las cosas de Lola y su mamá
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Posts from — September 2012

21 Balançoires

21 Balançoires es una invitación a jugar y hacer música que se pudo disfrutar la primavera pasada en el Promenade des Artists del Quartier des Spectacles de Montreal. Se trata de un instrumento gigante colectivo compuesto por nada menos que 21 columpios musicales. Una idea preciosa de la pareja de artistas Mouna Andraos and Melissa Mongiat, que trabajaron en colaboración con Luc-Alain Giraldeau, profesor de comportamiento animal en la UQAM Faculté des Sciences, y el compositor Radwan Ghazi-Moumneh.

Cada columpio en sí es un instrumento diferente. Cuando empieza a moverse “toca” una sola nota, pero a medida que va subiendo más y más alto, el sonido va cambiando y se convierte en arpegios y melodías.Pero es que además los columpios están pensados para interactuar, de forma que hay sonidos que sólo se producen fruto de la cooperación. En total, son siete conjuntos de tres columpios cada uno con distintos sonidos clásicos.

“Tiene que existir una conexión de algún tipo entre la gente, por miradas, reacciones, ajustes… Lo que la gente escucha depende de lo que hace cada uno. Y esa es la parte que para nosotros es fascinante: estamos en medio de la ciudad, la gente no se conoce y nos emociona ver cómo reaccionan y cooperan”  Melissa Mongiat

El diseño es colorista, moderno y tiene hasta luz por la noche para aumentar un poquito la magia.

Photos : olivierblouin.com para Daily Tous les Jours

Una invitación para todas las edades que sorprende y emociona por su belleza y singularidad, y que además nos transmite el poder del trabajo en equipo. Me encantaría poder columpiarme en los 21 Balançoires.

September 21, 2012   4 Comments

Pintándose el cuerpo

Por aquí sigue haciendo calor, así que quizá no sea demasiado tarde para compartir una de las tardes que más ha disfrutado Lola este verano. El escenario nuestra terraza y las claves del éxito la combinación de dos cosas que le encantan a mi pequeña. La primera pintarse el cuerpo. Le ha gustado siempre, ¿os acordáis de una marcianita de dos años?, pero últimamente no hay día que no se pinte la cara. La segunda jugar con la manguera y remojarse en la piscinita hinchable que tenemos.

La propuesta era para Lola y Leo, pero Leo participó poco. Creo que no le hacía demasiada gracia su hermana manguera en mano, apuntando a todos lados y se pasó casi todo el rato huyendo.

Para fabricar nuestra pintura casera para el cuerpo lo primero que hice fue investigar un poquito por Internet. Las mezclas más populares usan una base de crema limpiadora, champú o de grasa vegetal (vegetable shortening) a la que se le añade pintura o colorante. Me gustaba más la idea de que la pintura fuera comestible por si Leo se la llevaba a la boca, así que me quedé con la idea de la grasa y usé un sustituto vegetal de nata del Mercadona que teníamos en la nevera, colorantes alimenticios y un poquito de maicena.

Las cantidades fueron totalmente a ojo. La textura era muy agradable, una mezcla entre crema de afeitar y nata montada de colores intensos que una vez en el cuerpo si se dejaba secar quedaba bastante fja. Algunos colores quedaron más cubrientes que otros, pero no se si debió a la irregularidad de las medidas o a la diferencia de colorantes. Eso sí, Lola no dió mucho pie a que se secara la pintura, su diversión era pintarse y remojarse al momento para limpiarse.

Lola se pintó mil veces, toda entera y de todos los colores. Tuve que hacer tres tandas de pintura porque siempre me pedía más. Según terminaba con un color, se limpiaba con la manguera o se tiraba a la piscina. Ya os podéis imaginar cómo quedó el agua de la piscina con tanto baño de colores: un agua negra que la locuela se echaba encantada por la cabeza.

Como no dejó prácticamente que la pintura secase en su piel, fue muy fácil limpiarla en la bañera, mientras que a Leo y a mi que no estuvimos tanto en remojo nos costó un poquito más. Y todos salimos un poco aceitados a pesar del jabón y el agua.

Fue muy divertido verla. Estaba muy loca, cantaba, contaba historias y brillaba de felicidad. ¿Se nota, verdad?

