las cosas de Lola y su mamá

Random header image... Refresh for more!

La pistola de cola

Creo que si no fuera por Tea­cher Tom nunca se me hubiera ocu­rrido pro­po­ner a Lola usar una pis­tola de cola. Entre otras cosas por­que hasta hace poco nunca había caído una en mis manos y ni siquiera sabía que ya tenía­mos una en casa. Menos mal que este pro­fe­sor ame­ri­cano, del que me declaro fan abso­luta, me des­cu­brió las posi­bi­li­da­des de esta herra­mienta. La pri­mera vez que pro­ba­mos Lola debía tener tres años y fue un fra­caso. Nues­tra pis­tola tenía el gati­llo muy duro y ella no tenia fuerza para usarla. La idea se quedó apar­cada pero este verano, dando una vuelta por la tienda Tiger, encon­tré una pis­tola peque­ñita de cola que pare­cía per­fecta para las manos de Lola. La com­pra­mos y desde el pri­mer día que la usó fue un éxito.

La gran ven­taja que tiene la pis­tola de cola frente a cual­quier otro pega­mento es la velo­ci­dad de secado, casi ins­tan­tá­neo, lo que per­mite hacer cons­truc­cio­nes que de otra forma serían prác­ti­ca­mente impo­si­bles. Seca tan rápido que no hace falta espe­rar ni usar suje­cio­nes o apo­yos para fijar la estruc­tura, y es muy satis­fac­to­rio poder “cons­truir” de una forma tan rápida.

Para crear estas escul­tu­ras usa­mos todo lo que se nos ocu­rre. Mucho mate­rial reci­clado –cajas, ban­de­jas de poli­es­pán, tapo­nes, cor­chos, car­to­nes…- car­tu­li­nas, peque­ños teso­ros reco­gi­dos por Lola como palos y bello­tas,… Yo pre­paro el mate­rial o bus­ca­mos entre las dos lo que más le ape­tece y luego la dejo que cree libre.

Lola es cons­ciente del peli­gro que puede tener la pis­tola, sabe que el pega­mento quema –un sus­ti­llo en un dedo se ha lle­vado ya– y es muy cui­da­dosa usán­dola. Yo estoy tran­quila viendo como la uti­liza y si no la saca­mos más veces es por Leo, que todo lo quiere tocar.

Sus crea­cio­nes a veces son escul­tu­ras para con­tem­plar pero otras se con­vier­ten en esce­na­rios para jugar.

Me gusta mucho ver cómo Lola explora la cons­truc­ción en tres dimen­sio­nes, cada vez con más soltura. Esta es su última crea­ción, la llamó “La Puerta de Alcalá”. Estaba toda orgu­llosa cuando la ter­minó. Con cola blanca creo no habría sido capaz de levan­tar ese juego de palitos.

Por ahora esta­mos jugando con tama­ños peque­ños, pero creo que la pró­xima vez voy a pro­po­nerle algo un poco más grande. Ya os contaremos.

November 5, 2012   6 Comments

The Sound Playground

Esta es la pri­mera de unas entra­das que quiero dedi­car a la inter­sec­ción de dos cosas que nos gus­tan mucho en el país de las hadas: espa­cios de juego y música.

Comienzo con “The Sound Play­ground”, un rin­cón que per­te­nece al Con­cert Hall of the 21st Cen­tury de Ams­ter­dam. Aun­que se llame play­ground no es un par­que infan­til como los que cono­ce­mos, no hay colum­pios ni tobo­ga­nes, pero sí es un espa­cio donde jugar y expe­ri­men­tar, en este caso con la música. “The Sound Play­ground” invita a niños y adul­tos a crear música, a con­ver­tirse en com­po­si­to­res sin nece­si­dad de pen­ta­gra­mas ni saber tocar un ins­tru­mento. Para ello, cuenta con un con­junto de ins­ta­la­cio­nes musi­ca­les idea­das para niños de entre 7 y 12 años, que per­mi­ten hacer música de una forma dife­rente. El sonido nace al moverse, al pin­tar o al hacer construcciones.

La crea­ción musi­cal se enfoca de forma indi­vi­dual pero prin­ci­pal­mente colec­tiva, por­que todas las ins­ta­la­cio­nes están pen­sa­das para el uso de varios niños a la vez.

Los nom­bres de estos extra­ños ins­tru­men­tos, OMNI, SonOrb, Kos­mix y Xenax pare­cen saca­dos de una pelí­cula de cien­cia fic­ción, igual que sus soni­dos elec­tró­ni­cos y su aire futurista.

