La pistola de cola
Creo que si no fuera por Teacher Tom nunca se me hubiera ocurrido proponer a Lola usar una pistola de cola. Entre otras cosas porque hasta hace poco nunca había caído una en mis manos y ni siquiera sabía que ya teníamos una en casa. Menos mal que este profesor americano, del que me declaro fan absoluta, me descubrió las posibilidades de esta herramienta. La primera vez que probamos Lola debía tener tres años y fue un fracaso. Nuestra pistola tenía el gatillo muy duro y ella no tenia fuerza para usarla. La idea se quedó aparcada pero este verano, dando una vuelta por la tienda Tiger, encontré una pistola pequeñita de cola que parecía perfecta para las manos de Lola. La compramos y desde el primer día que la usó fue un éxito.
La gran ventaja que tiene la pistola de cola frente a cualquier otro pegamento es la velocidad de secado, casi instantáneo, lo que permite hacer construcciones que de otra forma serían prácticamente imposibles. Seca tan rápido que no hace falta esperar ni usar sujeciones o apoyos para fijar la estructura, y es muy satisfactorio poder “construir” de una forma tan rápida.
Para crear estas esculturas usamos todo lo que se nos ocurre. Mucho material reciclado –cajas, bandejas de poliespán, tapones, corchos, cartones…- cartulinas, pequeños tesoros recogidos por Lola como palos y bellotas,… Yo preparo el material o buscamos entre las dos lo que más le apetece y luego la dejo que cree libre.
Lola es consciente del peligro que puede tener la pistola, sabe que el pegamento quema –un sustillo en un dedo se ha llevado ya– y es muy cuidadosa usándola. Yo estoy tranquila viendo como la utiliza y si no la sacamos más veces es por Leo, que todo lo quiere tocar.
Sus creaciones a veces son esculturas para contemplar pero otras se convierten en escenarios para jugar.

Me gusta mucho ver cómo Lola explora la construcción en tres dimensiones, cada vez con más soltura. Esta es su última creación, la llamó “La Puerta de Alcalá”. Estaba toda orgullosa cuando la terminó. Con cola blanca creo no habría sido capaz de levantar ese juego de palitos.
Por ahora estamos jugando con tamaños pequeños, pero creo que la próxima vez voy a proponerle algo un poco más grande. Ya os contaremos.
November 5, 2012 6 Comments
The Sound Playground
Esta es la primera de unas entradas que quiero dedicar a la intersección de dos cosas que nos gustan mucho en el país de las hadas: espacios de juego y música.
Comienzo con “The Sound Playground”, un rincón que pertenece al Concert Hall of the 21st Century de Amsterdam. Aunque se llame playground no es un parque infantil como los que conocemos, no hay columpios ni toboganes, pero sí es un espacio donde jugar y experimentar, en este caso con la música. “The Sound Playground” invita a niños y adultos a crear música, a convertirse en compositores sin necesidad de pentagramas ni saber tocar un instrumento. Para ello, cuenta con un conjunto de instalaciones musicales ideadas para niños de entre 7 y 12 años, que permiten hacer música de una forma diferente. El sonido nace al moverse, al pintar o al hacer construcciones.
La creación musical se enfoca de forma individual pero principalmente colectiva, porque todas las instalaciones están pensadas para el uso de varios niños a la vez.
Los nombres de estos extraños instrumentos, OMNI, SonOrb, Kosmix y Xenax parecen sacados de una película de ciencia ficción, igual que sus sonidos electrónicos y su aire futurista.
OMNI es la creación de Patrice Moullet, compositor e inventor de instrumentos musicales. Se trata de un instrumento de percusión que parece una gran seta multicololor. Está dividida en 108 panels de colores diferentes, cada una con su propio sonido y se toca golpeando con las manos. Admite varios músicos a la vez y se puede programar con diferentes muestras de sonido: voces, músicas del mundo, techno, orquesta.. las posibilidades son infinitas. Su aspecto me parece precioso e invitante a tocar.
Si os habéís quedado con las ganas de saber cómo suena, en este video podéis ver a un montón de niños en acción, dentro de un taller infantil con este instrumento realizado en París.
Detrás de las otras tres instalaciones está el artista músico Edo Paulus.