 

September 16, 2012   9 Comments

Septiembre

Prometo que quería publicar por lo menos tres posts por semana este verano, que tenía un montón de ideas apuntadas en mi libreta y hasta tenía planificadas varias semanas, yo que siempre voy improvisando. Pero la realidad es que Leo y Lola no me han dejado apenas tiempo libre y me han faltado fuerzas y ganas. La solución de robar horas de sueño sólo consigue una mamá cansada y que pierde los nervios con facilidad. Así que no me quedó otra que asumir que era incapaz de seguir ese ritmo soñado y que el blog seguiría nuestro ritmo relajado de vacaciones. El resultado es que en Julio apenas publiqué tres entradas y llevo sin aparecer por aquí más de un mes. Cuando veo que todavía hay quien me lee, no me lo creo.

Siento no avisar de estas ausencias, soy un desastre de etiqueta bloguera. Pero aunque sea irregular escribiendo y tarde días en contestar correos y comentarios, sí quiero aprovechar para daros las gracias a todos los que pasáis por aquí. Cada visita, cada línea, cada correo me hace muy feliz y los agradezco de corazón. Prometo intentar cuidaros un poco más.

Así que ya estamos de vuelta. ¿Dónde se ha ido el verano?, ¿cómo se han podido pasar ya los días de calor y vacaciones?. Septiembre se nos echa encima con su carga de vuelta a la rutina, de madrugones y para nosotros de cambios. Muchos cambios que a mi se me hacen un poco bola. Lola comienza el colegio, tiene ganas y miedos. Creo que no le costará mucho hacerse al cambio, está tan grande, confío que va descubrir un mundo nuevo que la va a hacer feliz. Leo ya ha empezado su adaptación para ir con la madre de dia donde fue su hermanita, sospecho que si lo entendiera no tendría ganas y sí miedos. Y yo vuelvo a trabajar, sin ganas y con algún miedo.

Yo querría que mi excedencia fuera como un chicle que se diera de sí mucho mucho más, pero la realidad es esta. No puedo evitar sentirme culpable, es lo que tiene pensar que mi peque donde debería estar es con su mami. Se que estará bien, que otras manos amorosas lo van a mimar  y al final casi estoy más agobiada pensando en mi que en él. Triste cuando pienso cómo me voy a perder su sonrisa tantas horas, que no voy a estar ahí para mirarle extasiada mientras explora y juega con el mundo o para consolarle cuando le pase algo. Me habían dicho que con el segundo sería más fácil, pero a mi me duele igual… la diferencia es que esta vez estoy un poquito más entera y consigo no ir llorando por los rincones.

Se que acabo de prometer cuidaros un poco más, pero con tanto cambio, ni yo misma se cuál es el futuro de este país de las hadas, el tiempo lo dirá. Yo espero seguir encontrando un ratito para escribir y encontrarme aquí con todos vosotros, pero a ratos pienso que va a ser imposible.

Y como este post ha sido un poco desahogo y me ha dejado un sabor tristón, quiero cerrar con algo hermoso: la canción “Ayúdame a mirar”, del Duo Karma, inspirada en un cuento de Eduardo Galeano que justo he descubierto este verano.

Diego no conocía la mar. El padre, Santiago Kovadloff, lo llevó a descubrirla. Viajaron al sur. Ella, la mar, estaba más allá de los altos médanos, esperando.
Cuando el niño y su padre alcanzaron por fin aquellas cumbres de arena, después de mucho caminar, la mar estalló ante sus ojos. Y fue tanta la inmensidad de la mar, y tanto su fulgor, que el niño se quedó mudo de hermosura.
Y cuando por fin consiguió hablar, temblando, tartamudeando, pidió a su padre: –¡Ayúdame a mirar!

Eduardo Galeano
de “El libro de los abrazos”

Maravilloso cuento, maravillosa canción.

La canción se la debo al genial Pescetti. ¿No os recuerdan los juegos de vasos a los de Lenga la Lenga?

Ahora sí, mucho más positiva, os deseo un Septiembre pausado, sin demasiados agobios. Al mal tiempo, buena cara, que no os falte la sonrisa.

September 9, 2012   7 Comments