las cosas de Lola y su mamá
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Parque del Aviocar

Getafe es una ciu­dad situada al sur de la Comu­ni­dad de Madrid. Es cono­cida como la cuna de la avia­ción espa­ñola por­que su base aérea mili­tar es una de las más anti­guas de España. Fue donde Juan de la Cierva voló su pri­mer auto­giro. En el 1911, allí ter­minó una de las prue­bas aéreas de mayor dis­tan­cia cele­brada en los pri­me­ros años de la avia­ción, el Raid París-Madrid. El par­que infan­til que hoy os pre­sento rinde home­naje a este hecho, inau­gu­rán­dose cien años des­pués de que el piloto Vedri­nes ate­rri­zara en Getafe ante el rey Alfonso XIII.

Se encuen­tra en la ave­nida Sal­va­dor Allende, en el barrio de El Ber­cial. Lo que había­mos leído pro­me­tía: un par­que que había obte­nido el pre­mio Colum­pio de Oro de Expoal­cal­día 2012 con una repro­duc­ción a escala real de un avión, el Avio­car C212. Un avión que se fabrica ínte­gra­mente en las ins­ta­la­cio­nes de CASA, en Getafe, desde el año 1971.

La pri­mera impre­sión al lle­gar me decep­cionó un poco, me había ima­gi­nado un avión de ver­dad y no un par­que con forma de avión. Pero ense­guida empe­za­mos a des­cu­brir que en los 731m2 de par­que había muchas cosas que des­cu­brir y que el avión escon­día muchas sorpresas.

El avión tiene muchas entra­das, la prin­ci­pal una gran rampa acce­si­ble para sillas de rue­das. Tiene, como no podía fal­tar, la cabina con los pues­tos del piloto y copi­loto. En lugar de filas de asien­tos para los pasa­je­ros, el inte­rior está divi­dido por unos pane­les donde hay jue­gos de inge­nio: labe­rin­tos, puzz­les,… Lola dis­frutó muchí­simo de una rueda labe­rinto de cani­cas y Leo apro­ve­chó la divi­sión y los pane­les para jugar al escon­dite y correr como un loco de aquí para allá.

Hay tobo­ga­nes, colum­pios para bebés, un gran colum­pio hamaca, tiro­lina, camas elás­ti­cas, atrac­cio­nes para los mas peque­ños, super­fi­cies para tre­par, puente de cuerdas…

Lola y Leo se lo pasa­ron pipa reco­rrién­dolo entero. A Lola le entu­sias­ma­ron las camas elásticas.

Nos encan­ta­ron las lomas irre­gu­la­res que, como si fue­ran nubes des­per­di­ga­das por el azul del cielo, invi­tan a moverse, esca­lar, dejarse caer, rodar, subir corriendo,… Las hay más altas para los niños más gran­des y otras del tamaño de Leo.

El par­que está adap­tado para niños con dis­ca­pa­ci­da­des y cuenta tam­bién con pane­les didác­ti­cos sobre la his­to­ria de la avia­ción en Getafe y el sis­tema Braille.

Una visita total­mente reco­men­da­ble para los que vivi­mos en Madrid.

December 13, 2012   2 Comments

The Sound Playground

Esta es la pri­mera de unas entra­das que quiero dedi­car a la inter­sec­ción de dos cosas que nos gus­tan mucho en el país de las hadas: espa­cios de juego y música.

Comienzo con “The Sound Play­ground”, un rin­cón que per­te­nece al Con­cert Hall of the 21st Cen­tury de Ams­ter­dam. Aun­que se llame play­ground no es un par­que infan­til como los que cono­ce­mos, no hay colum­pios ni tobo­ga­nes, pero sí es un espa­cio donde jugar y expe­ri­men­tar, en este caso con la música. “The Sound Play­ground” invita a niños y adul­tos a crear música, a con­ver­tirse en com­po­si­to­res sin nece­si­dad de pen­ta­gra­mas ni saber tocar un ins­tru­mento. Para ello, cuenta con un con­junto de ins­ta­la­cio­nes musi­ca­les idea­das para niños de entre 7 y 12 años, que per­mi­ten hacer música de una forma dife­rente. El sonido nace al moverse, al pin­tar o al hacer construcciones.

La crea­ción musi­cal se enfoca de forma indi­vi­dual pero prin­ci­pal­mente colec­tiva, por­que todas las ins­ta­la­cio­nes están pen­sa­das para el uso de varios niños a la vez.

