las cosas de Lola y su mamá
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Y más ríos de color…

Segui­mos man­chando la terraza… y eso que esta pro­puesta no era dema­siado arries­gada, pero esta vez fui yo quien “enredó” las cosas. Y es que me encanta cuando una acti­vi­dad toma rum­bos inesperados.

La idea ori­gi­nal la saqué del libro “Big Messy Art” de Mary Ann Kohl, que como todos los libros de esta autora es un autén­tico tesoro de acti­vi­da­des crea­ti­vas y diver­ti­das para niños. Se tra­taba de espol­vo­rear pin­tura en polvo sobre un papel y luego soplar pom­pas para des­cu­brir los dibu­jos que hacen las pom­pas al esta­llar con­tra el papel.

Noso­tros usa­mos nues­tros colo­ran­tes en polvo sobre un papel con­tí­nuo colo­cado en el suelo de nues­tra terraza. El libro sugiere tami­zar la pin­tura para dis­tri­buirla bien por todo el papel. Lo inten­ta­mos con la ayuda de un cola­dor, pero como podéis ver hubo que con­te­ner a Lola para que no vol­cara los botes enteros.

Una vez pre­pa­rado, saca­mos nues­tra colec­ción de pom­pe­ros y a soplar. A Lola, que toda­vía no domina dema­siado bien el arte de las pom­pas, le cos­taba un poco que las pom­pas lle­ga­ran al papel y ade­más, el viento no jugaba a su favor. Aún así, tuvo éxito varias veces. De las pom­pas que explotó en el papel la mayo­ría sim­ple­mente arran­ca­ron pun­ti­tos de color, pero algu­nas deja­ron unos círcu­los maravillosos.

Si que­réis pro­bar, lo mejor es tener una colec­ción de dis­tin­tos tama­ños de pom­pe­ros o fabri­ca­ros alguno casero, para obte­ner resul­ta­dos diferentes.

Llegó un momento que Lola se cansó de hacer pom­pas y el papel, que era bas­tante grande, seguía casi como al prin­ci­pio. Esta vez fuí yo la que pensé que había que aña­dir un poco de agua para con­se­guir sacar par­tido a tanto colo­rante y como está­ba­mos en la terraza pues… qué mejor que con la regadera. No podía haber ele­gido algo más atrac­tivo, ¡menudo éxito!.

No se la de veces que Lola llenó y vació la rega­dera sobre el papel y la de cho­rros de tinta que corrie­ron por la terraza. Fue espec­ta­cu­lar ver apa­re­cer los colo­res con cada riego y con­tem­plar la ale­gría de nues­tra jar­di­nera pintora.

Y mila­gro­sa­mente, el papel resis­tió tanto lavado sin romperse.

El resul­tado es muy dis­tinto al que os ense­ñaba hace poco ador­nando nues­tra cocina. Con tanta agua, los colo­res están mucho más des­vaí­dos, pero hay mucho juego de tex­tu­ras, entre peque­ños pun­tos y dibujo de aguas que tam­bién queda muy bonito.

Estoy pen­sando en guar­darlo para forrar cua­der­nos o envol­ver rega­los… ¡pero es que Lola no me deja cortarlo!

September 13, 2011   7 Comments

Un, dos, tres.… splash

Así de bonita luce nues­tra cocina desde hace unas sema­nas gra­cias a la pequeña artista de la casa y a una tarde jugando con glo­bos y pintura.

La idea ori­gi­nal era pin­tar explo­tando glo­bos de agua, esta vez relle­nos de pin­tura, con­tra el papel. Yo me encar­gué de pre­pa­rar los glo­bos con una Lola impa­ciente por empe­zar a tirar­los. Usé acua­re­las y colo­ran­tes diluí­dos en un poco de agua. Des­pués de varios inten­tos, la mejor forma que encon­tré de intro­du­cir la pin­tura en los glo­bos fue con una jerin­gui­lla. Dos jerin­ga­zos de pin­tura de color intenso con el globo des­hin­chado y luego com­ple­tar con un poco de agua. Aviso que estos pre­pa­ra­ti­vos me deja­ron las manos com­ple­ta­mente teñidas.

