las cosas de Lola y su mamá
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Posts from — September 2011

Blandiblú

Seguro que muchos os acor­dáis de jugar de peque­ños con el blan­di­blú. Ese era el nom­bre comer­cial que dába­mos en España a una masa que pare­cía un gran moco verde res­ba­loso y escu­rri­dizo. En inglés lo lla­man de muchas for­mas: flub­ber, gak, gooey, slime

A prin­ci­pios de verano, fabri­ca­ron en el mara­vi­lloso blog Tin­ker­lab uno casero y nos que­da­mos con ganas de pro­bar. Nues­tro pri­mer intento fue allá por Julio. Lola estaba can­sada y no que­ría prin­garse, así que jugó con alguna cuchara y con las tije­ras, pero no pare­ció dis­fru­tarlo mucho y yo, si soy sin­cera, me quedé un poco decepcionada.

Hoy hemos repe­tido y qué dife­ren­cia, ¡esta vez se lo ha pasado pipa!

Los ingre­dien­tes son pocos: solo hace falta pega­mento, agua, colo­rante o pin­tura si que­réis darle color y un poco de bórax.

En todas las pági­nas en inglés que he con­sul­tado usan Elmer’s glue. Creo que es una sim­ple cola blanca, al menos es lo que noso­tros hemos usado y nos ha funcionado.

El bórax es un com­puesto del boro que se vende en polvo, está pre­sente en muchos deter­gen­tes, sua­vi­zan­tes, desin­fec­tan­tes y se uti­liza en la fabri­ca­ción de esmal­tes, vidrio y cerá­mica. Yo lo encon­tré en una dro­gue­ría bien sur­tida de barrio. Por lo que he leído, en las can­ti­da­des que se usan para este expe­ri­mento no es tóxico, sólo hay que con­tro­lar que los niños no se lo lle­ven a la boca.

Y el color rosa lo hemos con­se­guido con nues­tro colo­rante alimenticio.

Por un lado se mez­clan can­ti­da­des igua­les de agua caliente y pega­mento, en nues­tro caso una taza de cada. Se le añade una nota de color. Lola, como era de espe­rar, lo quiso rosa, pero podéis pro­bar con un clá­sico verde. Por otro lado, se disuelve una cucha­ra­dita de bórax en media taza de agua caliente  y se echa sobre la mez­cla ante­rior. Se revuelve bien, pri­mero mejor con cuchara. Y en unos segun­dos vere­mos cam­biar la tex­tura y podre­mos meter las manos en la masa.

Como dice la receta ori­gi­nal, no es nece­sa­rio seguir al pie de la letra las can­ti­da­des. Noso­tros en seguida dobla­mos la can­ti­dad de bórax, y ya per­di­mos total­mente la pista de las can­ti­da­des cuando Lola incor­poró al juego el reci­piente con agua que había­mos usado al prin­ci­pio. Se dedicó a lavar el blan­di­blú y pasarlo de un reci­piente a otro no se cuán­tas veces, y sobre la mar­cha fui­mos aña­diendo más pega­mento, más borax…

Nada como expe­ri­men­tar y pro­bar para ver cómo res­ponde el mate­rial. Cuanto menos borax más escu­rri­dizo y un poco prin­goso y con más borax, más com­pacto y ya no se pega a las manos.

El secreto de esta masa es el bórax, que con­vierte la mez­cla de pega­mento y agua en un polí­mero. Y es que este expe­ri­mento puede ser una diver­tida clase de quí­mica para niños más gran­des y adul­tos. En Tin­ker­lab nos remi­ten a Steve Splan­ger Science para encon­trar la expli­ca­ción cien­tí­fica que hay detrás de esta masa viscosa.

Lola tam­bién dis­frutó mucho pre­pa­rando pas­te­les y tar­tas con nues­tros mol­des de cocina. Era genial poner­los boca abajo y que la masa se que­dara pegada sin caerse, para luego des­mol­dar­los y ver el deta­lle del molde dibu­jado a la perfección.

Y a la hora de lim­piarse, de manos y cuerpo sale feno­me­nal, sólo man­cha el colo­rante que se va con agua. Con la ropa hay que tener mucho cui­dado por­que no se lim­pia fácil­mente. Aun así, no deján­dolo secar yo he con­se­guido sacar todas las man­chas fro­tando con un cepillito.