Kosmix es una alfombra musical de cinco metros cuadrados. De color negro con círculos blancos sensibles a la luz, cada círculo esconde un sonido. Rayos de luz van desde el techo hasta cada punto de forma que cuando el rayo se interrumpe, con la mano o el pie, se crea un sonido. Ha sido diseñada y creada en colaboración con Marien Hogerheijde y Danny de Graan.

En Xenax, un gran tapiz dividido en cuatro, los niños dibujan con un lápiz sobre una pantalla, pero en lugar de aparecer trazos, se crean sonidos y luces. Ha sido diseñado y producido en colaboración con Marien Hogerheijde e Yvonne Boelens.
Y por ultimo, SonOrb, un juego de 12 esferas de colores y 16 pedestales que me ha encantado. En lo alto de cada pedestal hay un hueco para albergar una esfera. Cuando una esfera se coloca sobre un pedestal, se enciende y emite un sonido. Cada esfera tiene su propio sonido. Colocando la esfera sobre pedestales diferentes se obtienen variaciones de este sonido. Pedestales altos dan como consecuencia variaciones agudas, y bajos graves. La esfera una vez colocada en un pedestal también se puede rotar para producir modulaciones del sonido. Cuantas más esferas se colocan, más sonidos se escuchan. Divertido, ¿verdad?
La visita al “Sound Playground” se realiza en grupos con la guía de un adulto. Ofrecen talleres y hasta se puede celebrar allí el cumpleaños con una fiesta para los amigos de lo más original.
October 28, 2012 No Comments
La primera vez que nací
Últimamente allá donde voy estoy rodeada de embarazadas. Así que me he acordado de un librito muy especial que es un regalo precioso para una recién estrenada mamá. Se trata de “La primera vez que nací”, un texto de Vincent Cuvellier, ilustrado por Charles Dutertre y editado en España por SM. La historia nos lleva de la mano de Carlota recorriendo su vida a través del relato de sus primeras veces, desde que nace, pasando por su niñez y adolescencia, hasta que se convierte en mujer adulta y finalmente mamá.
Es perfecto para leer con los niños, seguro que les hace reir, pero también para disfrutarlo las mamás solas. Con frases cortas y sencillas, es fácil verse reflejada en muchos de esos primeros descubrimientos. “La primera vez que nací” está lleno de emoción y ternura, de palabras dulces y también divertidas, te arranca sonrisas, risas y, si eres como yo, de lágrima fácil, hasta alguna lagrimilla.
El libro empieza así:
La primera vez que abrí los ojos, los cerré rápidamente. Lloré. Levanté mis manos al cielo y las posé entre dos montañas de leche. Dejé de llorar. Abrí los ojos por segunda vez en mi vida. Vi la luz más suave del mundo: eran los ojos de mamá.
Y siguen muchas primeras veces, donde los recuerdos se van hilando uno tras otro y a veces se entrecruzan y juegan entre sí. Es difícil elegir, estas son solo una muestras. Las hay divertidas:
La primera vez que hice pipí, fue encima de papá.
La primera vez que subí a un autobús, piqué el billete tres veces. Para estar segura. Luego me subí en las rodillas de papá y le besé tres veces. Para estar segura.
La primera vez que me disfracé, fue de princesa. La segunda vez que me disfracé, fue de princesa. La tercera vez que me disfracé, fue de princesa. Por lo tanto, soy una princesa.
La primera vez que me monté en bicicleta sin ruedines, lo hice con los ojos cerrados, sin manos y sin papá.
y muchas emocionantes:
La primera vez que mi abuelo murió, mamá me abrazó para consolarme. Pero, en realidad fuí yo quien la abrazó para consolarla.
La primera vez que su mano tocó la mía, sentí el viento soplar sobre mis párpados cerrados.
La primera vez que te moviste dentro de mi vientre, cerré los ojos y escuché el sonid0 del mar.
La primera vez que te vi, fuiste tú quien cerró los ojos y esta vez el mar era yo.
El final del libro es ese cierre perfecto con el que definitivamente el autor da en la diana del corazón de una madre:
La primera vez que naciste, fue la segunda vez que yo nací.
October 14, 2012 11 Comments
Falso batik + freezer paper
Este verano fuimos a conocer a la profe de Lola y nos volvimos a casa con una bolsa de tela para que Lola la personalizara a su gusto y la lleváramos al cole bien llena con ropa de cambio. A las dos nos encantó la idea, pero nos íbamos de vacaciones y el proyecto quedó aparcado. Dos dias antes de empezar el cole nos pusimos manos a la obra y por fin hace un par de semanas la dejamos colgada en su percha.