Los nom­bres de estos extra­ños ins­tru­men­tos, OMNI, SonOrb, Kos­mix y Xenax pare­cen saca­dos de una pelí­cula de cien­cia fic­ción, igual que sus soni­dos elec­tró­ni­cos y su aire futurista.

OMNI es la crea­ción de Patrice Mou­llet, com­po­si­tor e inven­tor de ins­tru­men­tos musi­ca­les. Se trata de un ins­tru­mento de per­cu­sión que parece una gran seta mul­ti­co­lo­lor. Está divi­dida en 108 panels de colo­res dife­ren­tes, cada una con su pro­pio sonido y se toca gol­peando con las manos. Admite varios músi­cos a la vez y se puede pro­gra­mar con dife­ren­tes mues­tras de sonido: voces, músi­cas del mundo, techno, orquesta.. las posi­bi­li­da­des son infi­ni­tas. Su aspecto me parece pre­cioso e invi­tante a tocar.

Si os habéís que­dado con las ganas de saber cómo suena, en este video podéis ver a un mon­tón de niños en acción, den­tro de un taller infan­til con este ins­tru­mento rea­li­zado en París.

Detrás de las otras tres ins­ta­la­cio­nes está el artista músico Edo Pau­lus.

Kos­mix es una alfom­bra musi­cal de cinco metros cua­dra­dos. De color negro con círcu­los blan­cos sen­si­bles a la luz, cada círculo esconde un sonido. Rayos de luz van desde el techo hasta cada punto de forma que cuando el rayo se inte­rrumpe, con la mano o el pie, se crea un sonido. Ha sido dise­ñada y creada en cola­bo­ra­ción con Marien Hoger­heijde y Danny de Graan.

En Xenax, un gran tapiz divi­dido en cua­tro, los niños dibu­jan con un lápiz sobre una pan­ta­lla, pero en lugar de apa­re­cer tra­zos, se crean soni­dos y luces. Ha sido dise­ñado y pro­du­cido en cola­bo­ra­ción con Marien Hoger­heijde e Yvonne Boelens.

Y por ultimo, SonOrb, un juego de 12 esfe­ras de colo­res y 16 pedes­ta­les que me ha encan­tado. En lo alto de cada pedes­tal hay un hueco para alber­gar una esfera. Cuando una esfera se coloca sobre un pedes­tal, se enciende y emite un sonido. Cada esfera tiene su pro­pio sonido. Colo­cando la esfera sobre pedes­ta­les dife­ren­tes se obtie­nen varia­cio­nes de este sonido. Pedes­ta­les altos dan como con­se­cuen­cia varia­cio­nes agu­das, y bajos gra­ves. La esfera una vez colo­cada en un pedes­tal tam­bién se puede rotar para pro­du­cir modu­la­cio­nes del sonido. Cuan­tas más esfe­ras se colo­can, más soni­dos se escu­chan. Diver­tido, ¿verdad?

La visita al “Sound Play­ground” se rea­liza en gru­pos con la guía de un adulto. Ofre­cen talle­res y hasta se puede cele­brar allí el cum­plea­ños con una fiesta para los ami­gos de lo más original.

 

October 28, 2012   No Comments

21 Balançoires

21 Bala­nçoi­res es una invi­ta­ción a jugar y hacer música que se pudo dis­fru­tar la pri­ma­vera pasada en el Pro­me­nade des Artists del Quar­tier des Spec­ta­cles de Mon­treal. Se trata de un ins­tru­mento gigante colec­tivo com­puesto por nada menos que 21 colum­pios musi­ca­les. Una idea pre­ciosa de la pareja de artis­tas Mouna Andraos and Melissa Mon­giat, que tra­ba­ja­ron en cola­bo­ra­ción con Luc-Alain Giral­deau, pro­fe­sor de com­por­ta­miento ani­mal en la UQAM Faculté des Scien­ces, y el com­po­si­tor Rad­wan Ghazi-Moumneh.

Cada colum­pio en sí es un ins­tru­mento dife­rente. Cuando empieza a moverse “toca” una sola nota, pero a medida que va subiendo más y más alto, el sonido va cam­biando y se con­vierte en arpe­gios y melodías.Pero es que ade­más los colum­pios están pen­sa­dos para inter­ac­tuar, de forma que hay soni­dos que sólo se pro­du­cen fruto de la coope­ra­ción. En total, son siete con­jun­tos de tres colum­pios cada uno con dis­tin­tos soni­dos clásicos.