Ha sido una acti­vi­dad muy diver­tida y total­mente reco­men­da­ble, aun­que nunca hubiera pen­sado que con ella se pudiera man­char tanto… ahí creo que ha ayu­dado mucho el bol con agua.

Mien­tras noso­tras comía­mos pas­te­les rosas, había quien se comía los pies. No me resisto a poner esta foto de un Leo comestible.

September 27, 2011   9 Comments

“Un gato en el árbol”">Un gato en el árbol”

La calle Mayor de mi pue­blo no es la más grande pero tiene un árbol”. Así empieza el cuento “Un gato en el Arbol”, uno de los favo­ri­tos de Lola de este verano.

Su autor es Pablo Albo, crea­dor de títu­los cono­ci­dos como “La Sopa Quema” o “El Tra­gal­da­bas”, está ilus­trado por Géral­dine Ali­beu y edi­tado por OQO.

Es una his­to­ria sen­ci­lla y diver­tida que empieza cuando el gato de la señora Paquita se sube a un árbol huyendo de un perro y luego tiene miedo de bajar. Para con­se­guir res­ca­tar al gato, varios per­so­na­jes se irán subiendo al árbol… pero nin­guno será capaz de bajar.

La  misma estruc­tura se repite una y otra vez con la apa­ri­ción de cada per­so­naje. Cada uno dice algo cuando se sube al árbol y así se van enca­de­nando los mau­lli­dos del gato, los llo­ros de la niña, los gri­tos de soco­rro del padre, la lla­mada a los bom­be­ros de la madre y por fin la sirena de los bom­be­ros. Os podéis ima­gi­nar como coreá­ba­mos en casa todos estos llan­tos y lla­ma­das de socorro.

Un cuento muy oral, con sen­tido del humor, perfecto para hacer un poco de tea­tro. Y no se a vues­tros peques, pero a Lola le encanta el mundo de los bom­be­ros, así que otra baza más para disfrutarlo.

Y mirar qué bonita parece la adap­ta­ción como corto de ani­ma­ción de OQO Fil­mes, bajo la direc­ción de David Gau­tier. Fue selec­cio­nado para el Fes­ti­val de  Ani­ma­ción de Annecy 2010 y forma parte de la serie de tele­vi­sión “Los cuen­tos del camino”.

Y esto es lo que os que­ría con­tar hasta que visité la página de Pablo Albo y me quedé pren­dada de sus pala­bras sobre el arte de la narra­ción oral. Y es que a Pablo no solo le gusta escri­bir cuen­tos, tam­bién le encanta con­tar­los. Este cuen­tista doma­dor de pala­bras, como él se define, tiene una larga tra­yec­to­ria en el mundo de la narra­ción oral escé­nica den­tro y fuera de nues­tras fron­te­ras. Cuenta para niños y tam­bién para mayo­res y ade­más imparte talle­res para intro­du­cirse en este arte. Uno de ellos se llama “Aprende a con­tarme un cuento. Curso para padres y madres” y des­pués de leer su pro­grama yo estoy deseando apuntarme:

Podría pen­sarse que los niños que escu­chan cuen­tos de la voz de un narra­dor ya tie­nen sufi­ciente, pero no es así. Los cuen­tos que de ver­dad impor­tan, los que recor­da­rán toda la vida, ésos sólo podéis con­tár­se­los los padres y las madres.

me gusta cómo nos explica por qué no hay que temer hacerlo mal

…exis­tió el peor narra­dor del mundo y tam­bién el peor cuento. Y que una noche coin­ci­die­ron y de la boca del uno salió el otro. Sólo una per­sona alcanzó a oírlo, poco antes de caer en un pro­fundo sueño. Aun­que no lo crean, pasó una noche tran­quila y soñó muchas cosas. Al día siguiente, se levantó con una gran son­risa en la boca, que se hizo aún más grande cuando en el cole­gio dijo a un com­pa­ñero: “Ano­che, mi padre me contó un cuento”.

y me parece una deli­cia cómo habla de la narración:

 La narra­ción es inti­mi­dad. Elige un sitio donde pue­dan tener lugar las con­fi­den­cias. Un sitio reco­gido para bajar­nos de este mundo tú y yo, sin dar­nos cuenta, mon­tar en otro y vol­ver luego.Narrar es via­jar con alguien a quien aprecias.