Colo­ca­mos papel con­tí­nuo en el suelo, quizá hubiera sido mejor una pared… pero apun­tar al suelo me pare­ció un poco “más lim­pio”. Lola empezó a tirar los glo­bos, y como yo no los había lle­nado mucho para que no tuvie­ran dema­siada agua le resultó muy difí­cil explo­tar­los. Alguno le costó muchos inten­tos… y ade­más se empe­ña­ban en explo­tar en cual­quier sitio menos en el papel. Lo intentó subién­dose a una silla pero tam­poco ayudó dema­siado. A pesar de que desde mi punto de vista fue una expe­rien­cia un poco fallida, a Lola le pare­ció muy diver­tido y me pidió algún globo más.

Hoy, des­pués de alguna otra expe­rien­cia con pin­tura, agua y papel con­tí­nuo de la que ya os hablaré, he com­pro­bado que este papel es bas­tante resis­tente y podría haber lle­nado los glo­bos muchí­simo más, ponién­dole así las cosas más fáci­les a Lola. Aún así, es un tema de fuerza, habi­li­dad y expe­rien­cia, que bien con la edad o la repe­ti­ción estoy segura que iría mejorando.

De todo este pro­ceso, con las pri­sas de los pre­pa­ra­ti­vos, no tengo fotos…   pero de lo que vino des­pués sí. Lola debió pen­sar que defi­ni­ti­va­mente ese papel nece­si­taba un poco más de pin­tura y ni corta ni pere­zosa, cogió los botes de cris­tal donde yo tenía pre­pa­rado el con­cen­trado de pin­tura y los ver­tió direc­ta­mente sobre el papel.

Aquí fuí cuando salí corriendo a por la cámara, para cap­tu­rar su cara de feli­ci­dad mien­tras se mojaba los pies en un baño de pin­tura multicolor.

Y de colo­fón, direc­tas a la bañera que se tiñó de rosa… ¡qué más puede pedir una princesa!.

September 4, 2011   11 Comments

Agua, pintura y sprays

Esta es una acti­vi­dad sen­ci­lla que hacía tiempo que­ría pro­bar y que no requiere casi pre­pa­ra­ción. Sprays com­pra­dos en un chino lle­nos de pin­tura, un gran papel con­ti­nuo fijado a una pared y a disparar.…

La pin­tura que usa­mos es acua­rela líquida y colo­rante ali­men­ti­cio (de los últi­mos hemos hecho una buena com­pra hace poco en Riesgo), ambos diluí­dos en agua. Noso­tros sólo tenía­mos dos enva­ses igua­les de spray, y hubo que vaciar alguno para cam­biar de color. Tam­bién pro­ba­mos con un pul­ve­ri­za­dor vacío de un anti­guo des­odo­rante, pero estaba dema­siado duro para Lola y se des­animó cuando vio que no podía sola.

A Lola le gustó un mon­tón la expe­rien­cia, lo mejor sin duda fue verla bai­lando y sal­tando, como si tuviera el baile de San Vito, mien­tras dis­pa­raba con los sprays, estaba diver­ti­dí­sima. Le gustó tanto que pintó por la mañana, por la tarde y por la noche, y ya me ha pedido repe­tir la expe­rien­cia esta semana.

Se man­cha menos de lo que yo espe­raba, aun­que esto depende mucho de cada niño. Lola probó a dis­pa­rar a algún otro sitio pero la ver­dad es que se ciñó bási­ca­mente al papel. Después de ter­mi­nar, manguerazo…y las man­chas de pin­tura en el suelo se fue­ron con bas­tante faci­li­dad. Así que ya esta­mos ani­ma­dos a usar la terraza para man­char­nos un poco y pin­tar mucho más.

El resul­tado me dejó impre­sio­nada, me encanta el movi­miento que tiene. Esta­mos pen­sando dónde lo pode­mos col­gar en casa.