“Tiene que exis­tir una cone­xión de algún tipo entre la gente, por mira­das, reac­cio­nes, ajus­tes… Lo que la gente escu­cha depende de lo que hace cada uno. Y esa es la parte que para noso­tros es fas­ci­nante: esta­mos en medio de la ciu­dad, la gente no se conoce y nos emo­ciona ver cómo reac­cio­nan y coope­ran”  Melissa Mon­giat

El diseño es colo­rista, moderno y tiene hasta luz por la noche para aumen­tar un poquito la magia.

Pho­tos : olivierblouin.com para Daily Tous les Jours

Una invi­ta­ción para todas las eda­des que sor­prende y emo­ciona por su belleza y sin­gu­la­ri­dad, y que ade­más nos trans­mite el poder del tra­bajo en equipo. Me encan­ta­ría poder colum­piarme en los 21 Balançoires.

September 21, 2012   4 Comments

Enjaulada

Hace mas de un año empecé a escri­bir un post dedi­cado a una empresa holan­desa que dejé a medio ter­mi­nar. Se tra­taba de Carve, dedi­cada al diseño e inge­nie­ría de espa­cios públi­cos para el uso espe­cial­mente de niños y jóve­nes. Entre sus crea­cio­nes más cono­ci­das está el Wall-Holla, un juego de estruc­tu­ras ser­pen­tean­tes de varios pisos ence­rrado entre dos vallas para­le­las. El aspecto de esta jaula me llamó mucho la aten­ción pero no ima­gi­naba que unos meses des­pués iba a ver a mi hija tre­pando por una de ellas. No nos ha hecho falta via­jar muy lejos, sólo acer­car­nos al Par­que de Las Hor­mi­gas den­tro del Par­que de Gali­cia, en Alco­ben­das (Madrid). Un des­cu­bri­miento que le debe­mos a Mi plan con hijos.

El Wall-Hola o el hor­mi­guero como le lla­man en Alco­ben­das es el ele­mento cen­tral del parque. Hay varios acce­sos para entrar, unos a pie de tie­rra y otros a los que se accede tre­pando por el exte­rior con la ayuda de unas pre­sas. Tam­bién se puede salir desde los pisos altos des­li­zán­dose por una barra de bom­be­ros. En el inte­rior unas plan­chas de goma naranja que suben y bajan con agu­je­ros para pasar de nivel y algún juego de cuerdas.

Nada más lle­gar al par­que, Lola se fue dere­cha a meterse en la jaula. Los car­te­les indi­ca­ban que el Wall-Hola era para niños a par­tir de cinco años, pero Lola, supe­ra­dos los pri­me­ros mie­dos, se defen­dió muy bien y con­si­guió subir hasta lo más alto varias veces toda orgu­llosa. Le gustó mucho y está deseando vol­ver con sus amigos.

Es una estruc­tura muy atrac­tiva a la vista, que por su diseño ver­ti­cal ocupa muy poco espa­cio. De por sí, en Carve pro­po­nen que se use como límite del campo en muchos depor­tes de pelota y hasta se puede equi­par con una por­te­ría de fútbol.

El hor­mi­guero forma parte de una zona de juego infan­til muy com­pleta que Lola reco­rrió ente­rita. 1600m2 dise­ña­dos por la empresa Lapp­set, espe­cia­li­zada en áreas de juego para niños y dis­tri­bui­do­res del Wall-Hola de Carve.  Es un par­que muy agra­da­ble tanto para niños como mayo­res. Nos gustó mucho el juego de des­ni­ve­les del terreno, lleno de peque­ños mon­tícu­los y depre­sio­nes que a su vez dibu­jan cami­nos a su alre­de­dor, y la nota de color de esos boto­nes gigan­tes de colo­res que pare­cen enor­mes laca­si­tos. Las hor­mi­gas apa­re­cen dibu­ja­das en el suelo, paseán­dose por los jue­gos y tre­pando hasta por el Wall-Hola.

Ade­más del Wall-Hola, los niños tie­nen mucho para esco­ger. Yo me quedé con ganas de pro­bar los jue­gos de cani­cas como en el que se está subiendo Leo en la foto.

