las cosas de Lola y su mamá
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Waldkindergarten

Como a todos los niños, a Lola le fas­cina jugar al aire libre, lle­narse las manos de tie­rra y reco­ger todo tipo de teso­ros como pie­dre­ci­tas y hojas. Cada día que vamos al par­que vol­ve­mos a casa con una pequeña selec­ción y el suelo de nues­tro coche está lleno de pali­tos de todos los tama­ños que se van acu­mu­lando día tras día. Ahora soy capaz de enten­der mucho más el atrac­tivo irre­sis­ti­ble que tiene que tener para los niños una escuela de prees­co­lar en el bos­que: apren­der al aire libre, sin pare­des ni techos, con juego libre y puro des­cu­bri­miento de la natu­ra­leza. Estoy hablando de los Wald­kin­der­gar­ten o Forest Kin­der­gar­ten, una moda­li­dad de jar­dín de infan­cia para eda­des de 3 a 6 años, muy popu­lar en Ale­ma­nia donde en el 2005 había ya 450 escue­las de este tipo y que se está exten­diendo por muchos otros paí­ses como Aus­tria, Dina­marca y hasta Esta­dos Unidos.

Aun­que cada escuela es lige­ra­mente dife­rente al resto, en todas el niño pasa la mayor parte del tiempo al aire libre, por lo gene­ral, toda la mañana, jugando entre árbo­les den­tro de un bosque. Los niños van a la escuela haga el tiempo que haga, bajo la máxima de que no hay tiempo malo, sino ropa mala. Algo que pro­ba­ble­mente no casa mucho con la men­ta­li­dad espa­ñola de muchas zonas, donde acos­tum­bra­dos a los meses cáli­dos, en invierno nos asus­ta­mos y no sali­mos casi de casa.


Wald­Kin­der Ilme­nau, Ale­ma­nia

No hacen falta jugue­tes, la natu­ra­leza pone al alcance de los niños un mon­tón de teso­ros para jugar: pie­dras, ramas, hojas, palos, agua y tie­rra, ofre­ciendo un sin fin de posi­bi­li­da­des que fomen­tan su crea­ti­vi­dad. En el bos­que, cada día es dife­rente al resto y se aprende de forma natu­ral de las esta­cio­nes y los ciclos, tocando y explo­rando con los cinco sentidos.

El ori­gen de esta moda­li­dad de edu­ca­ción prees­co­lar viene de los paí­ses nór­di­cos. El pri­mer jar­dín de infan­cia en el bos­que lo creó Ella Fla­tau durante los años 50 en Dina­marca. Un modelo que nació de forma natu­ral cuando los padres de los niños que, junto a sus pro­pios hijos, cui­daba Ella y con los que pasaba lar­gos ratos jugando en el bos­que, qui­sie­ron for­mar una escuela. Al mismo tiempo, en Suecia, Gösta Frohm estaba creando un con­cepto pare­cido bajo el nom­bre Skogs­mu­lle, pre­cur­sora de las futu­ras escue­las “I Ur och Skur” (Llueva o haga sol). En 1968 apa­re­cie­ron las pri­me­ras escue­las en el bos­que en Ale­ma­nia, pero no fue hasta 1993, cuando gana­ron reco­no­ci­miento ofi­cial, que se empe­za­ron a popu­la­ri­zar, mul­ti­pli­cán­dose por todo el país.


Wald­kin­der­gar­ten Maria Saal, Aus­tria

Estar en con­tacto con la Natu­ra­leza es un regalo que des­pierta al máximo los sen­ti­dos de los niños, mejora su psi­co­mo­tri­ci­dad, su con­cen­tra­ción, les da mayor con­fianza, mayor des­treza manual y fomenta el tra­bajo en equipo y la coope­ra­ción. Los niños, aun­que pueda pare­cer lo con­tra­rio, se enfer­man menos y la calma y el silen­cio abun­dan más que bajo techo.

Algu­nos atri­bu­yen el éxito de esta pro­puesta edu­ca­tiva en Ale­ma­nia a la tra­di­ción cul­tu­ral y román­tica que existe en este país por sus bos­ques y a la influen­cia de las peda­go­gías Wal­dorf y Mon­tes­sori, junto con moti­vos más pro­sai­cos como la faci­li­dad de abrir una escuela nueva al no nece­si­tarse aulas en un país donde sólo el diez por ciento de los niños de tres años encuen­tran plaza para preescolar.

Si tenéis ganas de ver a los niños en acción, este es un vídeo del jar­dín Cedar­song Nature School, en Vas­hon Island, Washing­ton. Yo lo des­cu­brí a tra­vés del blog Bakers and Astro­nauts y fue mi punto de par­tida para inves­ti­gar este fas­ci­nante mundo de las escue­las en el bosque.

June 10, 2010   No Comments