Antes de decidir cómo la íbamos a pintar, comentamos todas las posibilidades que se nos ocurrían: rotuladores, ceras, pintura, pegarle cosas, teñirla,… y para mi sorpresa Lola me dijo que quería repetir el falso batik que hicimos con pegamento y acrílicos a principios de verano.

El bote grande de pegamento se nos había acabado y Lola uso unos chiquititos. El resultado fue un poco diferente porque con estos botes a Lola le costaba más apretar y las líneas se rompían en varios puntos. Entre que probamos con varios pegamentos, que dejamos secar una cara del bolso y empezamos con la otra, que se acabó el pegamento… Lola se cansó de tanto preparativo y perdió interés en seguir.

Para reanimar el proyecto se me ocurrió usar por fin un rollo de freezer paper que tenía guardado desde hace tiempo. El freezer paper es un papel para congelar alimentos que en Estados Unidos se encuentra fácilmente en cualquier supermercado. Tiene una cara encerada de forma que cuando este lado brillante se coloca encima de una tela y se plancha, el papel se queda pegado a la tela. Esto permite utilizarlo para crear tus propias plantillas de estarcido. El papel se recorta de la forma deseada, se pega y luego se pinta por encima. La pintura no penetra donde está el papel y una vez seco se despega sin problema. Yo no lo he encontrado a la venta en España en supermercados, el nuestro vino desde Estados Unidos aprovechando un viaje de trabajo del papá, pero he visto que ya se puede encontrar en Amazon (en láminas en Amazon España o rollo en Amazon USA) o en tiendas de manualidades como Manos Maravillosas.
A mi se me ocurrió usar las troqueladoras que tenemos y que a Lola le encantan para recortar formas y pegarlas en el bolso. Con las más grandes tuvimos que poner un folio debajo del freezer paper para que no se quedaran atascadas pero las pequeñas lo cortaban sin problemas.
La idea era la misma que con el pegamento: pegar las formas recortadas, pintar por encima y al despegarlas descubrir que han dejado su forma en la tela. Usamos estrellitas, ositos, cuadrados, círculos, una luna fruto de un círculo atascado y corazones. Lola decidió cuántos y dónde quería colocarlos y yo pasé la plancha bien caliente por encima para fijarlos.
Después sacamos las pinturas acrílicas (las nuestras son del Lidl). Lola eligió los colores que quería usar y con pincel fue aplicando la pintura. Esta vez las diluimos muy poquito y quedaron colores muy intensos. Como veis en las fotos, no pintó todo el bolso, sólo pasó por encima de todas las pegatinas y el pegamento.
Lo dejamos secar y al día siguiente retiramos impacientes los papeles pegados. La mayoría dejaron su dibujo perfecto. Luego metimos el bolso en agua caliente para levantar el pegamento una vez reblandecido.
Aquí podéis ver un detalle de alguna de las figuras troqueladas:
Y este es un antes y un después de quitar el pegamento… con los papeles fuimos tan impacientes que no lo hicimos. ¿Parece una cara?
El resultado nos encantó. A mi personalmente me gusta mucho la mezcla de figuras geométricas y bien definidas con las formas irregulares y orgánicas del pegamento.
October 5, 2012 3 Comments
21 Balançoires
21 Balançoires es una invitación a jugar y hacer música que se pudo disfrutar la primavera pasada en el Promenade des Artists del Quartier des Spectacles de Montreal. Se trata de un instrumento gigante colectivo compuesto por nada menos que 21 columpios musicales. Una idea preciosa de la pareja de artistas Mouna Andraos and Melissa Mongiat, que trabajaron en colaboración con Luc-Alain Giraldeau, profesor de comportamiento animal en la UQAM Faculté des Sciences, y el compositor Radwan Ghazi-Moumneh.
Cada columpio en sí es un instrumento diferente. Cuando empieza a moverse “toca” una sola nota, pero a medida que va subiendo más y más alto, el sonido va cambiando y se convierte en arpegios y melodías.Pero es que además los columpios están pensados para interactuar, de forma que hay sonidos que sólo se producen fruto de la cooperación. En total, son siete conjuntos de tres columpios cada uno con distintos sonidos clásicos.