Los favo­ri­tos de Lola fue­ron el colum­pio hamaca, daba risa ver los gri­tos de emo­ción, una mez­cla de miedo y ale­gría, que daba, y una pirá­mide de cuer­das que giraba como si fuera un tiovivo.

Este no es el único par­que espe­cial que tie­nen en Alco­ben­das, así que den­tro de nada nos hare­mos otra esca­pada para jugar un rato.

July 31, 2012   9 Comments

Paisaje lunar en Burghausen

En 2004, den­tro del Bava­rian State Gar­den Exhi­bi­tion Burghau­sen que tuvo lugar en la ciu­dad ale­mana de Burghau­sen, la firma de arqui­tec­tura y pai­sa­jismo Reh­waldt cons­truyó un ori­gi­nal espa­cio de juego para niños. Par­tiendo de un mate­rial con una esté­tica tan dura como el hor­mi­gón dise­ña­ron un juego de dunas en colo­res gris y azul que ase­meja un pai­saje lunar.

La zona infan­til se enmarca den­tro de un gran par­que urbano dise­ñado tam­bién por Reh­waldt. La frial­dad del hor­mi­gón con­tra­rresta con las for­mas sinuo­sas y ondu­lan­tes de las lomas y con la arena que rodea al par­que y el verde que existe a su alrededor.

Un pai­saje dife­rente que invita a tre­par y jugar al escon­dite. Ade­más cuenta con un juego de cuer­das entre más­ti­les, mucha arena, peque­ñas mesas ocul­tas entre las mon­ta­ñas, mira­do­res cir­cu­la­res de madera a modo de peque­ños torreo­nes y un mon­tón de pre­sas para prac­ti­car la esca­lada. Creo que el atrac­tivo para los niños es innegable.

Fotos de Lan­de­zine

¿Os ape­te­ce­ría via­jar a Burghausen?

March 13, 2012   1 Comment

Tangle

Poly­glot Thea­ter define Tan­gle (enredo en inglés), como una ins­ta­la­ción de arte des­or­de­nada, caó­tica y en con­ti­nuo cre­ci­miento hecha por niños con bolas de cinta elás­tica, al ritmo de música en directo.  Y es que la pro­puesta de esta com­pa­ñía de tea­tro aus­tra­liana con­siste en una gran maraña de cinta elás­tica de mil colo­res que van tejiendo los niños y sus fami­lias alre­de­dor de 25 pos­tes gigan­tes de dife­ren­tes altu­ras, entre 2,5 y 6m.

El resul­tado es una gran crea­ción colec­tiva que, tal y como expli­can, es parte per­for­mance, parte arte visual, parte espa­cio de juego, parte fiesta y un abso­luto caos. ¿Quién se puede resis­tir a esta invi­ta­ción para jugar y crear?.

Cada niño recibe una gran bola de cinta elás­tica que puede enro­llar por donde quiera. La red que se forma es dis­tinta a cada segundo y a medida que el tiempo pasa se con­vierte en una gran maraña mul­ti­co­lor de la que es difí­cil esca­par. Entre medias se mue­ven los wea­vers o tejedores, actores de la com­pa­ñía que siguen el juego de los niños y res­pon­den a sus crea­cio­nes. Tam­bién se encar­gan de crear más espa­cio subiendo las cin­tas a la parte alta de los más­ti­les, creando así un cielo enre­dado sobre las cabe­zas de los participantes.

La música es  un ele­mento más de la crea­ción. El ritmo cir­cense ale­gre con el que empieza da paso a un sonido atmos­fé­rico de notas y piti­dos que se refleja en la forma de moverse y crear de los niños.

La red final es tan intrin­cada que per­mite jugar a rebo­tar, col­garse, tum­barse… y tejerse uno mismo den­tro de ella. No en vano cada espec­táculo uti­liza elás­tico nuevo por­que es impo­si­ble des­ha­cer cada ins­ta­la­ción sin cor­tar las cintas.

Para Poly­glot Thea­ter, Tan­gle es ade­más una refle­xión sobre la forma de rela­cio­narse e inter­ac­tuar y sobre el com­por­ta­miento de las per­so­nas ante el caos.

¿Se nota que estoy com­ple­ta­mente hip­no­ti­zada por este enredo?, ¿para cuándo una gira inter­na­cio­nal Poly­glot Thea­ter que pase por Madrid?