.…

…la narra­ción es inti­mi­dad, es via­jar, es cons­truir un mundo, es ser uno mismo, es sin­ce­ri­dad, es sor­pren­der, es obser­var, es hablar y tam­bién callar, es natu­ra­li­dad,  pode­mos decirlo: La narra­ción es sobre­todo una acti­vi­dad pla­cen­tera. Por favor, cuando con­te­mos cuen­tos que sea por pla­cer. Olvi­de­mos otras secre­tas inten­cio­nes. Es cierto que los cuen­tos, ade­más de encan­di­lar, ani­man a leer y ense­ñan y edu­can y tan­tas otras cosas, pero eso ya lo hacen ellos solos, noso­tros sólo tene­mos que estar pen­dien­tes de DISFRUTARLOSPor encima de todo la narra­ción es disfrutarnos.

Y como parte de este taller, nos pre­senta una selec­ción de Cuen­tos Infan­ti­les (no en vano cola­boró durante varios años reco­men­dando lec­tu­ras para niños en la radio) y nos acon­seja cómo ele­gir bien un libro infan­til.

Ah, y antes de leer “Un gato en el árbol”, no olvi­déis seguir sus “Quince acti­vi­da­des para antes de leer este libro”. Me ha encan­tado el humor y el amor con el que este cuen­tista trata a las palabras.

September 23, 2011   2 Comments

A toda vela

Creo recor­dar que ya he hablado de algún espa­cio de juego infan­til con algún barco pirata en el que jugar a ser un mari­nero en alta mar. Pero nada pare­cido a los bar­cos que hoy os quiero ense­ñar. Y es que las crea­cio­nes de la empresa danesa Mons­trum son autén­ti­cas esce­no­gra­fías lle­nas de ima­gi­na­ción con bar­cos que pare­cen haber sobre­vi­vido a la peor de las tem­pes­ta­des y han que­dado vara­dos en la arena de una isla desierta… o en el lomo de una ballena.

Mons­trum se fundó en el 2003, por Ole B. Niel­sen y Chris­tian Jen­sen, esce­nó­gra­fos que se habían cono­cido en el mundo del tea­tro danés. Del tea­tro se lan­za­ron al diseño de espa­cios de juego infan­til muy visua­les, nada abu­rri­dos, lle­nos de fan­ta­sía… y con un punto de locura. Su ins­pi­ra­ción está en el mundo que nos rodea y muy espe­cial­mente en las cosas que atraen a los niños, como los medios de trans­porte o los animales.

Entre todos sus dise­ños, me lla­ma­ron la aten­ción desde el pri­mer momento sus bar­cos. Han rea­li­zado ya tres espa­cios que giran en torno a ellos, los tres en Copen­ha­gue, cada uno dife­rente y con mucha imaginación.

El pri­mero, cons­truído en el 2005, se encuen­tra en el Aar­hus Space al este de Copen­ha­gue. Recrea a la Santa María de Marco Polo, varada en la Isla de Pas­cua. Un gran barco hun­dido en la arena conec­tado por cuer­das, redes y tron­cos a dos espec­ta­cu­la­res cabe­zas Moais.

En la embar­ca­ción no hay super­fi­cies hori­zon­ta­les, todo está incli­nado y se puede tre­par por todas las super­fi­cies. Los niños pue­den lle­gar a la cubierta subiendo por el rocó­dromo del cos­tado o a tra­vés de cuer­das sin lle­gar a tocar al suelo, y en el late­ral hay una entrada para lle­gar a la bodega. Hasta tiene un cofre del tesoro con su pro­pio tobo­gán para los más pequeños.

Y aquí está La Tri­ni­dad, orien­tado a niños entre 2 y 5 años. Una elec­ción espe­cial para una zona, el Soen­der Bou­le­vard, donde anti­gua­mente había una playa. Un buque cos­tero roto en dos sobre la arena y toda la mer­can­cía espar­cida alre­de­dor entre islas de arena y agua. De nuevo mucho juego de equi­li­brio y trepar.