OMNI es la crea­ción de Patrice Mou­llet, com­po­si­tor e inven­tor de ins­tru­men­tos musi­ca­les. Se trata de un ins­tru­mento de per­cu­sión que parece una gran seta mul­ti­co­lo­lor. Está divi­dida en 108 panels de colo­res dife­ren­tes, cada una con su pro­pio sonido y se toca gol­peando con las manos. Admite varios músi­cos a la vez y se puede pro­gra­mar con dife­ren­tes mues­tras de sonido: voces, músi­cas del mundo, techno, orquesta.. las posi­bi­li­da­des son infi­ni­tas. Su aspecto me parece pre­cioso e invi­tante a tocar.

Si os habéís que­dado con las ganas de saber cómo suena, en este video podéis ver a un mon­tón de niños en acción, den­tro de un taller infan­til con este ins­tru­mento rea­li­zado en París.

Detrás de las otras tres ins­ta­la­cio­nes está el artista músico Edo Pau­lus.

Kos­mix es una alfom­bra musi­cal de cinco metros cua­dra­dos. De color negro con círcu­los blan­cos sen­si­bles a la luz, cada círculo esconde un sonido. Rayos de luz van desde el techo hasta cada punto de forma que cuando el rayo se inte­rrumpe, con la mano o el pie, se crea un sonido. Ha sido dise­ñada y creada en cola­bo­ra­ción con Marien Hoger­heijde y Danny de Graan.

En Xenax, un gran tapiz divi­dido en cua­tro, los niños dibu­jan con un lápiz sobre una pan­ta­lla, pero en lugar de apa­re­cer tra­zos, se crean soni­dos y luces. Ha sido dise­ñado y pro­du­cido en cola­bo­ra­ción con Marien Hoger­heijde e Yvonne Boelens.

Y por ultimo, SonOrb, un juego de 12 esfe­ras de colo­res y 16 pedes­ta­les que me ha encan­tado. En lo alto de cada pedes­tal hay un hueco para alber­gar una esfera. Cuando una esfera se coloca sobre un pedes­tal, se enciende y emite un sonido. Cada esfera tiene su pro­pio sonido. Colo­cando la esfera sobre pedes­ta­les dife­ren­tes se obtie­nen varia­cio­nes de este sonido. Pedes­ta­les altos dan como con­se­cuen­cia varia­cio­nes agu­das, y bajos gra­ves. La esfera una vez colo­cada en un pedes­tal tam­bién se puede rotar para pro­du­cir modu­la­cio­nes del sonido. Cuan­tas más esfe­ras se colo­can, más soni­dos se escu­chan. Diver­tido, ¿verdad?

La visita al “Sound Play­ground” se rea­liza en gru­pos con la guía de un adulto. Ofre­cen talle­res y hasta se puede cele­brar allí el cum­plea­ños con una fiesta para los ami­gos de lo más original.

 

October 28, 2012   No Comments

La primera vez que nací

Últi­ma­mente allá donde voy estoy rodeada de emba­ra­za­das. Así que me he acor­dado de un librito muy espe­cial que es un regalo pre­cioso para una recién estre­nada mamá. Se trata de “La pri­mera vez que nací”, un texto de Vin­cent Cuve­llier,  ilus­trado por Char­les Duter­tre y edi­tado en España por SM. La his­to­ria nos lleva de la mano de Car­lota reco­rriendo su vida a tra­vés del relato de sus pri­me­ras veces, desde que nace, pasando por su niñez y ado­les­cen­cia, hasta que se con­vierte en mujer adulta y final­mente mamá.

Es per­fecto para leer con los niños, seguro que les hace reir, pero tam­bién para dis­fru­tarlo las mamás solas. Con fra­ses cor­tas y sen­ci­llas, es fácil verse refle­jada en muchos de esos pri­me­ros des­cu­bri­mien­tos. “La pri­mera vez que nací” está lleno de emo­ción y ter­nura, de pala­bras dul­ces y tam­bién diver­ti­das, te arranca son­ri­sas, risas y, si eres como yo, de lágrima fácil, hasta alguna lagrimilla.

El libro empieza así:

La pri­mera vez que abrí los ojos, los cerré rápi­da­mente. Lloré. Levanté mis manos al cielo y las posé entre dos mon­ta­ñas de leche. Dejé de llo­rar. Abrí los ojos por segunda vez en mi vida. Vi la luz más suave del mundo: eran los ojos de mamá.

Y siguen muchas pri­me­ras veces, donde los recuer­dos se van hilando uno tras otro y a veces se entre­cru­zan y jue­gan entre sí. Es difí­cil ele­gir, estas son solo una mues­tras. Las hay divertidas:

La pri­mera vez que hice pipí, fue encima de papá.

La pri­mera vez que subí a un auto­bús, piqué el billete tres veces. Para estar segura. Luego me subí en las rodi­llas de papá y le besé tres veces. Para estar segura.

La pri­mera vez que me dis­fracé, fue de prin­cesa. La segunda vez que me dis­fracé, fue de prin­cesa. La ter­cera vez que me dis­fracé, fue de prin­cesa. Por lo tanto, soy una princesa.