Estoy segura que vol­veré a hablar de esta com­pa­ñía de tea­tro inter­ac­tivo para niños que des­cu­brí gra­cias a la fotó­grafa aus­tra­liana Rachel Devine. Ella pudo dis­fru­tar de esta maraña en Mel­bourne y nos lo contó en Sesame Ellis.

February 18, 2012   5 Comments

El hombre de hojalata de Tom Otterness

Un gigan­tesco hom­bre de hoja­lata por el que tre­par, sen­tarse en sus manos y tirarse en tobo­gán des­li­zán­dose por sus pier­nas. Es la crea­ción en bronce del escul­tor Tom Otter­ness, que mez­cla arte y juego infan­til en esta obra de gran­des dimensiones.

Artista de espa­cios públi­cos, el ame­ri­cano Tom Otter­ness es cono­cido por su estilo infan­til y su uni­verso de peque­ños seres que exhibe en par­ques como el Bat­tery Park City o la esta­ción de metro de 14th Street/8th Ave­nue, ambos en Nueva York. Aun­que detrás de este mundo con aires infan­ti­les y de comic, se suele escon­der una lec­tura polí­tica y una crí­tica social.

Este par­que infan­til está con­ce­bido como una serie de seis edi­cio­nes, cua­tro de ellas ya ven­di­das. Tres se encuen­tran en resi­den­cias pri­va­das pero la cuarta está en un par­que público de Nueva York, al lado de los blo­ques de apar­ta­men­tos Sil­ver Towers en W. 42nd Street.  Me ima­gino la sor­presa de encon­trar este hom­bre en medio de la gran ciu­dad, un espa­cio de juego tan dife­rente e inesperado.

Fotos de Kat Sterck, Tom Otterness

Ade­más de los tobo­ga­nes, un colum­pio cuelga de sus pier­nas y un obser­va­to­rio se esconde en su cabeza. Allí los niños podrán aso­marse por los ojos del gigante y con­tem­plar su cuerpo exten­dido al frente. Y sal­pi­cando el cuerpo del hom­bre de hoja­lata, 25 hom­bre­ci­llos de 15 cm. Peque­ños y sim­pá­ti­cos, estoy segura que a los niños les lla­ma­rán la aten­ción y los incor­po­ra­rán a su juego, inven­tando mil historias.

Sil­ver Tower Play­groud. Fotos de James Dee, Tom Otter­ness

Me gusta mucho el juego de tama­ños que Tom Otter­ness ha creado para los niños, que al mismo tiempo se pue­den sen­tir peque­ños ante la gran escul­tura y gigan­tes frente a los hombrecillos.

Colo­rado. Fotos de Dick Jack­son, Tom Otter­ness

December 2, 2011   5 Comments

El gran bucle de Wiesbaden

Hoy os llevo hasta Ale­ma­nia para cono­cer el par­que infan­til de Schul­berg, en la ciu­dad de Wies­ba­den. Cons­truído este mismo año por la firma de arqui­tec­tura y pai­sa­jismo Anna­bau, este pro­yecto forma parte de un espa­cio público que intenta revi­ta­li­zar el cen­tro his­tó­rico de esta ciudad. La estruc­tura de juego, el gran bucle, es la parte cen­tral de esta plaza, que pre­tende ser un punto de encuen­tro para gran­des y pequeños.

Se trata del pri­mer espa­cio de juego infan­til que rea­liza Anna­bau, que quiso ale­jarse de las estruc­tu­ras más cono­ci­das y ofre­cer algo nuevo, que sor­pren­diera, que obli­gara a pro­bar y descubrir.

Su idea básica era crear un juego infi­nito, de ahí sur­gió la idea del bucle, que se ha creado con dos gran­des tube­rías ver­des de acero que se doblan, suben y bajan con for­mas ondu­lan­tes y sinuo­sas, cerrán­dose sobre sí mis­mas. Entre las dos una gran red con­ti­nua que invita a tre­par, col­garse y reco­rrer toda la estruc­tura sin ni siquiera tocar el suelo. Pero hay muchos más ele­men­tos inte­gra­dos en la red que amplian las posi­bi­li­da­des de juego, como un bos­que de lia­nas que cuelga de la misma, un túnel, tram­po­li­nes, mem­bra­nas de goma que giran o invi­tan a correr pasando de una a otra, una gran pen­diente para esca­lar y otra para tirarse como si fuera un tobogan…

Den­tro del bucle, un juego topo­grá­fico de peque­ñas coli­nas y ani­llos de goma rodea­dos por arena para que jue­guen los más peque­ños o se sien­ten los padres mien­tras con­tem­plan cómo jue­gan sus hijos.

