las cosas de Lola y su mamá
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Pintándose el cuerpo

Por aquí sigue haciendo calor, así que quizá no sea demasiado tarde para compartir una de las tardes que más ha disfrutado Lola este verano. El escenario nuestra terraza y las claves del éxito la combinación de dos cosas que le encantan a mi pequeña. La primera pintarse el cuerpo. Le ha gustado siempre, ¿os acordáis de una marcianita de dos años?, pero últimamente no hay día que no se pinte la cara. La segunda jugar con la manguera y remojarse en la piscinita hinchable que tenemos.

La propuesta era para Lola y Leo, pero Leo participó poco. Creo que no le hacía demasiada gracia su hermana manguera en mano, apuntando a todos lados y se pasó casi todo el rato huyendo.

Para fabricar nuestra pintura casera para el cuerpo lo primero que hice fue investigar un poquito por Internet. Las mezclas más populares usan una base de crema limpiadora, champú o de grasa vegetal (vegetable shortening) a la que se le añade pintura o colorante. Me gustaba más la idea de que la pintura fuera comestible por si Leo se la llevaba a la boca, así que me quedé con la idea de la grasa y usé un sustituto vegetal de nata del Mercadona que teníamos en la nevera, colorantes alimenticios y un poquito de maicena.

Las cantidades fueron totalmente a ojo. La textura era muy agradable, una mezcla entre crema de afeitar y nata montada de colores intensos que una vez en el cuerpo si se dejaba secar quedaba bastante fja. Algunos colores quedaron más cubrientes que otros, pero no se si debió a la irregularidad de las medidas o a la diferencia de colorantes. Eso sí, Lola no dió mucho pie a que se secara la pintura, su diversión era pintarse y remojarse al momento para limpiarse.

Lola se pintó mil veces, toda entera y de todos los colores. Tuve que hacer tres tandas de pintura porque siempre me pedía más. Según terminaba con un color, se limpiaba con la manguera o se tiraba a la piscina. Ya os podéis imaginar cómo quedó el agua de la piscina con tanto baño de colores: un agua negra que la locuela se echaba encantada por la cabeza.

Como no dejó prácticamente que la pintura secase en su piel, fue muy fácil limpiarla en la bañera, mientras que a Leo y a mi que no estuvimos tanto en remojo nos costó un poquito más. Y todos salimos un poco aceitados a pesar del jabón y el agua.

Fue muy divertido verla. Estaba muy loca, cantaba, contaba historias y brillaba de felicidad. ¿Se nota, verdad?

September 16, 2012   9 Comments