¿Os habéis fijado en el deta­lle de la balsa de tron­cos de madera?

Por último, el barco Mary en el Pet­zis World den­tro del famoso par­que de atrac­cio­nes Tivoli. Un pro­yecto en cola­bo­ra­ción con los arqui­tec­tos Jumana J. Bro­der­sen y Jonat­han Wright, dando vida al mundo del oso Ras­mus y sus ami­gos, unos per­so­na­jes lite­ra­rios muy popu­la­res entre los niños dane­ses. Una esté­tica dife­rente a la de las dos pro­pues­tas ante­rio­res, con colo­res más vivos. Aquí tene­mos un barco incli­nado en lo que parece una roca pero que resulta ser una ballena, un faro, un sub­ma­rino, una zona para niños, jue­gos con agua… un paraíso para los niños.

Ade­más del atrac­tivo visual lo que me encanta de estos dise­ños son las his­to­rias que se pue­den crear en estos esce­na­rios de pelí­cula y el espí­ritu de aven­tura y reto físico que pre­sen­tan. Como cuen­tan estos dise­ña­do­res, el par­que es prin­ci­pal­mente un espa­cio para el juego motor que tiene que pro­por­cio­nar a los niños la posi­bi­li­dad de tomar ries­gos y de pro­barse a sí mis­mos, inten­tando lle­gar cada vez más alto, más lejos y más rápido.
Pero no os creáis que la ima­gi­na­ción de estos dane­ses ter­mina en los bar­cos… toda­vía hay más, mucho más. Otro día os lo cuento.

September 20, 2011   3 Comments

Zapatos adorables para pies adorables

Pen­sando en el otoño que se acerca y en el cam­bio de tiempo, ando bus­cando zapa­tos para Lola. Nues­tra marca favo­rita hasta ahora, See Kai Run, a la que le hemos sido fie­les desde sus pri­me­ros zapa­tos, ya no fabrica su número. Este verano ya nos tocó bus­car otras alter­na­ti­vas, y encon­trar zapa­tos boni­tos, fle­xi­bles y que no fue­ran muy caros no fue nada fácil. Así que ahora que toda­vía hace calor es buen momento para empe­zar a son­dear el mercado.

Hay una marca ame­ri­cana que lleva tiempo ten­tán­dome por sus dise­ños lle­nos de color y ale­gría. Son Livie and Luca, y para faci­li­tar un poquito las cosas, tie­nen tam­bién desde hace unos meses tienda online en Ingla­te­rra  (en ésta no han car­gado toda­vía la colec­ción de otoño pero man­tie­nen las reba­jas con algún zapato cerrado per­fecto para entretiempo).

La empresa nació en el 2005 de la mano de unas mamás ami­gas que bajo el lema “Zapa­tos ado­ra­bles para pies ado­ra­bles” deci­die­ron embar­carse en la aven­tura de crear zapa­tos para los más peque­ños que trans­mi­tie­ran ale­gría. Y debían aunar justo lo que anda­mos buscando: un diseño moderno, una suela fle­xi­ble que fuera lo más pare­cido a andar des­calzo y man­te­ner un pre­cio razonable.

Sus dise­ños están ins­pi­ra­dos en la natu­ra­leza, en el fol­klore y en la ima­gi­na­ción infan­til. Son botas y zapa­tos con pája­ros, setas, ele­fan­tes… que pare­cen sali­dos de un cuento. Para mi des­ta­can por­que son diver­ti­dos y muy ale­gres. Y estoy segura que a los niños les entran por los ojos nada más ver­los. Ade­más, al menos a pri­mera vista, pare­cen cómo­dos y blanditos.

Su tallaje va desde los pri­me­ros zapa­ti­tos para prean­dan­tes hasta niños en edad prees­co­lar (del 4 al 13 US/ del 19 a 31 europeo).

Su ela­bo­ra­ción es un pro­ceso arte­sa­nal de prin­ci­pio a fin. Hechos a mano, no hay dos iguales.

Livie and Luca se define como una empresa preo­cu­pada por res­pe­tar y pro­te­ger el medio ambiente, que cuida y vigila todos los mate­ria­les emplea­dos en la fabri­ca­ción desde la selec­ción del cuero hasta el emba­laje. Y preo­cu­pa­dos por los que menos tie­nen, des­ti­nan el 10% de su recau­da­ción online para ayu­das y han lan­zado una ini­cia­tiva para enviar sus zapa­tos lige­ra­mente usa­dos a niños en Honduras.