La pri­mera vez que me monté en bici­cleta sin rue­di­nes, lo hice con los ojos cerra­dos, sin manos y sin papá.

y muchas emocionantes:

La pri­mera vez que mi abuelo murió, mamá me abrazó para con­so­larme. Pero, en reali­dad fuí yo quien la abrazó para consolarla.

La pri­mera vez que su mano tocó la mía, sentí el viento soplar sobre mis pár­pa­dos cerrados.

La pri­mera vez que te moviste den­tro de mi vien­tre, cerré los ojos y escu­ché el sonid0  del mar.

La pri­mera vez que te vi, fuiste tú quien cerró los ojos y esta vez el mar era yo.

El final del libro es ese cie­rre per­fecto con el que defi­ni­ti­va­mente el autor da en la diana del cora­zón de una madre:

La pri­mera vez que naciste, fue la segunda vez que yo nací.
Un final tan mágico, tan cierto, tan maravilloso.

October 14, 2012   11 Comments

Falso batik + freezer paper

Este verano fui­mos a cono­cer a la profe de Lola y nos vol­vi­mos a casa con una bolsa de tela para que Lola la per­so­na­li­zara a su gusto y la lle­vá­ra­mos al cole bien llena con ropa de cam­bio. A las dos nos encantó la idea, pero nos íbamos de vaca­cio­nes y el pro­yecto quedó apar­cado. Dos dias antes de empe­zar el cole nos pusi­mos manos a la obra y por fin hace un par de sema­nas la deja­mos col­gada en su percha.

Antes de deci­dir cómo la íbamos a pin­tar, comen­ta­mos todas las posi­bi­li­da­des que se nos ocu­rrían: rotu­la­do­res, ceras, pin­tura, pegarle cosas, teñirla,… y para mi sor­presa Lola me dijo que que­ría repe­tir el falso batik que hici­mos con pega­mento y acrí­li­cos a prin­ci­pios de verano.

El bote grande de pega­mento se nos había aca­bado y Lola uso unos chi­qui­ti­tos. El resul­tado fue un poco dife­rente por­que con estos botes a Lola le cos­taba más apre­tar y las líneas se rom­pían en varios pun­tos. Entre que pro­ba­mos con varios pega­men­tos, que deja­mos secar una cara del bolso y empe­za­mos con la otra, que se acabó el pega­mento… Lola se cansó de tanto pre­pa­ra­tivo y per­dió inte­rés en seguir.

Para reani­mar el pro­yecto se me ocu­rrió usar por fin un rollo de free­zer paper que tenía guar­dado desde hace tiempo. El freezer paper es un papel para con­ge­lar ali­men­tos que en Esta­dos Uni­dos se encuen­tra fácil­mente en cual­quier super­mer­cado. Tiene una cara ence­rada de forma que cuando este lado bri­llante se coloca encima de una tela y se plan­cha, el papel se queda pegado a la tela. Esto per­mite uti­li­zarlo para crear tus pro­pias plan­ti­llas de estar­cido. El papel se recorta de la forma deseada, se pega y luego se pinta por encima. La pin­tura no pene­tra donde está el papel y una vez seco se des­pega sin pro­blema. Yo no lo he encon­trado a la venta en España en super­mer­ca­dos, el nues­tro vino desde Esta­dos Uni­dos apro­ve­chando un viaje de tra­bajo del papá, pero he visto que ya se puede encon­trar en Ama­zon (en lámi­nas en Ama­zon España o rollo en Ama­zon USA) o en tien­das de manua­li­da­des como Manos Mara­vi­llo­sas.

A mi se me ocu­rrió usar las tro­que­la­do­ras que tene­mos y que a Lola le encan­tan para recor­tar for­mas y pegar­las en el bolso. Con las más gran­des tuvi­mos que poner un folio debajo del free­zer paper para que no se que­da­ran atas­ca­das pero las peque­ñas lo cor­ta­ban sin problemas.

La idea era la misma que con el pega­mento: pegar las for­mas recor­ta­das, pin­tar por encima y al des­pe­gar­las des­cu­brir que han dejado su forma en la tela. Usa­mos estre­lli­tas, osi­tos, cua­dra­dos, círcu­los, una luna fruto de un círculo atas­cado y cora­zo­nes. Lola deci­dió cuán­tos y dónde que­ría colo­car­los y yo pasé la plan­cha bien caliente por encima para fijarlos.

Des­pués saca­mos las pin­tu­ras acrí­li­cas (las nues­tras son del Lidl). Lola eli­gió los colo­res que que­ría usar y con pin­cel fue apli­cando la pin­tura. Esta vez las dilui­mos muy poquito y que­da­ron colo­res muy inten­sos. Como veis en las fotos, no pintó todo el bolso, sólo pasó por encima de todas las pega­ti­nas y el pegamento.

