dada de sus ilus­tra­cio­nes. Así que, en cuanto pude, lo com­pré… y para mi sor­presa, hace unas sema­nas des­cu­brí que está a la venta en España (y ahora ya tam­bién en Ama­zon España) tra­du­cido al espa­ñol como “¡Oh, qué día más diver­tido!”.

Oh, What a Busy Day” comienza con unos niños recién levan­ta­dos gri­tando “bue­nos días” desde sus ven­ta­nas y ter­mina con la misma ima­gen al final del día, peque­ñas cabe­ci­tas aso­mán­dose y dán­dose las bue­nas noches antes de irse a dor­mir. Entre medias, comen, jue­gan, se dis­fra­zan, nos cuen­tan lo que hacen en verano y en invierno, nos hablan de ayu­dar a los demás, de sus escon­di­tes favo­ri­tos y de muchas otras cosas.

No hay un hilo argu­men­tal muy firme, sino que es más bien una com­bi­na­ción de momen­tos, rimas y peque­ñas his­to­rias. La dul­zura y la belleza de sus dibu­jos hacen de este día algo muy especial.

Su autora, Gyo Fuji­kawa, fue una ame­ri­cana hija de padres japo­ne­ses que supo retra­tar la infan­cia como pocos. Licen­ciada en el Choui­nard Art Ins­ti­tute de Los Ange­les, tra­bajó como dise­ña­dora y publi­cista, entre otros para la mis­mí­sima Walt Dis­ney Com­pany en la pro­mo­ción de Fan­ta­sía. En 1957, reci­bió el encargo de ilus­trar “A Child’s Gar­den of Ver­ses” de Robert Louis Ste­ven­son. Este fue el pri­mero de más de 50 libros con sus ilus­tra­cio­nes, 45 de los cua­les tam­bién escribió. Entre los más famo­sos, está este “Oh, What a Busy Day” y tam­bién sus bebés en “Babies” y “Baby Ani­mals”. Y para nues­tra suerte, mucha de su obra ha sido reedi­tada hace poco, con una encua­der­na­ción cui­dada y a un pre­cio excelente.

Oh, What a Busy Day” está lleno de bebés y niños dul­ces, tier­nos, feli­ces y lle­nos de vida. Son imá­ge­nes del día a día de los peque­ños, entre­te­ni­dos en sus acti­vi­da­des habi­tua­les y enfras­ca­dos en su juego. Ape­nas apa­re­cen adul­tos, otro de los dis­tin­ti­vos de Gyo.

Ade­más, Gyo fue pio­nera en incluir niños y bebés de dife­ren­tes razas jugando jun­tos en sus cuen­tos. Algo que ahora nos parece nor­mal pero que en los años 70 no era nada corriente.

Mi único pero es el cuento Babes in the Woods, una his­to­ria tris­tí­sima de unos niños que mue­ren per­di­dos en el bos­que, pero que apa­ren­te­mente es un cuento popu­lar bas­tante cono­cido. Noso­tros lo sal­ta­mos… o deja­mos que Lola le ponga final feliz.

Un libro para delei­tarse con cada ilus­tra­ción y pequeño deta­lle, y dis­fru­tar de ese aire nos­tál­gico y anti­guo que tiene.

Como que­ría­mos tener más Gyo Fuji­kawa en casa y tam­bién ganas de pro­bar Ama­zon España, ayer nos llegó un paquete con algu­nos capri­chos, entre ellos “Fables and Fairy Tales”.  Una reco­pi­la­ción de cuen­tos clá­si­cos, uno de los pocos libros que Gyo Fuji­kawa solo ilus­tró. No lo he podido leer con calma toda­vía, así que no se cómo serán las adap­ta­cio­nes pero los dibu­jos son una autén­tica maravilla.

Al ilus­trar para niños, lo que intento es satis­fa­cer la pre­gunta cons­tante que tengo en mi cabeza : ¿será esta ima­gen capaz de cap­tu­rar la ima­gi­na­ción del niño?.