“Tiene que existir una conexión de algún tipo entre la gente, por miradas, reacciones, ajustes… Lo que la gente escucha depende de lo que hace cada uno. Y esa es la parte que para nosotros es fascinante: estamos en medio de la ciudad, la gente no se conoce y nos emociona ver cómo reaccionan y cooperan” Melissa Mongiat
El diseño es colorista, moderno y tiene hasta luz por la noche para aumentar un poquito la magia.
Photos : olivierblouin.com para Daily Tous les Jours
Una invitación para todas las edades que sorprende y emociona por su belleza y singularidad, y que además nos transmite el poder del trabajo en equipo. Me encantaría poder columpiarme en los 21 Balançoires.
September 21, 2012 4 Comments
Pintándose el cuerpo
Por aquí sigue haciendo calor, así que quizá no sea demasiado tarde para compartir una de las tardes que más ha disfrutado Lola este verano. El escenario nuestra terraza y las claves del éxito la combinación de dos cosas que le encantan a mi pequeña. La primera pintarse el cuerpo. Le ha gustado siempre, ¿os acordáis de una marcianita de dos años?, pero últimamente no hay día que no se pinte la cara. La segunda jugar con la manguera y remojarse en la piscinita hinchable que tenemos.

La propuesta era para Lola y Leo, pero Leo participó poco. Creo que no le hacía demasiada gracia su hermana manguera en mano, apuntando a todos lados y se pasó casi todo el rato huyendo.
Para fabricar nuestra pintura casera para el cuerpo lo primero que hice fue investigar un poquito por Internet. Las mezclas más populares usan una base de crema limpiadora, champú o de grasa vegetal (vegetable shortening) a la que se le añade pintura o colorante. Me gustaba más la idea de que la pintura fuera comestible por si Leo se la llevaba a la boca, así que me quedé con la idea de la grasa y usé un sustituto vegetal de nata del Mercadona que teníamos en la nevera, colorantes alimenticios y un poquito de maicena.



Las cantidades fueron totalmente a ojo. La textura era muy agradable, una mezcla entre crema de afeitar y nata montada de colores intensos que una vez en el cuerpo si se dejaba secar quedaba bastante fja. Algunos colores quedaron más cubrientes que otros, pero no se si debió a la irregularidad de las medidas o a la diferencia de colorantes. Eso sí, Lola no dió mucho pie a que se secara la pintura, su diversión era pintarse y remojarse al momento para limpiarse.


Lola se pintó mil veces, toda entera y de todos los colores. Tuve que hacer tres tandas de pintura porque siempre me pedía más. Según terminaba con un color, se limpiaba con la manguera o se tiraba a la piscina. Ya os podéis imaginar cómo quedó el agua de la piscina con tanto baño de colores: un agua negra que la locuela se echaba encantada por la cabeza.


Como no dejó prácticamente que la pintura secase en su piel, fue muy fácil limpiarla en la bañera, mientras que a Leo y a mi que no estuvimos tanto en remojo nos costó un poquito más. Y todos salimos un poco aceitados a pesar del jabón y el agua.
Fue muy divertido verla. Estaba muy loca, cantaba, contaba historias y brillaba de felicidad. ¿Se nota, verdad?
September 16, 2012 6 Comments
Septiembre
Prometo que quería publicar por lo menos tres posts por semana este verano, que tenía un montón de ideas apuntadas en mi libreta y hasta tenía planificadas varias semanas, yo que siempre voy improvisando. Pero la realidad es que Leo y Lola no me han dejado apenas tiempo libre y me han faltado fuerzas y ganas. La solución de robar horas de sueño sólo consigue una mamá cansada y que pierde los nervios con facilidad. Así que no me quedó otra que asumir que era incapaz de seguir ese ritmo soñado y que el blog seguiría nuestro ritmo relajado de vacaciones. El resultado es que en Julio apenas publiqué tres entradas y llevo sin aparecer por aquí más de un mes. Cuando veo que todavía hay quien me lee, no me lo creo.
Siento no avisar de estas ausencias, soy un desastre de etiqueta bloguera. Pero aunque sea irregular escribiendo y tarde días en contestar correos y comentarios, sí quiero aprovechar para daros las gracias a todos los que pasáis por aquí. Cada visita, cada línea, cada correo me hace muy feliz y los agradezco de corazón. Prometo intentar cuidaros un poco más.