Lo deja­mos secar y al día siguiente reti­ra­mos impa­cien­tes los pape­les pega­dos. La mayo­ría deja­ron su dibujo per­fecto. Luego meti­mos el bolso en agua caliente para levan­tar el pega­mento una vez reblandecido.

Aquí podéis ver un deta­lle de alguna de las figu­ras troqueladas:

Y este es un antes y un des­pués de qui­tar el pega­mento… con los pape­les fui­mos tan impa­cien­tes que no lo hici­mos. ¿Parece una cara?

El resul­tado nos encantó. A mi per­so­nal­mente me gusta mucho la mez­cla de figu­ras geo­mé­tri­cas y bien defi­ni­das con las for­mas irre­gu­la­res y orgá­ni­cas del pegamento.

October 5, 2012   3 Comments

21 Balançoires

21 Bala­nçoi­res es una invi­ta­ción a jugar y hacer música que se pudo dis­fru­tar la pri­ma­vera pasada en el Pro­me­nade des Artists del Quar­tier des Spec­ta­cles de Mon­treal. Se trata de un ins­tru­mento gigante colec­tivo com­puesto por nada menos que 21 colum­pios musi­ca­les. Una idea pre­ciosa de la pareja de artis­tas Mouna Andraos and Melissa Mon­giat, que tra­ba­ja­ron en cola­bo­ra­ción con Luc-Alain Giral­deau, pro­fe­sor de com­por­ta­miento ani­mal en la UQAM Faculté des Scien­ces, y el com­po­si­tor Rad­wan Ghazi-Moumneh.

Cada colum­pio en sí es un ins­tru­mento dife­rente. Cuando empieza a moverse “toca” una sola nota, pero a medida que va subiendo más y más alto, el sonido va cam­biando y se con­vierte en arpe­gios y melodías.Pero es que ade­más los colum­pios están pen­sa­dos para inter­ac­tuar, de forma que hay soni­dos que sólo se pro­du­cen fruto de la coope­ra­ción. En total, son siete con­jun­tos de tres colum­pios cada uno con dis­tin­tos soni­dos clásicos.

“Tiene que exis­tir una cone­xión de algún tipo entre la gente, por mira­das, reac­cio­nes, ajus­tes… Lo que la gente escu­cha depende de lo que hace cada uno. Y esa es la parte que para noso­tros es fas­ci­nante: esta­mos en medio de la ciu­dad, la gente no se conoce y nos emo­ciona ver cómo reac­cio­nan y coope­ran”  Melissa Mon­giat

El diseño es colo­rista, moderno y tiene hasta luz por la noche para aumen­tar un poquito la magia.

Pho­tos : olivierblouin.com para Daily Tous les Jours

Una invi­ta­ción para todas las eda­des que sor­prende y emo­ciona por su belleza y sin­gu­la­ri­dad, y que ade­más nos trans­mite el poder del tra­bajo en equipo. Me encan­ta­ría poder colum­piarme en los 21 Balançoires.

September 21, 2012   4 Comments

Pintándose el cuerpo

Por aquí sigue haciendo calor, así que quizá no sea dema­siado tarde para com­par­tir una de las tar­des que más ha dis­fru­tado Lola este verano. El esce­na­rio nues­tra terraza y las cla­ves del éxito la com­bi­na­ción de dos cosas que le encan­tan a mi pequeña. La pri­mera pin­tarse el cuerpo. Le ha gus­tado siem­pre, ¿os acor­dáis de una mar­cia­nita de dos años?, pero últi­ma­mente no hay día que no se pinte la cara. La segunda jugar con la man­guera y remo­jarse en la pis­ci­nita hin­cha­ble que tenemos.

La pro­puesta era para Lola y Leo, pero Leo par­ti­cipó poco. Creo que no le hacía dema­siada gra­cia su her­mana man­guera en mano, apun­tando a todos lados y se pasó casi todo el rato huyendo.

Para fabri­car nues­tra pin­tura casera para el cuerpo lo pri­mero que hice fue inves­ti­gar un poquito por Inter­net. Las mez­clas más popu­la­res usan una base de crema lim­pia­dora, champú o de grasa vege­tal (vege­ta­ble shor­te­ning) a la que se le añade pin­tura o colo­rante. Me gus­taba más la idea de que la pin­tura fuera comes­ti­ble por si Leo se la lle­vaba a la boca, así que me quedé con la idea de la grasa y usé un sus­ti­tuto vege­tal de nata del Mer­ca­dona que tenía­mos en la nevera, colo­ran­tes ali­men­ti­cios y un poquito de maicena.