July 19, 2011   9 Comments

A través de la ventana

Que los niños pin­tan con entu­siasmo en cual­quier sitio que no sea el papel y mejor cuánto más grande y amplio sea el espa­cio, creo que todos los padres lo saben. La atrac­ción por las pare­des suele pre­sen­tarse antes o des­pués y ya os he ense­ñado lo que dis­frutó Lola una tem­po­rada con la mesa del salón.

Por eso, pin­tar los cris­ta­les de la puerta que da a nues­tra terraza era una pro­puesta que pare­cía que iba a tener éxito y efec­ti­va­mente así ha sido. Ya lo había­mos hecho en su día con espuma de afei­tar y ahora con ceras. Lola está inmersa en un pro­yecto que va tomando forma cada día; no sólo no quiere borrar lo que ha pin­tado sino que ya ha repe­tido varios días, pin­tando más y más alto con ayuda de una mesa… lo pró­ximo es subirse a la esca­lera. Nues­tros cris­ta­les están pre­cio­sos y es una gozada des­cu­brir la con­cen­tra­ción y cui­dado que pone Lola en este proyecto.

Las ceras que usa, espe­cial­mente pen­sa­das para ven­ta­nas, son de la marca Cra­yola. Supongo que podría­mos haber usado cual­quier otro tipo, pero estas son una gozada, blan­das, con colo­res fuer­tes y ale­gres, da gusto ver lo bien que se des­li­zan y pin­tan sobre la ven­tana. Con­fío que ade­más se lim­pien espe­cial­mente bien.. sobre todo des­pués de lle­var varios días en el cristal.

Y si con las ven­ta­nas no fuera sufi­ciente, tam­bién se pue­den deco­rar las mecedoras.

March 17, 2011   5 Comments

Pintura resbaladiza

Esta es una acti­vi­dad que hici­mos hace unas sema­nas… y hacía tiempo que no veía a Lola dis­fru­tar tanto del prin­gue. La idea era pin­tar con los dedos con una pin­tura un poco dife­rente: una mez­cla pre­pa­rada a base de mai­zena, agua, gela­tina y tém­pera. Es la dollar-wise slip­pery table­top fin­ger­paint del libro First Art, de Mary Ann Kohl. La idea era pin­tar con ella con los dedos, dis­fru­tando de la expe­rien­cia tác­til y luego seguir las suge­ren­cias del libro, incor­po­rando algu­nos acce­so­rios para pin­tar, como una tapa den­tada, un tene­dor, un peine o una cuchara. Pero las carac­te­rís­ti­cas de esta mez­cla con­vir­tie­ron la expe­rien­cia en un puro dis­frute de tocar, tocar y repar­tirse la pin­tura por todos lados, y lo de pin­tar prác­ti­ca­mente se quedó en nada.

Si que­réis pro­bar, por un lado se mez­clan 60g de mai­cena y 180 ml de agua fría. En otro reci­piente, se des­hace la gela­tina en 60 ml de agua, noso­tros usa­mos dos lámi­nas. Se aña­den 480ml de agua hir­viendo a la mez­cla de mai­cena y agua y se remueve a fuego medio hasta que hierve y queda ligado. Se aparta del fuego, se incor­pora la gela­tina y se mez­cla. Se deja enfriar, y una vez frío, se separa en boles dife­ren­tes, aña­diendo un poco de tém­pera a cada uno.

El resul­tado es suave y se res­bala entre los dedos. Dió para cua­tro boles y Lola se encargó de aña­dir la pin­tura y remo­ver, aun­que nunca lle­ga­mos a con­se­guir una mez­cla homo­gé­nea, por­que fue mucho más diver­tido mano­sear, coger puña­dos, repar­tir­los por los pantalones…

La acti­vi­dad dió bas­tante de sí y no se ter­minó hasta que los cua­tro cuen­cos que­da­ron vacíos. Enton­ces  empe­za­mos la ope­ra­ción lim­pieza, ¡menos mal que con­se­gui­mos lle­gar al baño sin tocar nin­guna pared!. Lola resu­mió entre risas: ¡qué desas­tre!, hemos pin­tado y hemos ter­mi­nado en la bañera con body y camiseta.