Y en nues­tra lista de los más desea­dos “Come Follow Me to the Secret World of Elves and Fai­ries and Gno­mes and Tro­lls”, ¡sólo el título ya me encanta!.

October 20, 2011   3 Comments

“Un gato en el árbol”">Un gato en el árbol”

La calle Mayor de mi pue­blo no es la más grande pero tiene un árbol”. Así empieza el cuento “Un gato en el Arbol”, uno de los favo­ri­tos de Lola de este verano.

Su autor es Pablo Albo, crea­dor de títu­los cono­ci­dos como “La Sopa Quema” o “El Tra­gal­da­bas”, está ilus­trado por Géral­dine Ali­beu y edi­tado por OQO.

Es una his­to­ria sen­ci­lla y diver­tida que empieza cuando el gato de la señora Paquita se sube a un árbol huyendo de un perro y luego tiene miedo de bajar. Para con­se­guir res­ca­tar al gato, varios per­so­na­jes se irán subiendo al árbol… pero nin­guno será capaz de bajar.

La  misma estruc­tura se repite una y otra vez con la apa­ri­ción de cada per­so­naje. Cada uno dice algo cuando se sube al árbol y así se van enca­de­nando los mau­lli­dos del gato, los llo­ros de la niña, los gri­tos de soco­rro del padre, la lla­mada a los bom­be­ros de la madre y por fin la sirena de los bom­be­ros. Os podéis ima­gi­nar como coreá­ba­mos en casa todos estos llan­tos y lla­ma­das de socorro.

Un cuento muy oral, con sen­tido del humor, perfecto para hacer un poco de tea­tro. Y no se a vues­tros peques, pero a Lola le encanta el mundo de los bom­be­ros, así que otra baza más para disfrutarlo.

Y mirar qué bonita parece la adap­ta­ción como corto de ani­ma­ción de OQO Fil­mes, bajo la direc­ción de David Gau­tier. Fue selec­cio­nado para el Fes­ti­val de  Ani­ma­ción de Annecy 2010 y forma parte de la serie de tele­vi­sión “Los cuen­tos del camino”.

Y esto es lo que os que­ría con­tar hasta que visité la página de Pablo Albo y me quedé pren­dada de sus pala­bras sobre el arte de la narra­ción oral. Y es que a Pablo no solo le gusta escri­bir cuen­tos, tam­bién le encanta con­tar­los. Este cuen­tista doma­dor de pala­bras, como él se define, tiene una larga tra­yec­to­ria en el mundo de la narra­ción oral escé­nica den­tro y fuera de nues­tras fron­te­ras. Cuenta para niños y tam­bién para mayo­res y ade­más imparte talle­res para intro­du­cirse en este arte. Uno de ellos se llama “Aprende a con­tarme un cuento. Curso para padres y madres” y des­pués de leer su pro­grama yo estoy deseando apuntarme:

Podría pen­sarse que los niños que escu­chan cuen­tos de la voz de un narra­dor ya tie­nen sufi­ciente, pero no es así. Los cuen­tos que de ver­dad impor­tan, los que recor­da­rán toda la vida, ésos sólo podéis con­tár­se­los los padres y las madres.

me gusta cómo nos explica por qué no hay que temer hacerlo mal

…exis­tió el peor narra­dor del mundo y tam­bién el peor cuento. Y que una noche coin­ci­die­ron y de la boca del uno salió el otro. Sólo una per­sona alcanzó a oírlo, poco antes de caer en un pro­fundo sueño. Aun­que no lo crean, pasó una noche tran­quila y soñó muchas cosas. Al día siguiente, se levantó con una gran son­risa en la boca, que se hizo aún más grande cuando en el cole­gio dijo a un com­pa­ñero: “Ano­che, mi padre me contó un cuento”.

y me parece una deli­cia cómo habla de la narración:

 La narra­ción es inti­mi­dad. Elige un sitio donde pue­dan tener lugar las con­fi­den­cias. Un sitio reco­gido para bajar­nos de este mundo tú y yo, sin dar­nos cuenta, mon­tar en otro y vol­ver luego.Narrar es via­jar con alguien a quien aprecias.