Las can­ti­da­des fue­ron total­mente a ojo. La tex­tura era muy agra­da­ble, una mez­cla entre crema de afei­tar y nata mon­tada de colo­res inten­sos que una vez en el cuerpo si se dejaba secar que­daba bas­tante fja. Algu­nos colo­res que­da­ron más cubrien­tes que otros, pero no se si debió a la irre­gu­la­ri­dad de las medi­das o a la dife­ren­cia de colo­ran­tes. Eso sí, Lola no dió mucho pie a que se secara la pin­tura, su diver­sión era pin­tarse y remo­jarse al momento para limpiarse.

Lola se pintó mil veces, toda entera y de todos los colo­res. Tuve que hacer tres tan­das de pin­tura por­que siem­pre me pedía más. Según ter­mi­naba con un color, se lim­piaba con la man­guera o se tiraba a la pis­cina. Ya os podéis ima­gi­nar cómo quedó el agua de la pis­cina con tanto baño de colo­res: un agua negra que la locuela se echaba encan­tada por la cabeza.

Como no dejó prác­ti­ca­mente que la pin­tura secase en su piel, fue muy fácil lim­piarla en la bañera, mien­tras que a Leo y a mi que no estu­vi­mos tanto en remojo nos costó un poquito más. Y todos sali­mos un poco acei­ta­dos a pesar del jabón y el agua.

Fue muy diver­tido verla. Estaba muy loca, can­taba, con­taba his­to­rias y bri­llaba de feli­ci­dad. ¿Se nota, verdad?

 

September 16, 2012   6 Comments

Septiembre

Pro­meto que que­ría publi­car por lo menos tres posts por semana este verano, que tenía un mon­tón de ideas apun­ta­das en mi libreta y hasta tenía pla­ni­fi­ca­das varias sema­nas, yo que siem­pre voy impro­vi­sando. Pero la reali­dad es que Leo y Lola no me han dejado ape­nas tiempo libre y me han fal­tado fuer­zas y ganas. La solu­ción de robar horas de sueño sólo con­si­gue una mamá can­sada y que pierde los ner­vios con faci­li­dad. Así que no me quedó otra que asu­mir que era inca­paz de seguir ese ritmo soñado y que el blog segui­ría nues­tro ritmo rela­jado de vaca­cio­nes. El resul­tado es que en Julio ape­nas publi­qué tres entra­das y llevo sin apa­re­cer por aquí más de un mes. Cuando veo que toda­vía hay quien me lee, no me lo creo.

Siento no avi­sar de estas ausen­cias, soy un desas­tre de eti­queta blo­guera. Pero aun­que sea irre­gu­lar escri­biendo y tarde días en con­tes­tar correos y comen­ta­rios, sí quiero apro­ve­char para daros las gra­cias a todos los que pasáis por aquí. Cada visita, cada línea, cada correo me hace muy feliz y los agra­dezco de cora­zón. Pro­meto inten­tar cui­da­ros un poco más.

Así que ya esta­mos de vuelta. ¿Dónde se ha ido el verano?, ¿cómo se han podido pasar ya los días de calor y vaca­cio­nes?. Sep­tiem­bre se nos echa encima con su carga de vuelta a la rutina, de madru­go­nes y para noso­tros de cam­bios. Muchos cam­bios que a mi se me hacen un poco bola. Lola comienza el cole­gio, tiene ganas y mie­dos. Creo que no le cos­tará mucho hacerse al cam­bio, está tan grande, con­fío que va des­cu­brir un mundo nuevo que la va a hacer feliz. Leo ya ha empe­zado su adap­ta­ción para ir con la madre de dia donde fue su her­ma­nita, sos­pe­cho que si lo enten­diera no ten­dría ganas y sí mie­dos. Y yo vuelvo a tra­ba­jar, sin ganas y con algún miedo.

Yo que­rría que mi exce­den­cia fuera como un chi­cle que se diera de sí mucho mucho más, pero la reali­dad es esta. No puedo evi­tar sen­tirme culpable, es lo que tiene pen­sar que mi peque donde debe­ría estar es con su mami. Se que estará bien, que otras manos amo­ro­sas lo van a mimar  y al final casi estoy más ago­biada pen­sando en mi que en él. Triste cuando pienso cómo me voy a per­der su son­risa tan­tas horas, que no voy a estar ahí para mirarle exta­siada mien­tras explora y juega con el mundo o para con­so­larle cuando le pase algo. Me habían dicho que con el segundo sería más fácil, pero a mi me duele igual… la dife­ren­cia es que esta vez estoy un poquito más entera y con­sigo no ir llo­rando por los rincones.

Se que acabo de pro­me­ter cui­da­ros un poco más, pero con tanto cam­bio, ni yo misma se cuál es el futuro de este país de las hadas, el tiempo lo dirá. Yo espero seguir encon­trando un ratito para escri­bir y encon­trarme aquí con todos voso­tros, pero a ratos pienso que va a ser imposible.