March 4, 2011   5 Comments

Sal, agua, harina y un poco de color

Una tarde de los últi­mos días de vaca­cio­nes la pasa­mos la mar de entre­te­ni­das pin­tando con lo que en inglés lla­man puffy paint. Una mez­cla a par­tes igua­les de sal, agua y harina, a la que aña­di­mos tém­pera para darle color. Esta masa al secarse queda en relieve, hin­chada y ade­más la sal le da un bri­llo espe­cial, con­si­guiendo un resul­tado muy bonito.

Fue una acti­vi­dad muy entre­te­nida. Empe­zando por la pre­pa­ra­ción, en la que Lola tam­bién par­ti­cipó, mez­clando los ingre­dien­tes, viendo cómo cam­biaba de color la masa al incor­po­rar la tém­pera y relle­nando des­pués los bibe­ro­nes de cocina con la ayuda de cucha­ras y embu­dos. Y por supuesto pintando.

Usa­mos como lienzo una vieja caja de car­tón que nos acom­paña desde hace varios meses y es uno de los jugue­tes favo­ri­tos de la peque. Como toda buena caja de car­tón, es un juguete de lo más mul­ti­dis­ci­pli­nar, lo mismo sirve de exce­lente tobo­gán como se con­vierte en una mesa impro­vi­sada para pre­pa­rar un ban­quete al que están invi­ta­dos todos nues­tros muñecos.

Lo que más llamó la aten­ción de Lola fue que los colo­res no se mez­cla­ban, bueno, eso y lo diver­ti­dí­simo que es apre­tar los bibe­ro­nes y ver los pede­tes que se tiran cuando casi no queda pin­tura. Nues­tra caja estaba ya un poco ave­riada de tanta bajada por el tobo­gán de todas las for­mas posi­bles y tenía unos sur­cos crea­dos que con­tri­buían a que la pin­tura se des­li­zase y el dibujo fuera cam­biando, lo que tuvo tam­bién su interés.

Todos los bibe­ro­nes que­da­ron vacíos y hasta quiso pre­pa­rar más, pero entre medias para­mos para comer algo y aca­ba­mos apar­cando la actividad.

La pasta es bas­tante densa así que es mejor usar un car­tón resis­tente para pin­tar. En nues­tro caso, Lola usó muchí­sima pin­tura y hasta dos días des­pués no ter­minó de estar seco. Dos días en los que estuvo inves­ti­gando varias veces si ya estaba seco, ras­cando y des­ha­ciendo la masa entre sus dedos.

Otra idea que he encon­trado en muchos blogs de inter­net es, cuando el soporte donde se pinta es más pequeño, ace­le­rar el secado con la ayuda de un micro­on­das para ver rápi­da­mente la trans­for­ma­ción. Noso­tras nos apun­ta­mos esta opción para la pró­xima vez.

January 16, 2011   9 Comments

Tijeras y nombres

Últi­ma­mente tene­mos un poco para­das las acti­vi­da­des artís­ti­cas. La razón son las dos últi­mas obse­sio­nes de Lola, las tije­ras y la escri­tura, que han des­pla­zado por com­pleto a cual­quier otra alternativa.

Apren­der a usar las tije­ras debió ser un paso emo­cio­nante que ha estado dis­fru­tando con pasión durante sema­nas. Ahora parece que la fie­bre por recor­tar está empe­zando a remi­tir y nues­tro suelo deja de estar lleno de peque­ños tro­ci­tos de papel, car­tu­lina y lanas.

Ha sido increí­ble ver como en unos días pasó de coger las tije­ras a dos manos y pedir­nos ayuda cons­tan­te­mente para suje­tar el papel, a con­se­guir usar sólo una mano –a veces la dere­cha, otras la izquierda– y suje­tar ella solita el papel… ¡el más difí­cil toda­vía fue recor­tar con una tijera en cada mano!.