.…

…la narra­ción es inti­mi­dad, es via­jar, es cons­truir un mundo, es ser uno mismo, es sin­ce­ri­dad, es sor­pren­der, es obser­var, es hablar y tam­bién callar, es natu­ra­li­dad,  pode­mos decirlo: La narra­ción es sobre­todo una acti­vi­dad pla­cen­tera. Por favor, cuando con­te­mos cuen­tos que sea por pla­cer. Olvi­de­mos otras secre­tas inten­cio­nes. Es cierto que los cuen­tos, ade­más de encan­di­lar, ani­man a leer y ense­ñan y edu­can y tan­tas otras cosas, pero eso ya lo hacen ellos solos, noso­tros sólo tene­mos que estar pen­dien­tes de DISFRUTARLOSPor encima de todo la narra­ción es disfrutarnos.

Y como parte de este taller, nos pre­senta una selec­ción de Cuen­tos Infan­ti­les (no en vano cola­boró durante varios años reco­men­dando lec­tu­ras para niños en la radio) y nos acon­seja cómo ele­gir bien un libro infan­til.

Ah, y antes de leer “Un gato en el árbol”, no olvi­déis seguir sus “Quince acti­vi­da­des para antes de leer este libro”. Me ha encan­tado el humor y el amor con el que este cuen­tista trata a las palabras.

September 23, 2011   2 Comments

Pulsa un punto

Aun­que a estas altu­ras creo que todo el mundo ha oído hablar de él, me parece casi obli­ga­to­rio hablar de uno de los libros que más ha dis­fru­tado Lola últi­ma­mente. Se trata de “Un libro”, o como Lola lo ha rebau­ti­zado “Pulsa un punto”, una de las últi­mas publi­ca­cio­nes de Hervé Tullet, edi­tada por Kókinos. Habíamos jugado ya con alguno de los libros de este artista fran­cés, crea­dor de libros nada con­ven­cio­na­les, pero este es, sin lugar a dudas, con el que más no hemos diver­tido. Se lo regalé a Lola uno de los días que Leo estaba ingre­sado y casi no nos veía­mos, y fue amor a pri­mera vista, ¡lo lei­mos cua­tro veces segui­das de una sentada!.

De una sen­ci­llez grá­fica tre­menda, el libro sólo con­tiene dibu­jos con círcu­los de dife­ren­tes colo­res y tama­ños, con una esté­tica abs­tracta muy visual y atrac­tiva para los niños. Pero su ver­da­dera magia reside en el juego que esconde y al que se nos invita a par­ti­ci­par a lo largo de toda su lec­tura. Siguiendo las ins­truc­cio­nes que nos dan y uti­li­zando nues­tra ima­gi­na­ción, nos con­ver­ti­re­mos en cóm­pli­ces de lo que ocu­rre en cada página. Así, como por arte de magia, podre­mos des­do­blar un círculo en dos con solo tocarlo, soplar para que los círcu­los via­jen subiendo por la página o agi­tar el libro para lograr que todos se desordenen.

No sabría decir qué le gusta más a Lola, si con­tar las cinco veces que toca un círculo –que nunca son cinco…-, soplar y soplar, agi­tar bien el libro o incli­narlo… todo es un juego diver­ti­dí­simo para ella. Parece men­tira cómo con tan pocos recur­sos Hervé Tullet es capaz de crear un mundo de ilu­sión sen­ci­lla­mente genial que estoy segura engan­chará a cual­quier niño.