Y como este post ha sido un poco desahogo y me ha dejado un sabor tris­tón, quiero cerrar con algo her­moso: la can­ción “Ayú­dame a mirar”, del Duo Karma, ins­pi­rada en un cuento de Eduardo Galeano que justo he des­cu­bierto este verano.

Diego no cono­cía la mar. El padre, San­tiago Kovad­loff, lo llevó a des­cu­brirla. Via­ja­ron al sur. Ella, la mar, estaba más allá de los altos méda­nos, espe­rando.
Cuando el niño y su padre alcan­za­ron por fin aque­llas cum­bres de arena, des­pués de mucho cami­nar, la mar esta­lló ante sus ojos. Y fue tanta la inmen­si­dad de la mar, y tanto su ful­gor, que el niño se quedó mudo de her­mo­sura.
Y cuando por fin con­si­guió hablar, tem­blando, tar­ta­mu­deando, pidió a su padre: –¡Ayú­dame a mirar!

Eduardo Galeano
de “El libro de los abrazos”

Mara­vi­lloso cuento, mara­vi­llosa canción.

La can­ción se la debo al genial Pes­cetti. ¿No os recuer­dan los jue­gos de vasos a los de Lenga la Lenga?

Ahora sí, mucho más posi­tiva, os deseo un Sep­tiem­bre pau­sado, sin dema­sia­dos ago­bios. Al mal tiempo, buena cara, que no os falte la sonrisa.

September 9, 2012   7 Comments

Enjaulada

Hace mas de un año empecé a escri­bir un post dedi­cado a una empresa holan­desa que dejé a medio ter­mi­nar. Se tra­taba de Carve, dedi­cada al diseño e inge­nie­ría de espa­cios públi­cos para el uso espe­cial­mente de niños y jóve­nes. Entre sus crea­cio­nes más cono­ci­das está el Wall-Holla, un juego de estruc­tu­ras ser­pen­tean­tes de varios pisos ence­rrado entre dos vallas para­le­las. El aspecto de esta jaula me llamó mucho la aten­ción pero no ima­gi­naba que unos meses des­pués iba a ver a mi hija tre­pando por una de ellas. No nos ha hecho falta via­jar muy lejos, sólo acer­car­nos al Par­que de Las Hor­mi­gas den­tro del Par­que de Gali­cia, en Alco­ben­das (Madrid). Un des­cu­bri­miento que le debe­mos a Mi plan con hijos.

El Wall-Hola o el hor­mi­guero como le lla­man en Alco­ben­das es el ele­mento cen­tral del parque. Hay varios acce­sos para entrar, unos a pie de tie­rra y otros a los que se accede tre­pando por el exte­rior con la ayuda de unas pre­sas. Tam­bién se puede salir desde los pisos altos des­li­zán­dose por una barra de bom­be­ros. En el inte­rior unas plan­chas de goma naranja que suben y bajan con agu­je­ros para pasar de nivel y algún juego de cuerdas.

Nada más lle­gar al par­que, Lola se fue dere­cha a meterse en la jaula. Los car­te­les indi­ca­ban que el Wall-Hola era para niños a par­tir de cinco años, pero Lola, supe­ra­dos los pri­me­ros mie­dos, se defen­dió muy bien y con­si­guió subir hasta lo más alto varias veces toda orgu­llosa. Le gustó mucho y está deseando vol­ver con sus amigos.

Es una estruc­tura muy atrac­tiva a la vista, que por su diseño ver­ti­cal ocupa muy poco espa­cio. De por sí, en Carve pro­po­nen que se use como límite del campo en muchos depor­tes de pelota y hasta se puede equi­par con una por­te­ría de fútbol.

El hor­mi­guero forma parte de una zona de juego infan­til muy com­pleta que Lola reco­rrió ente­rita. 1600m2 dise­ña­dos por la empresa Lapp­set, espe­cia­li­zada en áreas de juego para niños y dis­tri­bui­do­res del Wall-Hola de Carve.  Es un par­que muy agra­da­ble tanto para niños como mayo­res. Nos gustó mucho el juego de des­ni­ve­les del terreno, lleno de peque­ños mon­tícu­los y depre­sio­nes que a su vez dibu­jan cami­nos a su alre­de­dor, y la nota de color de esos boto­nes gigan­tes de colo­res que pare­cen enor­mes laca­si­tos. Las hor­mi­gas apa­re­cen dibu­ja­das en el suelo, paseán­dose por los jue­gos y tre­pando hasta por el Wall-Hola.

Ade­más del Wall-Hola, los niños tie­nen mucho para esco­ger. Yo me quedé con ganas de pro­bar los jue­gos de cani­cas como en el que se está subiendo Leo en la foto.