Ade­más el par­que goza de unas vis­tas esplén­di­das de la ciu­dad de Wies­ba­den, a la que rinde home­naje con su forma pen­ta­go­nal como la figura de la anti­gua ciu­dad histórica.

Fotos de Hanns Joos­ten

No me extraña que los niños de Wies­ba­den pien­sen que es el mejor sitio de toda la ciudad.

November 15, 2011   4 Comments

A toda vela

Creo recor­dar que ya he hablado de algún espa­cio de juego infan­til con algún barco pirata en el que jugar a ser un mari­nero en alta mar. Pero nada pare­cido a los bar­cos que hoy os quiero ense­ñar. Y es que las crea­cio­nes de la empresa danesa Mons­trum son autén­ti­cas esce­no­gra­fías lle­nas de ima­gi­na­ción con bar­cos que pare­cen haber sobre­vi­vido a la peor de las tem­pes­ta­des y han que­dado vara­dos en la arena de una isla desierta… o en el lomo de una ballena.

Mons­trum se fundó en el 2003, por Ole B. Niel­sen y Chris­tian Jen­sen, esce­nó­gra­fos que se habían cono­cido en el mundo del tea­tro danés. Del tea­tro se lan­za­ron al diseño de espa­cios de juego infan­til muy visua­les, nada abu­rri­dos, lle­nos de fan­ta­sía… y con un punto de locura. Su ins­pi­ra­ción está en el mundo que nos rodea y muy espe­cial­mente en las cosas que atraen a los niños, como los medios de trans­porte o los animales.

Entre todos sus dise­ños, me lla­ma­ron la aten­ción desde el pri­mer momento sus bar­cos. Han rea­li­zado ya tres espa­cios que giran en torno a ellos, los tres en Copen­ha­gue, cada uno dife­rente y con mucha imaginación.

El pri­mero, cons­truído en el 2005, se encuen­tra en el Aar­hus Space al este de Copen­ha­gue. Recrea a la Santa María de Marco Polo, varada en la Isla de Pas­cua. Un gran barco hun­dido en la arena conec­tado por cuer­das, redes y tron­cos a dos espec­ta­cu­la­res cabe­zas Moais.

En la embar­ca­ción no hay super­fi­cies hori­zon­ta­les, todo está incli­nado y se puede tre­par por todas las super­fi­cies. Los niños pue­den lle­gar a la cubierta subiendo por el rocó­dromo del cos­tado o a tra­vés de cuer­das sin lle­gar a tocar al suelo, y en el late­ral hay una entrada para lle­gar a la bodega. Hasta tiene un cofre del tesoro con su pro­pio tobo­gán para los más pequeños.

Y aquí está La Tri­ni­dad, orien­tado a niños entre 2 y 5 años. Una elec­ción espe­cial para una zona, el Soen­der Bou­le­vard, donde anti­gua­mente había una playa. Un buque cos­tero roto en dos sobre la arena y toda la mer­can­cía espar­cida alre­de­dor entre islas de arena y agua. De nuevo mucho juego de equi­li­brio y trepar.

¿Os habéis fijado en el deta­lle de la balsa de tron­cos de madera?

Por último, el barco Mary en el Pet­zis World den­tro del famoso par­que de atrac­cio­nes Tivoli. Un pro­yecto en cola­bo­ra­ción con los arqui­tec­tos Jumana J. Bro­der­sen y Jonat­han Wright, dando vida al mundo del oso Ras­mus y sus ami­gos, unos per­so­na­jes lite­ra­rios muy popu­la­res entre los niños dane­ses. Una esté­tica dife­rente a la de las dos pro­pues­tas ante­rio­res, con colo­res más vivos. Aquí tene­mos un barco incli­nado en lo que parece una roca pero que resulta ser una ballena, un faro, un sub­ma­rino, una zona para niños, jue­gos con agua… un paraíso para los niños.