Mi reco­men­da­ción es com­prar direc­ta­mente unas bue­nas tije­ras infan­ti­les con hoja de acero. Noso­tros le com­pra­mos ini­cial­mente unas de plás­tico, de esas que no cor­tan nada más que papel y la peque se frus­traba bas­tante cuando no cor­ta­ban bien. Cuando probó con unas de papá, casi más gran­des que ella, y des­cu­brió lo que eran unas tije­ras de ver­dad ya no hubo forma de que vol­viera a usar las de plás­tico. ¡Cómo nos gus­tan a todos los mate­ria­les buenos!

El des­cu­bri­miento de la “escri­tura” empezó tími­da­mente que­riendo poner su nom­bre en los dibu­jos y se desató total­mente con los pre­pa­ra­ti­vos del viaje a Ber­lín. Mien­tras yo apun­taba la lista de cosas que nos que­ría­mos lle­var, se acercó y empezó a imi­tarme, ano­tando su pro­pia lista de equi­paje. El juego tuvo tanto éxito que lo repe­ti­mos varias veces, ¡ya no sabía­mos que más lle­var­nos!, y el folio acabó com­ple­ta­mente lleno de sus notas.

Desde enton­ces, “escribe” muchas veces, a veces son peque­ños gara­ba­tos con­cen­tra­dos que supongo pre­ten­den imi­tar el juego de las letras y otras, líneas hori­zon­ta­les con lige­ras subidas y baja­das que recuer­dan fra­ses. Ella dice que está “haciendo nombres”:

Nor­mal­mente, según dibuja cuenta lo que está escri­biendo. La pena es que este juego, que tan inge­nioso me pare­ció al prin­ci­pio, la tiene tan obse­sio­nada que sus gara­ba­tos casi han des­a­pa­re­cido… y yo los echo de menos.

November 23, 2010   2 Comments

First Art: Art experiences for toddlers and twos

Últi­ma­mente tene­mos las acti­vi­da­des artís­ti­cas un poco aban­do­na­das… Parece que a Lola sólo le interesa pin­tar y pin­tar la mesa del salón, eso sí, ahora con téc­nica mixta, ceras y rotu­la­do­res.… Pero yo ya tengo en mente varias acti­vi­da­des para pasar unas tar­des entre­te­ni­das. Si hay un libro lleno de ideas exce­len­tes para hacer con los más peque­ños, fuente inago­ta­ble de ins­pi­ra­ción, es “First Art: Art Expe­rien­ces for Todd­lers and Twos”.


Su autora es Mary Ann Kohl, una edu­ca­dora espe­cia­li­zada en pro­gra­mas de arte para niños, con una amplia colec­ción de libros publi­ca­dos lle­nos de pro­pues­tas artís­ti­cas.
“First Art” va diri­gido a niños de uno, dos y tres años. Está divi­dido en seis sec­cio­nes que cubren dife­ren­tes acti­vi­da­des artís­ti­cas: pin­tar, mol­dear, dibu­jar, impri­mir, pegar y un último capí­tulo con ideas vario­pin­tas, un poco más diri­gi­das a los padres, para crear desde un caba­llete a par­tir de la caja de car­tón de una pizza hasta un cua­derno donde reco­ger sus mejo­res creaciones.

Es un libro muy ameno, escrito de una forma clara y sen­ci­lla y per­fecto para una con­sulta rápida. Los pro­yec­tos están muy bien orga­ni­za­dos y para cada uno se indica si requiere más o menos pre­pa­ra­ción, si es una acti­vi­dad rui­dosa o silen­ciosa, si hay que rea­li­zarla fuera de casa, si se presta a hacerla en grupo… y más deta­lles interesantes.

Lo más impor­tante es que el énfa­sis de todos los pro­yec­tos está puesto en el pro­ceso, en el dis­frute de la acti­vi­dad más que en el resul­tado. La mayo­ría de las pro­pues­tas por tanto no tie­nen ape­nas direc­tri­ces, se trata de pro­bar y dejar al niño que expe­ri­mente libre­mente. Como dice Mary Ann “todas las expe­rien­cias artís­ti­cas de mis libros valo­ran el “pro­ceso del arte”, y alien­tan al niño a pen­sar por sí mismo sobre cómo usar los mate­ria­les para hacer arte a su modo. Explo­ra­ción, des­cu­bri­miento y expe­ri­men­ta­ción son cla­ves en el pro­ceso crea­tivo de cada niño. Los niños no copian la mues­tra de arte que ha creado un adulto. El resul­tado final no es tan impor­tante como el pro­ceso de crear, aun­que por supuesto a los niños les puede gus­tar lo que han hecho”.