Así que ya estamos de vuelta. ¿Dónde se ha ido el verano?, ¿cómo se han podido pasar ya los días de calor y vacaciones?. Septiembre se nos echa encima con su carga de vuelta a la rutina, de madrugones y para nosotros de cambios. Muchos cambios que a mi se me hacen un poco bola. Lola comienza el colegio, tiene ganas y miedos. Creo que no le costará mucho hacerse al cambio, está tan grande, confío que va descubrir un mundo nuevo que la va a hacer feliz. Leo ya ha empezado su adaptación para ir con la madre de dia donde fue su hermanita, sospecho que si lo entendiera no tendría ganas y sí miedos. Y yo vuelvo a trabajar, sin ganas y con algún miedo.
Yo querría que mi excedencia fuera como un chicle que se diera de sí mucho mucho más, pero la realidad es esta. No puedo evitar sentirme culpable, es lo que tiene pensar que mi peque donde debería estar es con su mami. Se que estará bien, que otras manos amorosas lo van a mimar y al final casi estoy más agobiada pensando en mi que en él. Triste cuando pienso cómo me voy a perder su sonrisa tantas horas, que no voy a estar ahí para mirarle extasiada mientras explora y juega con el mundo o para consolarle cuando le pase algo. Me habían dicho que con el segundo sería más fácil, pero a mi me duele igual… la diferencia es que esta vez estoy un poquito más entera y consigo no ir llorando por los rincones.
Se que acabo de prometer cuidaros un poco más, pero con tanto cambio, ni yo misma se cuál es el futuro de este país de las hadas, el tiempo lo dirá. Yo espero seguir encontrando un ratito para escribir y encontrarme aquí con todos vosotros, pero a ratos pienso que va a ser imposible.
Y como este post ha sido un poco desahogo y me ha dejado un sabor tristón, quiero cerrar con algo hermoso: la canción “Ayúdame a mirar”, del Duo Karma, inspirada en un cuento de Eduardo Galeano que justo he descubierto este verano.
Diego no conocía la mar. El padre, Santiago Kovadloff, lo llevó a descubrirla. Viajaron al sur. Ella, la mar, estaba más allá de los altos médanos, esperando.
Cuando el niño y su padre alcanzaron por fin aquellas cumbres de arena, después de mucho caminar, la mar estalló ante sus ojos. Y fue tanta la inmensidad de la mar, y tanto su fulgor, que el niño se quedó mudo de hermosura.
Y cuando por fin consiguió hablar, temblando, tartamudeando, pidió a su padre: –¡Ayúdame a mirar!Eduardo Galeano
de “El libro de los abrazos”
Maravilloso cuento, maravillosa canción.
La canción se la debo al genial Pescetti. ¿No os recuerdan los juegos de vasos a los de Lenga la Lenga?
Ahora sí, mucho más positiva, os deseo un Septiembre pausado, sin demasiados agobios. Al mal tiempo, buena cara, que no os falte la sonrisa.
September 9, 2012 7 Comments
Enjaulada
Hace mas de un año empecé a escribir un post dedicado a una empresa holandesa que dejé a medio terminar. Se trataba de Carve, dedicada al diseño e ingeniería de espacios públicos para el uso especialmente de niños y jóvenes. Entre sus creaciones más conocidas está el Wall-Holla, un juego de estructuras serpenteantes de varios pisos encerrado entre dos vallas paralelas. El aspecto de esta jaula me llamó mucho la atención pero no imaginaba que unos meses después iba a ver a mi hija trepando por una de ellas. No nos ha hecho falta viajar muy lejos, sólo acercarnos al Parque de Las Hormigas dentro del Parque de Galicia, en Alcobendas (Madrid). Un descubrimiento que le debemos a Mi plan con hijos.
El Wall-Hola o el hormiguero como le llaman en Alcobendas es el elemento central del parque. Hay varios accesos para entrar, unos a pie de tierra y otros a los que se accede trepando por el exterior con la ayuda de unas presas. También se puede salir desde los pisos altos deslizándose por una barra de bomberos. En el interior unas planchas de goma naranja que suben y bajan con agujeros para pasar de nivel y algún juego de cuerdas.
Nada más llegar al parque, Lola se fue derecha a meterse en la jaula. Los carteles indicaban que el Wall-Hola era para niños a partir de cinco años, pero Lola, superados los primeros miedos, se defendió muy bien y consiguió subir hasta lo más alto varias veces toda orgullosa. Le gustó mucho y está deseando volver con sus amigos.