Con tanto zapato bonito, ¡qué difí­cil es elegir!

September 17, 2011   10 Comments

Vuelve la brujita Mora

Para los que vivís en Madrid, la bru­jita Mora vuelve por fin con sus can­cio­nes lle­nas de magia para con­se­guir un mundo mejor. Ella es Vanessa Bor­ha­gian y su disco Tela­raña, música para todas las eda­des para soñar, reir y mirar el mundo con una son­risa. Noso­tros la des­cu­bri­mos hace un año y nos enamo­ra­mos al ins­tante. La cita es el domingo 25 de Sep­tiem­bre, en la Esca­lera de Jacob, a la 13:30, ¡no os lo per­dáis!, sus direc­tos son de lo más divertido.

Y para todos los que no tenéis opor­tu­ni­dad de acer­ca­ros, os dejo unos con­se­jos y jue­gos que esta bruja tan espe­cial pro­pone para dis­fru­tar de la música con los peques. Un mon­tón de posi­bi­li­da­des para desa­rro­llar las per­cep­cio­nes musi­ca­les mien­tras jugamos:

 -      Cami­nar con los tiem­pos de las can­cio­nes, cada tiempo un paso o cada tiempo 2 pasos si es lenta, dar pal­mas, hacer soni­di­tos con la boca a ritmo de la can­ción (caba­llito, besos, “pedos de boca”, etc…), chas­qui­dos de dedos, al ritmo dar con las manos en las pier­nas, en las pier­nas de alguien, en la cabeza con una mano y con la otra en la tripa o cabeza de alguien. 

-      Crear un movi­miento para un tipo de tam­bor, otro para otro tipo de ins­tru­mento (iden­ti­fi­car soni­dos, tim­bres, ins­tru­men­tos), y cuando suene la can­ción hacer el “baile” de los timbres.

-      Tara­rear la can­ción con “lala…”, con “tata…”, con “meme”, con “pipi”, etc.

-      Cam­biar todas las voca­les de la can­ción por A o por i, etc….

-      Poner letra en una melo­día fácil del reper­to­rio clá­sico (9 de Beet­ho­ven, un vals de Strauss –Danu­bio Azul por ejemplo-, la cabal­gata de las Val­qui­rias de Wag­ner, Bolero de Ravel, ada­gio de Albi­noni, de Mozart ‘Eine Kleine Nacht­mu­sik’, canon de Pachel­bel, etc.

-      Poner una letra nueva en una can­ción ya conocida.

-      Can­tar un cuento: can­tar impro­vi­sando, inven­tando sobre la mar­cha una melodía.

-      Poner músi­cas varia­das, hin­dúes, árabes, japo­ne­sas e inven­tar o leer un cuento mien­tras suena la música.

-      Poner un dibujo o pelí­cula sin el sonido e inven­tar los diá­lo­gos, la música, hacer todos los sonidos.

-      Inven­tar un idioma y char­lar así.

-      Can­tar una can­ción toda con “miau, miau” o “que que” o “qui­qui­ri­quí”, o “guau o mu”… can­tar con el sonido de un animal.

-      Can­tar una can­ción toda “muuuy feliz”, con una son­risa exa­ge­rada y muy ale­gre. Can­tar des­pués enfa­dado, con cara de malo, des­pués llo­rando y muy triste, des­pués bos­te­zando, des­pués con hipo, des­pués con voz de hor­mi­guita, muy agudo, des­pués suave como si estu­viera un bebe dur­miendo y no se le puede des­per­tar, des­pués fuerte por­que que­re­mos que en Por­tu­gal nos escu­chen. Inven­tar varia­cio­nes. ¡A los niños les encanta este juego!

Son parte de un artículo escrito por la pro­pia Vanessa que podéis encon­trar aquí.

September 15, 2011   6 Comments

Y más ríos de color…

Segui­mos man­chando la terraza… y eso que esta pro­puesta no era dema­siado arries­gada, pero esta vez fui yo quien “enredó” las cosas. Y es que me encanta cuando una acti­vi­dad toma rum­bos inesperados.

