las cosas de Lola y su mamá
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Septiembre

Prometo que quería publicar por lo menos tres posts por semana este verano, que tenía un montón de ideas apuntadas en mi libreta y hasta tenía planificadas varias semanas, yo que siempre voy improvisando. Pero la realidad es que Leo y Lola no me han dejado apenas tiempo libre y me han faltado fuerzas y ganas. La solución de robar horas de sueño sólo consigue una mamá cansada y que pierde los nervios con facilidad. Así que no me quedó otra que asumir que era incapaz de seguir ese ritmo soñado y que el blog seguiría nuestro ritmo relajado de vacaciones. El resultado es que en Julio apenas publiqué tres entradas y llevo sin aparecer por aquí más de un mes. Cuando veo que todavía hay quien me lee, no me lo creo.

Siento no avisar de estas ausencias, soy un desastre de etiqueta bloguera. Pero aunque sea irregular escribiendo y tarde días en contestar correos y comentarios, sí quiero aprovechar para daros las gracias a todos los que pasáis por aquí. Cada visita, cada línea, cada correo me hace muy feliz y los agradezco de corazón. Prometo intentar cuidaros un poco más.

Así que ya estamos de vuelta. ¿Dónde se ha ido el verano?, ¿cómo se han podido pasar ya los días de calor y vacaciones?. Septiembre se nos echa encima con su carga de vuelta a la rutina, de madrugones y para nosotros de cambios. Muchos cambios que a mi se me hacen un poco bola. Lola comienza el colegio, tiene ganas y miedos. Creo que no le costará mucho hacerse al cambio, está tan grande, confío que va descubrir un mundo nuevo que la va a hacer feliz. Leo ya ha empezado su adaptación para ir con la madre de dia donde fue su hermanita, sospecho que si lo entendiera no tendría ganas y sí miedos. Y yo vuelvo a trabajar, sin ganas y con algún miedo.

Yo querría que mi excedencia fuera como un chicle que se diera de sí mucho mucho más, pero la realidad es esta. No puedo evitar sentirme culpable, es lo que tiene pensar que mi peque donde debería estar es con su mami. Se que estará bien, que otras manos amorosas lo van a mimar y al final casi estoy más agobiada pensando en mi que en él. Triste cuando pienso cómo me voy a perder su sonrisa tantas horas, que no voy a estar ahí para mirarle extasiada mientras explora y juega con el mundo o para consolarle cuando le pase algo. Me habían dicho que con el segundo sería más fácil, pero a mi me duele igual… la diferencia es que esta vez estoy un poquito más entera y consigo no ir llorando por los rincones.

Se que acabo de prometer cuidaros un poco más, pero con tanto cambio, ni yo misma se cuál es el futuro de este país de las hadas, el tiempo lo dirá. Yo espero seguir encontrando un ratito para escribir y encontrarme aquí con todos vosotros, pero a ratos pienso que va a ser imposible.

Y como este post ha sido un poco desahogo y me ha dejado un sabor tristón, quiero cerrar con algo hermoso: la canción «Ayúdame a mirar», del Duo Karma, inspirada en un cuento de Eduardo Galeano que justo he descubierto este verano.

Diego no conocía la mar. El padre, Santiago Kovadloff, lo llevó a descubrirla. Viajaron al sur. Ella, la mar, estaba más allá de los altos médanos, esperando.
Cuando el niño y su padre alcanzaron por fin aquellas cumbres de arena, después de mucho caminar, la mar estalló ante sus ojos. Y fue tanta la inmensidad de la mar, y tanto su fulgor, que el niño se quedó mudo de hermosura.
Y cuando por fin consiguió hablar, temblando, tartamudeando, pidió a su padre: -¡Ayúdame a mirar!

Eduardo Galeano
de «El libro de los abrazos»

Maravilloso cuento, maravillosa canción.

La canción se la debo al genial Pescetti. ¿No os recuerdan los juegos de vasos a los de Lenga la Lenga?

Ahora sí, mucho más positiva, os deseo un Septiembre pausado, sin demasiados agobios. Al mal tiempo, buena cara, que no os falte la sonrisa.

September 9, 2012   7 Comments