las cosas de Lola y su mamá
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Feliz, feliz en su día

El domingo 20 Lola cum­plió cua­tro años. Los pre­pa­ra­ti­vos de su fiesta de cum­plea­ños son los cul­pa­bles de mi ausen­cia del blog y es que me tuvie­ron com­ple­ta­mente absor­bida.… y resa­cosa toda­vía la semana pasada.

Lo cele­bra­mos, lo dis­fru­ta­mos… y sobre­vi­vi­mos. Incluso supe­ra­mos la última prueba, cuando nos vimos obli­ga­dos a deci­dir en el último minuto cele­brar la fiesta en casa, en lugar de en el par­que, por miedo a que nos cayera un cha­pa­rrón pri­ma­ve­ral (que efec­ti­va­mente nos hubiera empa­pado). Fue un reto por­que la casa estaba com­ple­ta­mente patas arriba y debi­mos tener en casa unas cin­cuenta per­so­nas. Una fiesta a lo grande que pare­cía de sol­te­ros, de esas que no sabes cuánta gente entra o sale.

Los niños toma­ron el baño para maqui­llarse, acam­pa­ron en la habi­ta­ción de Lola, ocu­pa­ron cada rin­cón de la casa, nos deco­ra­ron la ven­tana de la terraza, pin­ta­ron el suelo de la terraza con tizas e hicie­ron pom­pas gigan­tes. Dos acti­vi­da­des que repe­ti­mos del año pasado y que siem­pre gustan.

Lo de menos fue­ron todos los deta­lli­tos que mamá lle­vaba pre­pa­rando días para con­se­guir la fiesta hawaiana que la cum­plea­ñera deseaba. Lola sacó esta idea del libro “Dis­fra­ces diver­ti­dos para niños”. Le encanta hojearlo y desde hace varios meses anun­ció que que­ría una falda hecha con cin­tas como la del libro para su fiesta. La lla­maba la falda de hawa­lina, que nos hacía mucha gra­cia, pero con el paso de los días apren­dió a decir hawaina. Así que yo, en un alarde de entu­siasmo, me lancé a la aven­tura de hacer fal­das no sólo para ella sino para todos sus ami­gui­tos. Fal­das que por supuesto ter­miné el día antes, con bas­tante ago­bio. Menos mal que gus­ta­ron, casi todos se las pusie­ron y lle­va­ron a su casa.

Ade­más había flo­res tro­que­la­das de colo­res, paji­tas y cor­dón para fabri­carse los colla­res lei. Las flo­res de car­tu­lina las cor­ta­mos con dos tro­que­la­do­ras, me gus­ta­ría reco­men­dar­las pero las dos murie­ron en el pro­ceso y estoy pen­diente de lle­var­las a la tienda. Algu­nos niños estu­vie­ron muy ata­rea­dos enhe­brando… otros creo que con todo el jaleo ni lo vieron.

Y para rom­per un poco el lado feme­nino de las fal­das y colla­res, cada niño tenía una más­cara tiki de car­tón. Estas más­ca­ras, repre­sen­ta­cio­nes de dio­ses hawaia­nos y poli­ne­sios, sue­len tener expre­sio­nes ame­na­zan­tes y gran­des bocas para ahu­yen­tar los malos espí­ri­tus. Las nues­tras no eran dema­siado terro­rí­fi­cas, sólo lo justo. Que­da­ron diver­ti­das pero no tuvie­ron dema­siado éxito. Por cierto, que el gran des­cu­bri­miento para hacer estas más­ca­ras fue­ron los rotu­la­do­res super­grue­sos que encon­tré en la tienda de graf­fiti Wri­ters Madrid. Son espec­ta­cu­la­res y encima recargables.

La piñata, la com­pra­mos en el chino. Mi idea ori­gi­nal era repe­tir el motivo de las fal­das, con fle­cos de colo­res pero a última hora cam­bié de idea y la decoré con unas flo­res gigan­tes de cartulina.

Y como todos los años, Lola reci­bió una corona nueva… y un año más no se la puso prác­ti­ca­mente. Esta vez, un tocado de flo­res de fiel­tro pen­sado para lle­var con su falda y collar. Un diseño que copié de las mara­vi­llo­sas coro­nas de Lorie Marie Pretty Little Things. Una tienda llena de encanto, especialmente para las niñas, que os reco­miendo visitar.

La tarta tam­bién tuvo su toque hawaiano, gra­cias a las figu­ri­tas que encon­tré en Sweet Estelle’s, unas bai­la­ri­nas bai­lando al ritmo del uke­lele que tocan dos chicos.

Ade­más le pusi­mos una falda de fle­cos a la mesa donde estaba la merienda para ambien­tar un poco, le rega­la­mos a Lola un uke­lele, ¡ella había pedido una gui­ta­rra!, y una cami­seta con un dibujo retro de una bai­la­rina hawaiana de Chi­Town Bou­ti­que. Y para ambien­tar­nos música de fondo típica de la isla… y el Hawai Bom­bay de Mecano para padres nos­tál­gi­cos ;-)

La cum­plea­ñera estaba feliz, radiante, emo­cio­nada. Ella, que se suele ago­biar cuando hay mucha gente, esta vez se olvidó de noso­tros toda la fiesta, yendo de aquí para allá. ¡Lola se hace mayor!

Lo más impor­tante, creo que los niños lo pasa­ron genial. Eso merece todos los esfuer­zos del mundo. Y aun­que todo el mundo insis­tía en lo duro que iba a ser lim­piar la casa, puedo ase­gu­rar que acaba más des­or­de­nada muchos días de diario.

Me quedé con ganas de haber hecho algún juego diver­tido que tenía­mos pen­sado para exte­rio­res, pero el baru­llo que tuvi­mos en casa tuvo su encanto.

Un cum­plea­ños ago­ta­dor y muy diver­tido, que nos ha dejado varias lec­cio­nes para el año que viene: hay que empe­zar a pla­ni­fi­car mucho antes, fijar un pre­su­puesto desde el prin­ci­pio, y casi casi lo más impor­tante, hay que encar­gar a alguien que inmor­ta­lice el evento. ¡No tene­mos ni una sola foto de Lola en su fiesta!, ¡qué rabia me da!

May 28, 2012   6 Comments