June 16, 2011   6 Comments

Luna lunera

Divi­sar la luna al caer la tarde, cam­biante cada día o mirarla bri­llar con fuerza en una noche clara tiene algo mágico que nos encan­dila a todos. Desde muy peque­ñi­tos, a los niños les encanta seña­lar su ima­gen en el cielo, y no hay casi nana por la que no se asome su figura blanca. Así que hoy, traigo nues­tra reco­pi­la­ción favo­rita de can­cio­nes y cuen­tos con la luna como protagonista.

Empe­zando por los libros, dos muy cono­ci­dos y que hemos leído una y otra vez. El pri­mero, “Papá, por favor, con­sí­gueme la luna”, fue uno de los últi­mos cuen­tos que hemos sacado de la biblio­teca. Un libro de Eric Carle, publi­cado por Kóki­nos, con esas ilus­tra­cio­nes tan carac­te­rís­ti­cas de este autor a base de recor­tes de papel pin­ta­dos, lle­nos de color. Una his­to­ria sen­ci­lla que nos habla de una niña que quiere alcan­zar la luna y un papá que hace reali­dad su sueño. A Lola le encan­ta­ban sus des­ple­ga­bles, inge­nio­sos y ori­gi­na­les, que se abren en dis­tin­tas direc­cio­nes para mos­trar­nos a ese papá que busca una esca­lera larga larga para subir a la cima de la mon­taña más alta y lle­gar a la luna, y por supuesto la luna llena gigante que se abre como una flor. Y casi sin dar­nos cuenta, el cuento nos habla de las fases de la luna, mos­trán­do­nos una luna grande que se va haciendo pequeña hasta des­a­pa­re­cer y vol­ver a apa­re­cer de nuevo grande y redonda en el cielo.

Y si Eric Carle nos con­si­gue la luna para jugar, Michael Grej­niec nos cuenta la his­to­ria de un mon­tón de ani­ma­les intri­ga­dos por saber “A qué sabe la luna”. Por sus pági­nas van des­fi­lando uno a uno varios ani­ma­les, que deci­den ayu­darse unos a otros para con­se­guir darle un bocado a la luna redonda y ave­ri­guar a qué sabe. Estoy segura que la de Lola sabe a turrón, miel  y chocolate.

Y aun­que ya no tiene tanto éxito como antes, “Bue­nas noches luna” nos sigue acom­pa­ña­nado algún día a la hora de dormir.

Para ambien­tar estas lec­tu­ras hay muchas can­cio­nes con la luna como pro­ta­go­nista. Las hemos ido apren­diendo de entre nues­tros dis­cos favo­ri­tos. Nos encanta la luna lanar de Mariana Bag­gio, “con la lana tejí la luna, y fue una luna lanar. La lana tenía un nudo y fue en la luna un lunar”, el río enamo­rado de la luna llena de Mag­da­lena Flei­tas, “y se enamoró de la luna llena, que baña de plata en la noche mansa su piel morena”, y la luna de aires chi­nes­cos que se baña en un char­quito de jabón de María Elena Walsh. Aquí tenéis esta última luna con cami­són, en ver­sión de Rosa León:

y si os gusta tanto como a mi esta can­ción, esta otra ver­sión, por Luna Monti y Juan Quin­tero es de lo más interesante.

Y entre los clá­si­cos popu­la­res, “La luna es muy pequeña y el sol es muy mayor”, aquí en ver­sión — un poco dife­rente a la que noso­tros cono­ce­mos– de “Can­cio­nes para la Infan­cia”. Por cierto, que nave­gando por su blog, me he dado cuenta que se me había olvi­dado men­cio­nar el cuento Luna de la mara­vi­llosa colec­ción “De la Cuna a la Luna” de Kalan­draka, que can­tá­ba­mos no hace tanto… una apuesta segura para los más chiquitines.

Tam­bién está este “Sol sole­cito, luna lunera”, sen­ci­lla y pegadiza.

Y voso­tros, ¿tenéis alguna luna lunera que compartir?

February 21, 2011   4 Comments