las cosas de Lola y su mamá
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La primera vez que nací

Últi­ma­mente allá donde voy estoy rodeada de emba­ra­za­das. Así que me he acor­dado de un librito muy espe­cial que es un regalo pre­cioso para una recién estre­nada mamá. Se trata de “La pri­mera vez que nací”, un texto de Vin­cent Cuve­llier,  ilus­trado por Char­les Duter­tre y edi­tado en España por SM. La his­to­ria nos lleva de la mano de Car­lota reco­rriendo su vida a tra­vés del relato de sus pri­me­ras veces, desde que nace, pasando por su niñez y ado­les­cen­cia, hasta que se con­vierte en mujer adulta y final­mente mamá.

Es per­fecto para leer con los niños, seguro que les hace reir, pero tam­bién para dis­fru­tarlo las mamás solas. Con fra­ses cor­tas y sen­ci­llas, es fácil verse refle­jada en muchos de esos pri­me­ros des­cu­bri­mien­tos. “La pri­mera vez que nací” está lleno de emo­ción y ter­nura, de pala­bras dul­ces y tam­bién diver­ti­das, te arranca son­ri­sas, risas y, si eres como yo, de lágrima fácil, hasta alguna lagrimilla.

El libro empieza así:

La pri­mera vez que abrí los ojos, los cerré rápi­da­mente. Lloré. Levanté mis manos al cielo y las posé entre dos mon­ta­ñas de leche. Dejé de llo­rar. Abrí los ojos por segunda vez en mi vida. Vi la luz más suave del mundo: eran los ojos de mamá.

Y siguen muchas pri­me­ras veces, donde los recuer­dos se van hilando uno tras otro y a veces se entre­cru­zan y jue­gan entre sí. Es difí­cil ele­gir, estas son solo una mues­tras. Las hay divertidas:

La pri­mera vez que hice pipí, fue encima de papá.

La pri­mera vez que subí a un auto­bús, piqué el billete tres veces. Para estar segura. Luego me subí en las rodi­llas de papá y le besé tres veces. Para estar segura.

La pri­mera vez que me dis­fracé, fue de prin­cesa. La segunda vez que me dis­fracé, fue de prin­cesa. La ter­cera vez que me dis­fracé, fue de prin­cesa. Por lo tanto, soy una princesa.

La pri­mera vez que me monté en bici­cleta sin rue­di­nes, lo hice con los ojos cerra­dos, sin manos y sin papá.

y muchas emocionantes:

La pri­mera vez que mi abuelo murió, mamá me abrazó para con­so­larme. Pero, en reali­dad fuí yo quien la abrazó para consolarla.

La pri­mera vez que su mano tocó la mía, sentí el viento soplar sobre mis pár­pa­dos cerrados.

La pri­mera vez que te moviste den­tro de mi vien­tre, cerré los ojos y escu­ché el sonid0  del mar.

La pri­mera vez que te vi, fuiste tú quien cerró los ojos y esta vez el mar era yo.

El final del libro es ese cie­rre per­fecto con el que defi­ni­ti­va­mente el autor da en la diana del cora­zón de una madre:

La pri­mera vez que naciste, fue la segunda vez que yo nací.
Un final tan mágico, tan cierto, tan maravilloso.

October 14, 2012   11 Comments