De aquí hemos sacado la receta de plas­ti­lina (aun­que enton­ces toda­vía no tenía­mos el libro), ideas de colla­ges, hemos pro­bado a pin­tar con agua en el suelo del par­que o a deco­rarlo con tizas moja­das en agua,  hemos hecho nues­tros pri­me­ros cra­yon resist… y un mon­tón de cosas más que nos que­dan por hacer. En casa tene­mos tam­bién de la misma autora “Big Messy Art Pro­jects”… que con­tiene justo lo que pro­mete su título, ideas un poco locas, en gran escala y con altas pro­ba­bi­li­da­des de aca­bar con pin­tura hasta en el fle­qui­llo, para rea­li­zar prin­ci­pal­mente al aire libre.

Podéis seguir a Mary Ann en su blog y con­sul­tar todos sus libros en su web. Otra gran segui­dora de sus libros es Jean de The Art­ful Parent, que ya la ha entre­vis­tado en dos oca­sio­nes. Y una entre­vista más a esta artista, esta vez en Wel­come To Our Won­der­land: My Little Artist’s, ¡y con opor­tu­ni­dad de par­ti­ci­par en el sor­teo de uno de sus libros si dejáis un comen­ta­rio antes del 3 de Octubre!.

Para los que no habláis inglés, bus­cando en Inter­net he encon­trado algún título de esta autora tra­du­cido al espa­ñol. No se exac­ta­mente con qué libro se corres­ponde, pero estoy segura que merece la pena.

September 29, 2010   5 Comments

Pintando

El domingo pasado Lola me pre­guntó ¿pin­ta­mos la mesa y luego la lim­pia­mos?. Lo repi­tió varias veces, dejando bien claro que no que­ría pin­tar sobre papel, y bueno, ante una pro­puesta tan bien plan­teada, no fui capaz de resis­tirme. Así que esta es la mesa de nues­tro salón, deco­rada con esmero (con rotu­la­do­res lava­bles, eso sí) y, según contó, muchos gusanitos:

Supongo que el cam­bio de super­fi­cie, nada menos que una mesa amplia y blanca para lle­narla de color, le resultó mara­vi­lloso por­que pasó un buen rato pin­tando por toda ella. Lo cierto es que, tal y como había anun­ciado, puso igual empeño en lim­piarla que en pintarla.

Des­pués, viendo que los cris­ta­les tam­bién habían reci­bido un poco de rotu­la­dor, deci­di­mos seguir ade­lante y deco­rar­los un poco más. Siguiendo la ins­pi­ra­ción de The Art­ful Parent, pin­ta­mos con espuma de afeitar.

Lola nos pidió agua para lim­piarse las manos y a par­tir de ahí, la acti­vi­dad se con­vir­tió más que en pin­tar en “afei­tar” el cris­tal con las manos para lim­piár­se­las acto seguido en el agua. Y por supuesto, regar toda la terraza con el agua. Un sim­ple man­gue­razo dejó el cris­tal mejor que estaba, que ya le hacía falta un poco de limpieza.

Desde ese día, pin­tar con rotu­la­do­res en la mesa se ha con­ver­tido en la nueva moda. Ahora tene­mos casi siem­pre la mesa deco­rada y…  libre de tras­tos. Ella pinta emo­cio­nada y luego comenta toda diver­tida lo que ha hecho. Esta des­crip­ción de sus gara­ba­tos es mi favo­rita: “esto es un gusa­nito, esto un cara­col, esto rayas”.

September 18, 2010   1 Comment

Pequeño azul y pequeño amarillo

Con­ti­nuando con el repaso por nues­tra biblio­teca, estas últi­mas sema­nas no puedo dejar de hablar de “Pequeño azul y pequeño ama­ri­llo”. Una joya de Leo Lionni (1910–1999) editada por Kalan­draka que le rega­la­ron a Lola por su cum­plea­ños (¡gra­cias chicas!).

