las cosas de Lola y su mamá
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Body painting

Las últimas veces que habíamos sacado las témperas, Lola ya demostraba mucho interés en pintarse las manos y un poco los brazos… pero se agobiaba al poco rato y se quería lavar. Esta semana, por iniciativa propia, ha perdido todo miedo y se ha lanzada de lleno al mundo de la pintura corporal: manos, brazos completos, piernas, pecho… toda ella embadurnada capa tras capa de pintura.

El primer día descubrió, curioseando por los cajones, un bote de pintura de dedos verde y no paró hasta que no quedó ni una gota, parecía una marcinanita venida del espacio. Hundió las manos en la pintura, investigó la huella que dejaban sus manos y pies y pintó colocando su cuerpo de las formas más insospechadas.

Ayer, transformó mi propuesta de pintar con pelotas manchadas en témpera, en una nueva sesión de body painting, esta vez mucho más colorida: azul, verde, amarillo y rojo… y, como ella decía cuando todos estaban mezclados sobre su piel, ahora marrón.

Es una auténtica gozada verla disfrutar con tanto pringue, toda concentrada en la actividad.

Evidentemente, ambas sesiones han terminado con un buen rato en la bañera, que tampoco es un mal plan para los que no tenemos piscina en estas tardes de calor.

1 comment

1 Pintándose el cuerpo — En el país de las hadas { 09.16.12 at 12:19 am }

[…] a mi pequeña. La pri­mera pin­tarse el cuerpo. Le ha gus­tado siem­pre, ¿os acor­dáis de una mar­cia­nita de dos años?, pero últi­ma­mente no hay día que no se pinte la cara. La segunda jugar con la man­guera y […]

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