Ade­más del atrac­tivo visual lo que me encanta de estos dise­ños son las his­to­rias que se pue­den crear en estos esce­na­rios de pelí­cula y el espí­ritu de aven­tura y reto físico que pre­sen­tan. Como cuen­tan estos dise­ña­do­res, el par­que es prin­ci­pal­mente un espa­cio para el juego motor que tiene que pro­por­cio­nar a los niños la posi­bi­li­dad de tomar ries­gos y de pro­barse a sí mis­mos, inten­tando lle­gar cada vez más alto, más lejos y más rápido.
Pero no os creáis que la ima­gi­na­ción de estos dane­ses ter­mina en los bar­cos… toda­vía hay más, mucho más. Otro día os lo cuento.

September 20, 2011   3 Comments

El bosque de los niños

Os invito a via­jar con­migo hasta Japón para cono­cer el Showa Kinen Park o, como tam­bién se le conoce, Showa Memo­rial Park. Un gran par­que de 163 hec­ta­réas, situado en la pre­fec­tura de Tokyo, que se creó para con­me­mo­rar el cin­cuenta aniver­sa­rio del empe­ra­dor Showa.

En este gran par­que se puede hacer un poco de todo: pasear entre árbo­les, dar un paseo en bici, dis­fru­tar en verano de un remo­jón en sus pis­ci­nas y tobo­ga­nes, mon­tar en barca o visi­tar su gale­ría de bon­sais y su jar­dín japo­nés. Sólo la belleza de sus pai­sa­jes a tra­vés de las esta­cio­nes, con sus paseos oto­ña­les de ging­kos ama­ri­llos y arces rojos, sus cam­pos de cos­mos inter­mi­na­bles o la deli­ca­deza de los cere­zos en flor, sería un motivo más que sufi­ciente para visitarlo.

Foto de Ajari

Pero es que ade­más tam­bién tiene una zona muy espe­cial para los niños. Se llama el Bos­que de los Niños, un mundo con dra­go­nes y otros seres mági­cos, con un bos­que al que no le falta una nie­bla mis­te­riosa y unas coli­nas blan­cas muy espe­cia­les por las que correr, sal­tar y deslizarse.


Fotos de Japan Photo


Foto Quirky Japan Blog

Es un tra­bajo del equipo pai­sa­jista Takano Lands­ca­pes, del que en su día ya os mos­tré su diseño en el Takino Hill­side Park. Como ocu­rría en este pro­yecto con las redes de gan­chi­llo mul­ti­co­lo­res, aquí tam­bién bus­ca­ron la cola­bo­ra­ción de otros artis­tas: Fujiko Nakaya e ILCD para crear la nie­bla, Noriko Horiu­chi para las cuer­das y Shi­rou Takahashi para  el espec­ta­cu­lar Air Dome.

Fujiko Nakaya, artista espe­cia­li­zado en escul­tu­ras de nie­bla, nos ofrece un bos­que que, tal y como pasa en los cuen­tos de hadas, se cubre de niebla.

Foto de Ajari

Hay una casita del bos­que con mate­ria­les natu­ra­les y herra­mien­tas a dis­po­si­ción de los niños y una zona de redes a modo de gran­des hama­cas para tre­par y tumbarse:

Y por supuesto, la gran atrac­ción, el Fuwa Fuwa Dome o Air Dome, unas mon­ta­ñas lle­nas de aire que se extien­den por más de 1600 metros cuadrados.


Foto de Japan Photo

Como si fuera un gigan­tesco cas­ti­llo hin­cha­ble, estas coli­nas blan­cas escon­den una estruc­tura neu­má­tica, con una mem­brana llena de aire, crea­ción de Shiro Takahashi de la Tama Art Uni­ver­sity y pro­du­cida por Oga­wa­tec junto a Takano Lands­cape Planning.

El Fuwa Dome está con­ce­bido para ser muy resis­tente al uso, nece­si­tar poco man­te­ni­miento, tener fácil repa­ra­ción y cau­sar un bajo impacto en el medio ambiente que le rodea. Lo mejor desde mi punto de vista es que es una atrac­ción para todas las eda­des, gran­des y peque­ños, que pue­den dis­fru­tar jun­tos sal­tando, rodando, des­li­zán­dose… des­cu­briendo nue­vas for­mas de movimiento.

Foto de Ajari

Y como podéis ver por la foto, es un autén­tico tram­po­lín, con una pinta de lo más diver­tida. ¡Quién pudiera hacerse un via­je­cito hasta Japón!.

July 6, 2011   7 Comments