Los favo­ri­tos de Lola fue­ron el colum­pio hamaca, daba risa ver los gri­tos de emo­ción, una mez­cla de miedo y ale­gría, que daba, y una pirá­mide de cuer­das que giraba como si fuera un tiovivo.

Este no es el único par­que espe­cial que tie­nen en Alco­ben­das, así que den­tro de nada nos hare­mos otra esca­pada para jugar un rato.

July 31, 2012   9 Comments

Fin de semana teatral

Qué deli­cia es ir al tea­tro y salir con esa sen­sa­ción mara­vi­llosa de que nos han hecho soñar y emo­cio­nar­nos. Hace dos fines de semana tuvi­mos la suerte de que lo hicie­ron por par­tida doble. El vier­nes le tocó el turno a los Titi­ri­te­ros de Biné­far y su espec­táculo “En la Boca del Lobo” y el sábado “Otto” de Telon­ci­llo Teatro. Dos espec­tácu­los muy dife­ren­tes pero que nos deja­ron con una son­risa en la boca y muchas ganas de repe­tir. Llevo desde enton­ces que­riendo dedi­car­les una entrada pero el ritmo vera­niego me puede.

A los Titi­ri­te­ros de Biné­far les tenía­mos muchas ganas. Desde que Lola tenía un año lle­va­mos detrás de ir a ver­les, pero por unos moti­vos o por otros no lo había­mos con­se­guido. Cuando me enteré que esta­ban en el Círculo de Bellas Artes tres días, no lo dudé. El pri­mer día allí está­ba­mos. “En la boca del lobo” es un home­naje a la tra­di­ción popu­lar que hila de prin­ci­pio a fin cuen­tos, can­cio­nes, adi­vi­nan­zas, jue­gos y dichos popu­la­res. Lo hace sólo con dos per­so­nas en el esce­na­rio, un músico y un titi­ri­tero cuen­tista, y por supuesto muchos títe­res pre­cio­sos para acom­pa­ñar y dar vida a todas las his­to­rias. Nos pare­ció un mon­taje per­fecto, con el ritmo justo y una pre­sen­cia en escena mara­vi­llosa, mágica y cer­cana. Tenía su punto de emo­ción, ter­nura, miedo, risa… Reco­no­ci­mos can­cio­nes, per­so­na­jes y dichos, y apren­di­mos otros nue­vos. Lola lo dis­frutó muchí­simo, sus papás más, y Leo aguantó tran­quilo y atento toda la fun­ción. Es un espec­táculo pre­cioso para gran­des y peque­ños. Ade­más sali­mos con tres dis­cos de los Titi­ri­te­ros debajo del brazo, así que en breve os hablaré de nues­tro nueva discoteca.

Aquí podéis ver un resumen:

En la boca del lobo” le que­daba un poco grande al pequeño Leo, pero el espec­táculo del sábado estaba pen­sado para él. Y es que Otto es una obra para bebés, de cero a cua­tro años, que abría la pro­gra­ma­ción infan­til del Fes­ti­val Fringe. Una crea­ción de la com­pa­ñía valli­so­le­tana Telon­ci­llo, espe­cia­li­zada en tea­tro infan­til. Leo estuvo com­ple­ta­mente hip­no­ti­zado, sin moverse, la mejor demos­tra­ción de que el espec­táculo es todo un éxito. Y Lola, más grande, se lo pasó tam­bién feno­me­nal, siguiendo cada can­ción y movi­miento con aten­ción. La obra gira alre­de­dor del pequeño Otto, un niño que nació en Mali y ahora vive en París con sus papás. Hay magia, cajas que se abren y encie­rran sor­pre­sas y muchas can­cio­nes. Música en directo bonita, toda ella ori­gi­nal, con letras sim­pá­ti­cas y diver­ti­das. Al ter­mi­nar la fun­ción, los niños pudie­ron acer­carse y tocar abso­lu­ta­mente todo, desde pro­bar el sonido de las cam­pa­nas hasta pasear el camión de bom­be­ros.  Nos que­da­mos con ganas de poder lle­var­nos a casa un CD con la can­ción de Otto o el de mayor quiero ser bom­bero, pero nos con­ta­ron que toda­vía les fal­taba un poquito para tenerlo disponible.

Este es el mini­trai­ler de Otto:

En la boca del lobo” y “Otto” nos han dejado con ganas de mucho más teatro.

July 26, 2012   4 Comments

De pinturas y costuras

Lle­ga­ron las vaca­cio­nes y como cada año pre­pa­ra­mos un deta­lle espe­cial para las “pro­fes” de Lola. Este final de curso ade­más era muy espe­cial por­que des­pués de tres años Lola decía adiós a su casita de madres de día y en Sep­tiem­bre empe­zará el cole.