La idea ori­gi­nal la saqué del libro “Big Messy Art” de Mary Ann Kohl, que como todos los libros de esta autora es un autén­tico tesoro de acti­vi­da­des crea­ti­vas y diver­ti­das para niños. Se tra­taba de espol­vo­rear pin­tura en polvo sobre un papel y luego soplar pom­pas para des­cu­brir los dibu­jos que hacen las pom­pas al esta­llar con­tra el papel.

Noso­tros usa­mos nues­tros colo­ran­tes en polvo sobre un papel con­tí­nuo colo­cado en el suelo de nues­tra terraza. El libro sugiere tami­zar la pin­tura para dis­tri­buirla bien por todo el papel. Lo inten­ta­mos con la ayuda de un cola­dor, pero como podéis ver hubo que con­te­ner a Lola para que no vol­cara los botes enteros.

Una vez pre­pa­rado, saca­mos nues­tra colec­ción de pom­pe­ros y a soplar. A Lola, que toda­vía no domina dema­siado bien el arte de las pom­pas, le cos­taba un poco que las pom­pas lle­ga­ran al papel y ade­más, el viento no jugaba a su favor. Aún así, tuvo éxito varias veces. De las pom­pas que explotó en el papel la mayo­ría sim­ple­mente arran­ca­ron pun­ti­tos de color, pero algu­nas deja­ron unos círcu­los maravillosos.

Si que­réis pro­bar, lo mejor es tener una colec­ción de dis­tin­tos tama­ños de pom­pe­ros o fabri­ca­ros alguno casero, para obte­ner resul­ta­dos diferentes.

Llegó un momento que Lola se cansó de hacer pom­pas y el papel, que era bas­tante grande, seguía casi como al prin­ci­pio. Esta vez fuí yo la que pensé que había que aña­dir un poco de agua para con­se­guir sacar par­tido a tanto colo­rante y como está­ba­mos en la terraza pues… qué mejor que con la regadera. No podía haber ele­gido algo más atrac­tivo, ¡menudo éxito!.

No se la de veces que Lola llenó y vació la rega­dera sobre el papel y la de cho­rros de tinta que corrie­ron por la terraza. Fue espec­ta­cu­lar ver apa­re­cer los colo­res con cada riego y con­tem­plar la ale­gría de nues­tra jar­di­nera pintora.

Y mila­gro­sa­mente, el papel resis­tió tanto lavado sin romperse.

El resul­tado es muy dis­tinto al que os ense­ñaba hace poco ador­nando nues­tra cocina. Con tanta agua, los colo­res están mucho más des­vaí­dos, pero hay mucho juego de tex­tu­ras, entre peque­ños pun­tos y dibujo de aguas que tam­bién queda muy bonito.

Estoy pen­sando en guar­darlo para forrar cua­der­nos o envol­ver rega­los… ¡pero es que Lola no me deja cortarlo!

September 13, 2011   7 Comments

Puntadas

Mi máquina de coser está feliz por­que por fin la he sacado de la estan­te­ría donde estaba cogiendo polvo y Lola revo­lo­tea desde ayer con un bolso nuevo para estre­nar la tem­po­rada. Era un pro­yecto que le había pro­me­tido nada menos que a prin­ci­pios de verano, cuando cosí sus “her­ma­nos mayores”.

 

Fue­ron un regalo espe­cial para sus madres de día, nues­tra forma de dar­les las gra­cias por todo su cariño. Una sen­ci­lla bolsa de tela bien amplia con asas para col­gar donde cabe desde una buena lec­tura hasta unas agu­jas de punto. Y claro está que Lola tenía que par­ti­ci­par de alguna manera en la ela­bo­ra­ción de estos rega­los, por eso eran bol­sos rever­si­bles. Por un lado, una lona blanca deco­rada con los dibu­jos lle­nos de color de Lola y por el otro un bonito estam­pado flo­ral, un poquito “más dis­creto”. Así, sus des­ti­na­ta­rias podían ele­gir qué lado usar y darle un poco más de uso al regalo.