Es una estructura muy atractiva a la vista, que por su diseño vertical ocupa muy poco espacio. De por sí, en Carve proponen que se use como límite del campo en muchos deportes de pelota y hasta se puede equipar con una portería de fútbol.
El hormiguero forma parte de una zona de juego infantil muy completa que Lola recorrió enterita. 1600m2 diseñados por la empresa Lappset, especializada en áreas de juego para niños y distribuidores del Wall-Hola de Carve. Es un parque muy agradable tanto para niños como mayores. Nos gustó mucho el juego de desniveles del terreno, lleno de pequeños montículos y depresiones que a su vez dibujan caminos a su alrededor, y la nota de color de esos botones gigantes de colores que parecen enormes lacasitos. Las hormigas aparecen dibujadas en el suelo, paseándose por los juegos y trepando hasta por el Wall-Hola.
Además del Wall-Hola, los niños tienen mucho para escoger. Yo me quedé con ganas de probar los juegos de canicas como en el que se está subiendo Leo en la foto.

Los favoritos de Lola fueron el columpio hamaca, daba risa ver los gritos de emoción, una mezcla de miedo y alegría, que daba, y una pirámide de cuerdas que giraba como si fuera un tiovivo.

Este no es el único parque especial que tienen en Alcobendas, así que dentro de nada nos haremos otra escapada para jugar un rato.
July 31, 2012 9 Comments
Fin de semana teatral
Qué delicia es ir al teatro y salir con esa sensación maravillosa de que nos han hecho soñar y emocionarnos. Hace dos fines de semana tuvimos la suerte de que lo hicieron por partida doble. El viernes le tocó el turno a los Titiriteros de Binéfar y su espectáculo “En la Boca del Lobo” y el sábado “Otto” de Teloncillo Teatro. Dos espectáculos muy diferentes pero que nos dejaron con una sonrisa en la boca y muchas ganas de repetir. Llevo desde entonces queriendo dedicarles una entrada pero el ritmo veraniego me puede.
A los Titiriteros de Binéfar les teníamos muchas ganas. Desde que Lola tenía un año llevamos detrás de ir a verles, pero por unos motivos o por otros no lo habíamos conseguido. Cuando me enteré que estaban en el Círculo de Bellas Artes tres días, no lo dudé. El primer día allí estábamos. “En la boca del lobo” es un homenaje a la tradición popular que hila de principio a fin cuentos, canciones, adivinanzas, juegos y dichos populares. Lo hace sólo con dos personas en el escenario, un músico y un titiritero cuentista, y por supuesto muchos títeres preciosos para acompañar y dar vida a todas las historias. Nos pareció un montaje perfecto, con el ritmo justo y una presencia en escena maravillosa, mágica y cercana. Tenía su punto de emoción, ternura, miedo, risa… Reconocimos canciones, personajes y dichos, y aprendimos otros nuevos. Lola lo disfrutó muchísimo, sus papás más, y Leo aguantó tranquilo y atento toda la función. Es un espectáculo precioso para grandes y pequeños. Además salimos con tres discos de los Titiriteros debajo del brazo, así que en breve os hablaré de nuestro nueva discoteca.
Aquí podéis ver un resumen:
“En la boca del lobo” le quedaba un poco grande al pequeño Leo, pero el espectáculo del sábado estaba pensado para él. Y es que Otto es una obra para bebés, de cero a cuatro años, que abría la programación infantil del Festival Fringe. Una creación de la compañía vallisoletana Teloncillo, especializada en teatro infantil. Leo estuvo completamente hipnotizado, sin moverse, la mejor demostración de que el espectáculo es todo un éxito. Y Lola, más grande, se lo pasó también fenomenal, siguiendo cada canción y movimiento con atención. La obra gira alrededor del pequeño Otto, un niño que nació en Mali y ahora vive en París con sus papás. Hay magia, cajas que se abren y encierran sorpresas y muchas canciones. Música en directo bonita, toda ella original, con letras simpáticas y divertidas. Al terminar la función, los niños pudieron acercarse y tocar absolutamente todo, desde probar el sonido de las campanas hasta pasear el camión de bomberos. Nos quedamos con ganas de poder llevarnos a casa un CD con la canción de Otto o el de mayor quiero ser bombero, pero nos contaron que todavía les faltaba un poquito para tenerlo disponible.