Este fue el pri­mer cuento que creó e ilus­tró Leo Lionni, nada menos que en 1959, y sor­pren­den la vigen­cia y la fres­cura que sigue teniendo hoy en día.

Ade­más de pin­tor, escul­tor, ilus­tra­dor y crea­dor de cuen­tos infan­ti­les, Leo Lionni fue publi­cista y dise­ña­dor grá­fico, y esta faceta se nota espe­cial­mente en “Pequeño Azul y Pequeño Ama­ri­llo”. Con una téc­nica abs­tracta, uso del collage y una sen­ci­llez grá­fica tre­menda, Leo Lionni nos cuenta, a tra­vés de recor­tes irre­gu­la­res de papel de varios colo­res, la his­to­ria de los dos pro­ta­go­nis­tas, pequeño azul y pequeño ama­ri­llo, y cómo se vol­vie­ron ver­des. Parece men­tira la fuerza visual de estos sim­ples recor­tes de papel que son capa­ces de narrar una his­to­ria y con­ver­tirse en casas, mon­ta­ñas, cole­gios, túne­les y peque­ños que jue­gan y sien­ten. Resulta diver­tido saber que Leo Lionni creó este cuento durante un viaje en tren en el que empezó a jugar con peda­ci­tos de papel para entre­te­ner a sus nietos.

El texto es sen­ci­llo y bonito, y el libro es visual­mente una deli­cia. Los niños se iden­ti­fi­can con estos pro­ta­go­nis­tas, colo­res que cuando se mez­clan se trans­for­man, pero que son tam­bién niños como ellos, que viven en una casa con su papá y su mamá, que jue­gan, llo­ran y se abrazan. Lola ya se ha apren­dido muchas de las fra­ses y es diver­ti­dí­simo verla leerlo sola, con­tando dónde viven, bus­cando a pequeño ama­ri­llo, diciendo que se vol­vie­ron ver­des y que todos se abra­zan al final… pero a veces decide cam­biar el cuento y con­tar­nos la his­to­ria de pequeño marrón.

Pequeño azul y pequeño ama­ri­llo” marcó un antes y un des­pués en la lite­ra­tura infan­til y muy espe­cial­mente en el mundo de los álbu­mes ilus­tra­dos que en los años sesenta toda­vía estaba empe­zando. Leo Lionni escri­bió e ilus­tró muchos más títu­los, aun­que lamen­ta­ble­mente hay pocos tra­du­ci­dos al espa­ñol. En la biblio­teca hemos ojeado “Fre­de­rick”, una deli­ciosa vuelta de tuerca a la fábula de “La ciga­rra y la hor­miga”, donde por una vez la ocio­si­dad de la ciga­rra, en este caso, de un ratón con­tem­pla­tivo y poeta, se ve valo­rada por sus com­pa­ñe­ros tra­ba­ja­do­res incansables.

Esta es nues­tra par­ti­cu­lar ver­sión de este cuento. Como Leo Lionni con sus nie­tos, unos sim­ples peda­ci­tos de papel celo­fán y cha­rol han bas­tado para que Lola estu­viera entre­te­nida un buen rato, jugando a colo­car­los, creando mares, túne­les y casas y haciendo que se abra­za­ran para ver de qué color se vol­vían. Cuando incor­po­ra­mos la mesa de luz al juego toda­vía se emo­cionó más y acabó colo­cando a toda la fami­lia bien reco­gida den­tro de una casa, igual en sus pala­bras que la que le tra­je­ron los Reyes (¡cierto, los mis­mos colo­res de pared y tejado!), y aña­diendo un pañuelo den­tro con mucho cuidado.

Si no cono­cíais “Pequeño Azul y Pequeño Amarillo” y os habéis que­dado con ganas de saber más, os invito a leer la reseña que Mar­cela Carranza hace de este cuento y el espe­cial que escri­bió para la edi­to­rial Kalan­draka sobre este autor con motivo de su centenario.

August 7, 2010   No Comments