El patrón y las ins­truc­cio­nes los saqué de bunny­bum, un tuto­rial fácil, bien expli­cado y con un guiño diver­tido. Su pro­puesta es real­mente un bolso con forro, pero se puede dar la vuelta hacién­dolo per­fec­ta­mente rever­si­ble. Sólo cam­bié las medi­das y decidí usar dos asas en vez de una.

Para deco­rar la tela Lola usó prin­ci­pal­mente rotu­la­do­res espe­cia­les para tejido, pero tam­bién probó con unas ceras y con pin­tura para tela. Me sor­pren­die­ron espe­cial­mente las ceras, que en com­pa­ra­ción con los rotu­la­do­res, que sue­len ser muy caros, están muy bien de pre­cio y pin­tan muy bien. Seguro que les damos más usos en un futuro.

A Lola le gustó el resul­tado y por supuesto pidió uno para ella. Unos días des­pués pintó su tela, eli­gió una tela estam­pada de entre las que tenía­mos en casa… pero el pro­yecto se quedó apar­cado a la espera de com­prar una cinta para el asa hasta la semana pasada, que por fin nos dimos un paseo por Pontejos.

Hoy ya tiene un bolso nuevo para guar­dar teso­ros, por supuesto con cinta rosa. Y es que le hacía falta, por­que el que tenía se había roto y en sus pro­pias pala­bras “¡qué hace una chica sin bolso!”.

September 11, 2011   5 Comments

Un, dos, tres.… splash

Así de bonita luce nues­tra cocina desde hace unas sema­nas gra­cias a la pequeña artista de la casa y a una tarde jugando con glo­bos y pintura.

La idea ori­gi­nal era pin­tar explo­tando glo­bos de agua, esta vez relle­nos de pin­tura, con­tra el papel. Yo me encar­gué de pre­pa­rar los glo­bos con una Lola impa­ciente por empe­zar a tirar­los. Usé acua­re­las y colo­ran­tes diluí­dos en un poco de agua. Des­pués de varios inten­tos, la mejor forma que encon­tré de intro­du­cir la pin­tura en los glo­bos fue con una jerin­gui­lla. Dos jerin­ga­zos de pin­tura de color intenso con el globo des­hin­chado y luego com­ple­tar con un poco de agua. Aviso que estos pre­pa­ra­ti­vos me deja­ron las manos com­ple­ta­mente teñidas.

Colo­ca­mos papel con­tí­nuo en el suelo, quizá hubiera sido mejor una pared… pero apun­tar al suelo me pare­ció un poco “más lim­pio”. Lola empezó a tirar los glo­bos, y como yo no los había lle­nado mucho para que no tuvie­ran dema­siada agua le resultó muy difí­cil explo­tar­los. Alguno le costó muchos inten­tos… y ade­más se empe­ña­ban en explo­tar en cual­quier sitio menos en el papel. Lo intentó subién­dose a una silla pero tam­poco ayudó dema­siado. A pesar de que desde mi punto de vista fue una expe­rien­cia un poco fallida, a Lola le pare­ció muy diver­tido y me pidió algún globo más.

Hoy, des­pués de alguna otra expe­rien­cia con pin­tura, agua y papel con­tí­nuo de la que ya os hablaré, he com­pro­bado que este papel es bas­tante resis­tente y podría haber lle­nado los glo­bos muchí­simo más, ponién­dole así las cosas más fáci­les a Lola. Aún así, es un tema de fuerza, habi­li­dad y expe­rien­cia, que bien con la edad o la repe­ti­ción estoy segura que iría mejorando.

De todo este pro­ceso, con las pri­sas de los pre­pa­ra­ti­vos, no tengo fotos…   pero de lo que vino des­pués sí. Lola debió pen­sar que defi­ni­ti­va­mente ese papel nece­si­taba un poco más de pin­tura y ni corta ni pere­zosa, cogió los botes de cris­tal donde yo tenía pre­pa­rado el con­cen­trado de pin­tura y los ver­tió direc­ta­mente sobre el papel.

Aquí fuí cuando salí corriendo a por la cámara, para cap­tu­rar su cara de feli­ci­dad mien­tras se mojaba los pies en un baño de pin­tura multicolor.

Y de colo­fón, direc­tas a la bañera que se tiñó de rosa… ¡qué más puede pedir una princesa!.

September 4, 2011   11 Comments