El año pasado yo cosí unas bol­sas rever­si­bles a par­tir de una tela pin­tada por Lola. Este año tam­bién recu­rri­mos a la tela pin­tada y a la cos­tura para hacer unos estu­ches con cre­ma­llera. Rega­lar algo hecho por noso­tras nos gusta, habla­mos de lo que vamos a hacer y pone­mos nues­tro cariño en todo el pro­ceso, una expe­rien­cia fan­tás­tica para las dos.

Para pin­tar la tela usa­mos una téc­nica de batik casero, fácil para niños, que uti­liza pega­mento en lugar de cera para apli­carlo en las zonas de la tela que no se quie­ren teñir. Una idea de que saca­mos de That Artist Woman. En el blog de Heat­her Smith Jones podéis ver tam­bién las crea­cio­nes de sus alum­nos con la misma técnica.

That Artist Woman” usa un pega­mento en gel azul lava­ble de la marca Elmer, muy popu­lar en Esta­dos Uni­dos. No se si en España se vende algo pare­cido, noso­tros usa­mos cola blanca esco­lar y fun­cionó, aun­que el pro­ceso de qui­tar el pega­mento fue laborioso. Como tela uti­li­za­mos un retor blanco.

Lo pri­mero fue repar­tir el pega­mento por encima. Lola dis­frutó mucho este paso, ver­tiendo direc­ta­mente del bote. Lo mejor es que en el resul­tado final se obser­van todos los deta­lles, desde las líneas finas que casi van gotita a gotita hasta los gran­des pego­tes. Los dibu­jos que hizo eran abs­trac­tos e irre­gu­la­res pero se podrían hacer moti­vos figu­ra­ti­vos o como en Swa­llow­field repe­tir patro­nes geo­mé­tri­cos, como un motivo de círcu­los, con un resul­tado precioso.

La tela la deja­mos secar muy bien y al día siguiente, la pin­ta­mos con acrí­lico diluído en agua. Lola empezó muy ani­mada, eli­giendo los colo­res, cam­biando de pin­cel para cada color… pero lo de cubrir la tela entera la acabó can­sando y al final tuve que ter­mi­nar de cubrir los hue­cos que había dejado. Hubiera pre­fe­rido que la pin­tura la hubiera hecho ella sola y yo la cos­tura, pero tenía claro que no que­ría ter­mi­nar y al fin y al cabo está­ba­mos tra­ba­jando en equipo. Tengo que admi­tir que en este punto no tenía nin­guna fe en que el batik fuera a fun­cio­nar por­que pare­cía que la pin­tura había pene­trado por debajo del pegamento.

Una vez pin­tada la tela, la deja­mos secar bien.

Des­pués lo lava­mos con agua caliente para que el pega­mento se ablan­dara y se pudiera des­pren­der de la tela. En nues­tro caso, hubo que ir ras­pando con la uña por todo el pega­mento para que saliera. Fue labo­rioso y un poco pesado, pero se des­pegó entero. Los colo­res del acrí­lico per­die­ron un poco de fuerza con el lavado pero resis­tie­ron muy bien, ¡yo ya no vuelvo a com­prar pin­tura de tela!

Y con la tela lista y el tiempo justo, mamá se puso manos a la obra. Para ser la pri­mera vez que cosía una cre­ma­llera y hacía un estu­che, quedé muy satis­fe­cha del resul­tado y Lola, que me dejó coser sin decir ni una pala­bra, me dijo que eran pre­cio­sos, ¡qué más se puede pedir!

Para hacer el estu­che encon­tré un mon­tón de tuto­ria­les por inter­net y me quedé con estos dos: un vídeo de Nai­ram­kitty Crafts, y un tuto­rial de Design Sponge. Fue fácil fácil, y una vez per­dido el miedo me veo haciendo estu­ches de todos los tama­ños. Los pró­xi­mos con forro de tela plas­ti­fi­cada para que sean impermeables.

El regalo lo acom­pa­ña­mos de un libro para cada una de sus madres de días. Dos elec­cio­nes de la misma autora que para mi son muy espe­cia­les. The Crea­tive Family y The Rhythm of Family: Dis­co­ve­ring a Sense of Won­der Through the Sea­sons. Libros que res­pi­ran amor por la infan­cia, la fami­lia, la natu­ra­leza, las cosas boni­tas y des­pier­tan las ganas de sen­tir, com­par­tir y crear. Su autora es Amanda Soule, autora de Sou­le­Mama, uno de los pri­me­ros blogs que me engan­cha­ron hace ya muchos años.

No me pude resis­tir a ador­nar los rega­los con unos moti­vos rea­li­za­dos con alam­bre y lana, que colo­ca­mos en el campo unos minu­tos antes de entregarlos.

Ale y Mari­bel, GRACIAS de cora­zón, os queremos.

July 9, 2012   10 Comments