Este es el minitrailer de Otto:
“En la boca del lobo” y “Otto” nos han dejado con ganas de mucho más teatro.
July 26, 2012 4 Comments
De pinturas y costuras
Llegaron las vacaciones y como cada año preparamos un detalle especial para las “profes” de Lola. Este final de curso además era muy especial porque después de tres años Lola decía adiós a su casita de madres de día y en Septiembre empezará el cole.
El año pasado yo cosí unas bolsas reversibles a partir de una tela pintada por Lola. Este año también recurrimos a la tela pintada y a la costura para hacer unos estuches con cremallera. Regalar algo hecho por nosotras nos gusta, hablamos de lo que vamos a hacer y ponemos nuestro cariño en todo el proceso, una experiencia fantástica para las dos.
Para pintar la tela usamos una técnica de batik casero, fácil para niños, que utiliza pegamento en lugar de cera para aplicarlo en las zonas de la tela que no se quieren teñir. Una idea de que sacamos de That Artist Woman. En el blog de Heather Smith Jones podéis ver también las creaciones de sus alumnos con la misma técnica.
“That Artist Woman” usa un pegamento en gel azul lavable de la marca Elmer, muy popular en Estados Unidos. No se si en España se vende algo parecido, nosotros usamos cola blanca escolar y funcionó, aunque el proceso de quitar el pegamento fue laborioso. Como tela utilizamos un retor blanco.
Lo primero fue repartir el pegamento por encima. Lola disfrutó mucho este paso, vertiendo directamente del bote. Lo mejor es que en el resultado final se observan todos los detalles, desde las líneas finas que casi van gotita a gotita hasta los grandes pegotes. Los dibujos que hizo eran abstractos e irregulares pero se podrían hacer motivos figurativos o como en Swallowfield repetir patrones geométricos, como un motivo de círculos, con un resultado precioso.
La tela la dejamos secar muy bien y al día siguiente, la pintamos con acrílico diluído en agua. Lola empezó muy animada, eligiendo los colores, cambiando de pincel para cada color… pero lo de cubrir la tela entera la acabó cansando y al final tuve que terminar de cubrir los huecos que había dejado. Hubiera preferido que la pintura la hubiera hecho ella sola y yo la costura, pero tenía claro que no quería terminar y al fin y al cabo estábamos trabajando en equipo. Tengo que admitir que en este punto no tenía ninguna fe en que el batik fuera a funcionar porque parecía que la pintura había penetrado por debajo del pegamento.
Una vez pintada la tela, la dejamos secar bien.
Después lo lavamos con agua caliente para que el pegamento se ablandara y se pudiera desprender de la tela. En nuestro caso, hubo que ir raspando con la uña por todo el pegamento para que saliera. Fue laborioso y un poco pesado, pero se despegó entero. Los colores del acrílico perdieron un poco de fuerza con el lavado pero resistieron muy bien, ¡yo ya no vuelvo a comprar pintura de tela!
Y con la tela lista y el tiempo justo, mamá se puso manos a la obra. Para ser la primera vez que cosía una cremallera y hacía un estuche, quedé muy satisfecha del resultado y Lola, que me dejó coser sin decir ni una palabra, me dijo que eran preciosos, ¡qué más se puede pedir!
Para hacer el estuche encontré un montón de tutoriales por internet y me quedé con estos dos: un vídeo de Nairamkitty Crafts, y un tutorial de Design Sponge. Fue fácil fácil, y una vez perdido el miedo me veo haciendo estuches de todos los tamaños. Los próximos con forro de tela plastificada para que sean impermeables.
El regalo lo acompañamos de un libro para cada una de sus madres de días. Dos elecciones de la misma autora que para mi son muy especiales. The Creative Family y The Rhythm of Family: Discovering a Sense of Wonder Through the Seasons. Libros que respiran amor por la infancia, la familia, la naturaleza, las cosas bonitas y despiertan las ganas de sentir, compartir y crear. Su autora es Amanda Soule, autora de SouleMama, uno de los primeros blogs que me engancharon hace ya muchos años.
No me pude resistir a adornar los regalos con unos motivos realizados con alambre y lana, que colocamos en el campo unos minutos antes de entregarlos.
Ale y Maribel, GRACIAS de corazón, os queremos.
July 9, 2012 10 Comments







































